José Pulido

Contar hasta diez

José Pulido


Carta a los Reyes Magos

06/01/2024

Por muy poco, pero no he llegado a tiempo. ¡Qué mala suerte! Hubiese deseado que estas líneas fueran una carta llena de peticiones, deseos y esperanzas con vistas a este nuevo año para presentarlas a los Reyes Magos con la esperanza de que ellos sí pudiesen concederlas y hacerlas realidad. Pero sus majestades ya han terminado su tarea y regresan a ese inconcreto lugar donde habita la ilusión y me temo que no podrán atenderme.

 Les pedía paz en la tierra, aquello que cantaban los ángeles cuando se ellos se acercaban a Belén para adorar al niño recién nacido hace dos mil años. Que se acabe la muerte y la destrucción en Gaza y en Ucrania, pero también en Yemen, en Siria, en Sudán… en tantos conflictos olvidados que permanecen activos causando dolor en todo el mundo.

Les pedía un poco de sentido común entre los líderes políticos, entre los estados y las grandes corporaciones empresariales para que empiecen de verdad a tomar medidas decididas y eficaces que luchen contra el cambio climático. Esta ciega carrera que nos lleva a la destrucción de la vida en el planeta y que muchos se empeñan en negar, cerrando los ojos ante las amenazas cada vez más evidentes de un camino sin retorno que acabará con el mundo tal y como lo conocemos y nos lleva a nuestra propia extinción.

Pedía en mi carta que miremos de frente al hambre, a la pobreza, a la enfermedad, a la inmigración… a los grandes y verdaderos problemas que todos los seres humanos compartimos y para los que tenemos medios y soluciones que podrían acabar con ellos en un plazo de tiempo muy corto. Si por un extraño milagro se les dedicaran los recursos que las naciones del mundo emplean en armarse y prepararse para una guerra que solo tendrá perdedores, este planeta sería un agradable lugar en el que vivir.

Acercando un poco el objetivo, mi carta pedía más concordia y menos polarización, la palabra del año, en España. Más verdad y menos engaño de quienes tienen el poder y la autoridad hacia los ciudadanos que gobiernan. Más acuerdos para afrontar los problemas y solucionarlos que crear nuevas divisiones y conflictos. Y un poco más de respeto en las formas y en las palabras. Dejemos de competir por ver quien suelta la burrada más gorda. En otro tiempo nos enseñaban que con buenas maneras y  educación se podía llegar muy lejos. Ahora lo que va cada vez más lejos es el insulto, la vulgaridad y el odio. Tengamos cuidado, ya ha pasado antes. Empezamos quemando fotografías y banderas, golpeando muñecos colgados y podemos acabar en un infierno al que seguramente no queremos ir.

Mirando más cerca todavía, en Ávila, entre nosotros, mi carta le pedía a los Magos una razonable capacidad de diálogo y sentido común entre nuestros representantes para sacar a la ciudad de la incertidumbre y el desánimo. Tenemos muchos problemas y muchas necesidades por cubrir. Busquemos soluciones y acuerdos, cuanto más amplios mejor. Fueron elegidos para eso y pueden conseguirlo siempre que se lo propongan y dejen atrás intereses personales o de partido. Al menos, inténtenlo. El camino para salir del apuro aquí, como en todas partes, es el mismo: generosidad y voluntad de entendimiento. La colaboración, la solidaridad, la capacidad de ponernos en el lugar del otro son las armas más poderosas que tenemos los humanos desde que aparecimos sobre este planeta y las que nos salvaron en los peores momentos. Aunque las utilicemos menos de lo que deberíamos.

En fin, voy terminando una carta que no llegará a sus destinatarios, aunque cada año me prometo escribirla a tiempo para entregársela. Los Reyes Magos se han marchado y me temo que no voy a encontrar entre los regalos que dejaron junto a los zapatos ninguna de las peticiones que aquí he referido. Quizá el año que viene. Aunque pienso que alguna vez, para variar, podíamos intentar hacernos ese regalo sin intervenciones más o menos mágicas por medio. Pero no me hagan mucho caso. Ya han podido ustedes comprobar que soy bastante iluso.