David Herrero Muñoz

El sacapuntas

David Herrero Muñoz


El silencio de la ciudad blanca

28/03/2024

Una de las trilogías que más me ha gustado es El silencio de la ciudad blanca, escrita por Eva García Sáenz de Urturi, con Unai López de Ayala, conocido como Kraken, inspector y perfilador de la Ertzaintza, como protagonista, y popularizada con el título de la primera entrega de la saga.
 En esta columna no pretendo, ni me compete, hablar de novelas policiacas, género que me apasiona, sino de nuestro particular blanco, que también nos vincula, espiritualmente hablando, a esa virgen, Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la preciosa ciudad de Vitoria, y que nos confecciona un magnífico y llamativo manto cada año. Ahora bien, según los que peinan canas, ni parecido a los de antes, aunque, de momento, manteniendo la posibilidad de seguir contemplándolo, de vez en cuando, como una bella e inigualable postal. 
 Algunos amigos de la zona de Cebreros, cuando lean mi columna, igual me echan en cara que en la provincia hay más blanco que el de la nieve, haciendo referencia a ese caldo que nos brinda cada una de sus maravillosas bodegas y que no es ni tinto ni rosado, evidentemente, tipos de vinos con los que también cuentan. Tranquilos, que ya os escribiré algo en ese sentido. 
 Hoy quiero centrarme, metafóricamente, en la alfombra que a principios del mes de marzo, por un breve espacio de tiempo fue capaz, para desgracia de la oposición capitalina, de esconder baches, obras, socavones e incluso el polémico carril bici, ofreciendo unas imágenes dignas de salir, una vez más, en varios informativos nacionales, para orgullo de todos, incluidos, claro está, los ediles del equipo de gobierno municipal, que por unas horas se libraron de ser atacados, con razón o sin ella, por los temidos haters que campean por las redes sociales.
 Teniendo en cuenta el estado de algunos edificios, como hemos podido comprobar últimamente en la zona de Las Vacas, no debemos preocuparnos demasiado por la disminución de este tipo de precipitaciones. Dejemos a un lado otras, que no quiero ser cenizo, ya que los maltrechos tejados de esta y otras barriadas no están para soportar el peso que ocasiona esta adversidad meteorológica.
 De momento parece que se alejan, por lógica, este tipo de inclemencias, y con la llegada de la primavera, en teoría, que no hay quien se fíe, me temo que ya únicamente nos helaremos con los inquietantes argumentos de nuestros representantes políticos, eso sí, por si acaso, no se quiten aún la chaqueta, y no me malinterpreten, que esto no va con segundas. 
Como el Ayuntamiento, según dicen, está falto de ideas, espero que hablar de Vitoria no tenga la dantesca consecuencia de, por ejemplo, vestir cada año, por fiestas, a un muñeco de Celedón a la abulense, con paraguas y pasacalle incluidos, haciéndole descender desde el campanario de San Juan hasta un balcón del consistorio, saliendo posteriormente con forma humana encarnado en un concejal.