Fernando Romera

El viento en la lumbre

Fernando Romera


Esculturas para este siglo

17/01/2024

Las decimonónicas tenían una peana o un pedestal. A veces enorme. La de la Palomilla es la más diecinueve de esta ciudad. Pero, a lo largo de los años las peanas han ido cayendo en desuso. La importancia del esculpido lo era, no tanto por su efigie como por su base. Tan era así que se tallaban las cabezas descompensadas para que se pudieran apreciar desde el suelo como un todo más o menos equilibrado. En Santander, la del cardenal Herrera Oria se quedó sin pedestal y ahora luce como un desorden escultórico. La democratización de las costumbres (y de lo que no ha de medirse desde la democracia) ha ido acercando a los grandes de las patrias a nivel de calle. Poner un pedestal a sea quien sea provoca disputas históricas y debates memorísticos: de existir alguna, podrían venir unos revisionistas y llevarse por delante el monumento. Debe de ser por eso que hoy andan por las calles desprovistos de lustre: sentados en un banquito, paseando como fantasmas que miran a puntos inverosímiles. En la ciudad hay ya unos cuantos y, de no cambiar las cosas, las próximas que se vayan ocurriendo, correrán la misma suerte. Adolfo Suárez se ha quedado en la plaza en la que se fotografió media ciudad en el siglo pasado, frente a la calle de la Cruz Vieja, con las manos a la espalda como estatua de sal. Por no hablar de Tomás Luis de Victoria, medio extático en un banquillo. O la Santa que, tras varios monumentos de desigual gusto artístico vino a las puertas de su casa a sentarse con los turistas, como uno más de todos, ofreciendo su hombro a los abrazos de unos y otros. No será uno quien reivindique de nuevo los pedestales decimonónicos. Tampoco es que me gusten. Pero, de una cosa a otra, ha de haber un término medio. Es, supongo, el precio de la revisión histórica de nuestros días. Aceptar que los méritos sitúen a alguien más allá de la altura de los ojos no está bien visto, obviamente. Así que abajamos a los héroes, a los santos o a los artistas porque, al fin y al cabo, todo el mundo es capaz de todo. Lo dicen los libros de autoayuda y la psicología barata. No vayamos a encumbrarlos y vayan provocando depresiones o ataques de ansiedad.