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Francisco I. Pérez de Pablo

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Francisco I. Pérez de Pablo


Ávila y su espejismo

19/04/2022

Se pasó la Semana Santa y el verano está a la vuelta de la esquina. Son estos meses que hay por delante y hasta bien entrado el otoño en los que resucita la economía abulense, pues no en vano es el ocio y junto a él todo un amplio sector servicios los que da vida a una Capital que gusta ser visitada y en ocasiones vivida. Con la pandemia en fase de superación, la pasada Semana Santa en sus días centrales dejó esa imagen que solo los visitantes pueden dejar allá por donde pasan. Aglomeraciones, bullicio y un constante ir y venir de gentes y grupos por el casco histórico de una ciudad necesitada de agitación. Había ganas y se ha notado.
Nadie se extrañará que los datos económicos que se den a conocer de estos días se califiquen de altamente positivos, máxime teniendo en cuenta de donde se viene. Una valoración que tendrá en los dirigentes políticos de la ciudad la tentación de hacer como propios unos resultados con el único objeto de rentabilizar una gestión pública errática y en clara versión electoralista. El turista, más allá de inputs turísticos, exige una oferta novedosa a la que suma dos variables: el sol y el dinero disponible en el bolsillo.
Los foráneos y también los autóctonos han llenado las calles, abarrotadas con su presencia el paso de las procesiones (actos populares y gratuitos) y han puesto el cartel del completo en hoteles, bares y restaurantes. Con todo es la climatología la que mueve masas. Convendría no pensar que esta es la tónica y que la imagen que ha presentado la ciudad en estas celebraciones religiosas es producto de la política local, más bien es cuestión del momento, de una inevitable evasión. Ávila hace tiempo que es un destino de interior consolidado, pero estancado y carente de dinamismo pues su crecimiento se mantiene invariable y preocupante. Una realidad que vendrá cuando se conozcan las estadísticas de ciudades similares con las que es obligado compararse para conocer la medida propia de lo que tenemos, lo que perdemos y lo que se debería alcanzar.
Hay que ser cauteloso con las magnitudes que se hayan podido alcanzar en esta Semana Santa, que como todas y desde hace varios años suele ser propicia para la economía local. A falta de mar y de la llegada de cruceros, estas celebraciones y los puentes festivos son los que se aprovechan para hacer caja. Una caja necesaria para muchos sectores económicos que de aquí al otoño –apenas seis meses– vuelcan sus esfuerzos para rentabilizar unos negocios que se van a enfrentar ante una encrucijada de costes y precios al cliente que en invierno – sin estímulos económicos y fiscales- se les puede llevar por delante. 
Tras el pistoletazo de la Semana Santa le siguen los seis meses que cada año tiene la economía abulense para su revitalización (después del COVID deberían ser de plena recuperación). Sin embargo, tengo la sensación –observando datos y cifras– que se puede estar ante un mero espejismo –como puede haber sido la propia Semana Santa–. Junto a la falta de un proyecto de ciudad (una legislatura perdida y solo mirando hacia atrás), Ávila se enfrenta a varios obstáculos internos y externos. El más preocupante es su IPC que roza el 12%. Del pan a la cerveza los precios han subido en todos los establecimientos, la compra diaria se ha encarecido y el ocio local en bares y restaurantes se va a resentir y mucho. Las cajas de la Semana Santa pudieran aparentar lo contrario. La Capital está arrendada al turismo, pero los turistas no están todos los días.