Gonzalo M. González de Vega y Pomar

En mi azotea

Gonzalo M. González de Vega y Pomar


Acabar con tanta violencia

28/10/2023

Estamos acostumbrándonos, desgraciadamente, a normalizar la llegada de malas noticias a través de los Medios de Comunicación, lo que, sin lugar a duda, nos puede llevar a insensibilizarnos totalmente con esas muchas calamidades, que, en su mayoría, son consecuencia de la violencia de todo tipo que existe actualmente en el Mundo.

Violencia que no solamente viene de las guerras que hoy asolan nuestro planeta, como la prolongada de Siria, que continua provocando devastación del país y una crisis humanitaria masiva. También, aunque los Medios dedican menos espacio a ellos, los conflictos y rivalidades que existen en Yemen, Oriente Medio, Sudán, Etiopia, El Congo y las tensiones entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Hace ya más de seiscientos días comenzó la invasión de Rusia a Ucrania, que tanto daño está ocasionando en las poblaciones atacadas y de las que, muchos de sus habitantes -mujeres, niños y personas de edad-, han tenido que abandonar para salvaguardar sus vidas. Una ocupación que no tiene visos de acabar tan pronto como todos quisiéramos y que, sin conocer cifras oficiales que ambos ejércitos ocultan, arroja muchísimas víctimas mortales, entre ellas miles de jóvenes a los que se les obligó a alistarse, tanto en los ejércitos ucraniano como del país invasor, Rusia.

A esta situación se sumó, el pasado día siete, el mayor conflicto entre israelíes y palestinos de los últimos cincuenta años, cuando Hamás lanzó un ataque sorpresa contra Israel, asesinando a más de 1.400 personas, la mayoría civiles, y secuestrando a más de doscientas, cuya suerte aún se desconoce. Israel está respondiendo a este ataque con una extensa y muy dura campaña de bombardeos sobre la franja de Gaza, un territorio de 365 metros cuadrados, pero uno de los lugares más densamente poblados del mundo, en el viven cerca de dos millones y medio de palestinos.

Ofensiva que ha destruido más de la mitad de Gaza y dejados miles de fallecidos, bastantes de ellos niños. En una de esas incursiones, ayer viernes, los bombardeos israelíes -según un portavoz de Hamás- produjeron la muerte de cincuenta de los rehenes capturados. Los hospitales que quedan en píe se las ven y desean por atender a los muchos heridos que llegan. Carecen de suministro eléctrico, anestesia y otro material necesario para cuidarles. A la vez son cientos de miles de personas que se han visto obligadas a desplazarse, pero carecen de suministros básicos para sobrevivir por las dificultades que las autoridades ponen para abrir un corredor humanitario.  

Pero la violencia que se está sufriendo hoy en el mundo no únicamente viene de los conflictos bélicos. A ella se suma la incomprensible e inexplicable actuación de algunos individuos, que no están algo bien de sus cabales, cogen un arma y se lían a disparar sin ton ni son. El último, protagonizado por un instructor de armas y miembro de la reserva del ejército de Estados Unidos, ocurrió anteayer jueves. Se le cruzaron los cables -dicen que tiene trastornos mentales- y comenzó a tirotear masivamente en una discoteca y una bolera del estado de Maine, asesinando a dieciocho personas y dejando medio centenar heridas.

Violencia que también sufrimos en nuestro país a consecuencia, sobre todo, de la maldita lacra de violencia de género. En lo que va de año ha acabado con la vida de 49 mujeres, asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. A ellas hay que sumar los varios casos de violencia intrafamiliar, en los que las víctimas mortales fueron hombres a manos de mujeres, así como los asesinatos provocados por y entre jóvenes pertenecientes, generalmente, a peligrosas bandas, que luego, además, se dedican a "ensalzar" su acción en canciones raperas.

Preocupación de la misma manera por ese otro tipo de violencia, que son las agresiones sexuales, cada día más, que sufren mujeres jóvenes. Unas cometidas por un solo chico y otras por varios en grupo, escudándose luego en que iban bebidos. Ello es lamentable, pero mucho más aberrantes son las agresiones y abusos sexuales con menores de ambos sexos, protagonizados por individuos sin el menor escrúpulo. Es difícil comprender cómo pueden encontrar el mínimo placer en estas situaciones.

Si hubiera más esfuerzos diplomáticos, dialogo, mediación y política exterior entre las naciones, menos libertad para el uso de armas, mayor educación sobre la igualdad de género y el respeto mutuo desde pequeños, así como leyes efectivas que protejan de verdad a las víctimas, sería la mejor posibilidad para acabar con tanta violencia.