David Ferrer

Club Diógenes

David Ferrer


Pasada la Nochebuena

27/12/2023

Pasada la Nochebuena, las fiestas son menos fiestas, las celebraciones son menos importantes y parece que en compensación hay que ponerle a la vida un poco más de brillo, de oropeles y de atrezo. Una manera de camuflar una existencia que trata de mudar la piel a golpe de calendario, un ritmo que ya está agotado, una piel vendida. Pasada la Nochebuena se cuentan los días y se pide que todo pase un poco más rápido y que podamos volver a nuestra nueva vida que es, sin duda, la misma de siempre, con la particularidad de que tornaremos algo más pobres, eso sí, algo más cansados e inevitablemente algo más gordos. Doy fe de ello. Pasada la Nochebuena, esa que viene y va, según el villancico clásico, queda algún artículo de relleno, como este, tan de costumbres, a la espera de que el nuevo año nos traiga alguna actualidad y mutación en los actos cotidianos. Como aquellos poetas del medio siglo en ABC, de bufanda, pensión y abrigo de paño, que escribían cada año el mismo artículo pero cambiándole el título. Hace días que las felicitaciones ya llegaron a sus destinos y, por lo que sé, alcanzaron el buzón en su mayor parte. Hablaba Gil de Biedma de un «viejo país ineficiente» y aún sigue siéndolo pues aquí solo funcionan con democracia y universalidad las loterías del Estado, los carteros que ya llevan pocas cartas y El Corte Inglés como espíritu vertebrador de la igualdad de un estado. Pasada la Nochebuena pocas cosas se arreglan e incluso habrá familias que se hayan enemistado un poco más si cabe por culpa de los políticos. Si al columnista le toca escribir el 28 de diciembre alguna chispa e ingenio podrá sacarle a su texto con una inocente broma o una gracieta: eso me correspondió ya el año pasado cuando ante el estupor de propios y extraños anuncié en tal lúdica jornada que dejaba la enseñanza para dedicarme al apoderamiento taurino. Hoy ni siquiera puedo hacer esa broma: es simplemente un 27 de diciembre, encima miércoles. Pasada la Nochebuena, no se encuentran ya palabras para bendecir los días, el lenguaje está gastado, las metáforas son clichés impropios de alguien culto y serio y cualquier deseo, tras el desengaño lotero, es vacuo, irreverente y hasta impropio. Pasada la Nochebuena se vuelve todo un baile frío con orquesta y luces de neón, una especie de salida glamurosa a lo Norma Desmond en Sunset Boulevard: esta es, junto con La gran belleza de Sorrentino, una de mis películas de fin de año. Pura decadencia. Hay en ambas obras maestras una mirada de descrédito, inconformista. Pasada la Nochebuena se buscará en el armario una corbata llamativa, una camisa con estilo, algún atavío que camufle el desastre de los días. Y pasará la Nochevieja, por suerte, y pasarán los Reyes, y vendrán días más fríos y más largos. Y volveremos a nuestros quehaceres, nuestros cursos, nuestras sabidurías, nuestras pasiones. El intervalo de fin de año es, por suerte, solo un desierto. Pasada la Nochebuena, hay un seguro consuelo en afirmar con rotundidad que ya queda menos para la primavera.