"Sales de trabajar y en un momento estás en casa"

B.M
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Empresarios de Navaluenga cuentan sus experiencias

"Sales de trabajar y en un momento estás en casa" - Foto: David Castro

Rafael Marcos Jiménez tiene su vida en Navaluenga y aprecia lo bueno de vivir en un pueblo, pues en «un momento» estás en casa, aunque en su caso sigue fiel a sus clientes en Madrid, que le han ayudado a mantener el negocio a lo largo de los años, aunque quizá ahora ya no los necesitaría. Rafael lleva trabajando desde los 14 años, cuando entró en una empresa y en Navaluenga y ahí sigue, ahora con su negocio, prácticamente familiar, con su hijo y un empleado más y haciendo trabajos de «ventanas, puertas, aluminio,  PVC, acero inoxidable... Hacemos de todo».

«Nosotros trabajamos mucho para Madrid, lo mismo no podíamos resistir con lo que hay en el pueblo, aunque nosotros tenemos mucho trabajo porque llevamos aquí toda la vida.  Trabajo aquí a varias empresas, también en Navarrevisca, en Serranillos... pero vamos también a Madrid bastante porque allí hay más», explica. Lo que tiene claro es que no va a dejar a clientes que son de toda la vida «porque yo los empecé a trabajar desde que empecé a trabajar. Quizá ya no haría falta ir a Madrid porque, ya me podría jubilar» (tiene 65 años), afirma.

De estar en un pueblo destaca que es algo «totalmente distinto. La vida que tienes aquí, que sales, dices que vas a casa y estás en un momento. Vas a Madrid y sales a una hora y no sabes a cuando llegas. Es totalmente distinto. Y luego tienes que madrugar porque nosotros para estar allí a las ocho tenemos que madrugar».

"Sales de trabajar y en un momento estás en casa" - Foto: David CastroAdemás, en su caso tiene la vida hecha en el pueblo, con su «pequeño huerto» y con sus aficiones, especialmente ir a corres cuando sale de trabajar (más los fines de semana) mientras mantiene su amor a la montaña y no renuncia a las vacaciones familiares.

Agustina Pérez y Luis Recuero son dos emprendedores que se encargan de la finca Los Alemanes (vivienda de uso turístico), en Navaluenga, con la que llevan desde el 2020. Tiene entre 12 y 24 plazas y está disponible «para alquiler para vacaciones o para fines de semana, grupos de amigos, organizamos eventos, bodas, bautizos, cumpleaños...» El enfoque es la «desconexión», sobre todo aprovechando que están al lado de Madrid y con ventajas del «juego» que da la barbacoa o la piscina y un terreno de 12.000 metros cuadrados. En cuanto a la casa, tienen una zona común de salón y cocina muy amplia y luego las habitaciones.

Se metieron en este «lío» porque tenían dos bares (uno de copas y otro de tapas) y era «una locura» y decidieron tirarse a la piscina y comprar la casa, dentro de un espacio conocido porque la familia de ella «siempre ha llevado el jardín» e incluso su padre fue quien la construyó. Tuvieron que «luchar con los bancos» y al final con un Iberaval pudieron comprarla y poner el negocio en marcha.

Emprender en un pueblo «son todo ventajas», dice Agustina, aunque luego matizan que es más complicado que ser asalariado. «Pero la tranquilidad que da esto no lo da nada», afirma Agustina, a lo que añade Luis que él se vino de Madrid y ve que «aquí en el pueblo tienes calidad de tiempo», aunque también dice que «hay ayuntamientos que tampoco dan un apoyo para que la gente emprenda». También habla de la tema la pérdida de los oficios en los pueblos por la gente joven que se va a la ciudad.

En cuanto a la promoción, ellos tienen una ficha con Escapada Rural y página web pero «lo que mejor funciona es el boca a boca». Esa buena imagen que les van dando clientes para un negocio en el que ellos se encargan de todo, lo que supone «emplear 24 horas». «Pero es un privilegio, prefiero esto 1.000 veces, 24 horas, que estar poniendo cañas», aseguran.