Roberto Serna

El líder que hay en ti

Roberto Serna


Un guerrero se prepara, un cobarde huye

13/02/2024

En mis treinta años en la ciudad de Ávila nunca ha dejado de sorprenderme la enorme preparación que tuvo para resistir posibles asedios. Es fascinante descubrir las diferentes maneras en que ciudades y personas aceptan su posible destino y se preparan para él, como cuando al griego Hipates le condenaron al exilio de Atenas y respondió: "De acuerdo, pero eso no sucederá al menos esta noche, por lo que ahora realizaré mis ejercicios y después cenaré, como he hecho siempre".

El destino trae amarguras que pueden tener un impacto positivo en nuestra vida. Sin embargo, ocurre con frecuencia lo contrario, caemos en la trampa de la autocompasión y pedimos al cielo que nos salve de ser maltratados por un destino del que en verdad nunca tuvimos el control. Por eso las ciudades, sus gentes, sus armas, tomaban partido de la línea de la vida sin apenas discutirla. Lo que está ocurriendo está ocurriendo, y no importa que te quejes, importa que te muevas.

El destino siempre ha sido igual para todos sin importar la época, la cosecha, el clima, nada. Van a pasar cosas aunque no estés preparado, aunque corras todo lo que puedas el destino te alcanzará y quizás te interese estar preparado en lugar de huir.

¿Cómo me preparo para lo peor? Aceptando que lo peor puede pasar en la medida en que aceptas la vida como lo que es, no como lo que tú quieres que sea. Tú sí puedes decidir quién ser en su transcurso, qué hacer, qué decir, cómo vestir, si atacas para crecer o te refugias para morir y hundirte, ¿qué razones tienes para hacerlo lo mejor posible aunque esté ocurriendo lo peor? Esta ciudad de Ávila tiene un alto componente religioso, seas o no devoto quizás estas palabras de Jesús dirigidas a un grupo de judíos que creían en él te puedan dar aliento: «Veritas liberabit vos, la verdad os hará libres». Busca esa verdad.

La primera medida que adopta un guerrero, y esto es muy curioso porque en todas las culturas bélicas antiguas ocurre, es el agradecimiento. Agradecen poder ser educados a través de eventos que, pareciendo serios e insuperables para la gente normal, son solo una muestra más de cómo la vida les recuerda que no está aquí para ayudarles ni para someterles, sino para darles la oportunidad de ver qué tan capaces son de hacer algo bueno en ella.

Se cuenta entre los Samuráis, cómo en el siglo doce el gran constructor del castillo de Tokio fue atravesado por una lanza, y su asesino, conociendo la predilección de su víctima por la poesía, acompañó su embestida con estas palabras: «¡Ah, en momentos como estos, cómo envidia nuestro corazón la luz de la vida! A lo que el héroe agonizante, sin amilanarse por la herida mortal en su costado, respondió: «...de no haber, en horas de paz, aprendido a considerar la vida con ligereza».

No importa que te quejes, importa que te muevas. No importa qué esté sucediendo, importa si serás capaz de recomponerte por ti y para los que dependen de tu existencia. Importa y mucho no vestir con pieles que te complican la vida de forma innecesaria solo porque en ese momento ser fuerte es algo que no te apetece. De cualquier forma tu existencia es algo bueno que deberías celebrar a pesar de tu vulnerabilidad. Y quizás, como dice J. Peterson, te conviertas «en una fuerza imbatible a favor de la paz y de todo aquello que es bueno».

ARCHIVADO EN: Ávila, Tokio