Fernando Romera

El viento en la lumbre

Fernando Romera


Un geriátrico a cielo abierto

28/02/2024

Imagino un gran geriátrico, enorme, a cielo abierto donde, según el ministro de Transportes, se hacinan poco menos de dos millones y medio de personas de los que, la inmensa mayoría, son viejos. Como el ministro ha utilizado la palabra geriátrico, trato de imaginar ancianos decrépitos, enfermos, desmemoriados; es decir, lo que se puede entender como un hospital de gente mayor, que eso es lo que significa geriátrico. En ese inmenso hospital para viejos habrá algún que otro joven, por aquello de que alguien debe hacerse cargo de los cuidados. La imagen produce espanto, no tanto por los dos millones de enfermos de edad, sino por la sensación que se crea y la estampa brutal que se despierta desde esas palabras. La palabra vale más de mil imágenes y despierta sombras, las más de las veces. Las consideraciones al respecto que se me vienen a la cabeza son dos. La primera es que hay un fondo de eso que ahora se llama edadismo y que no esperaba uno de alguien de este gobierno. Porque no es de recibo que se encuentre algo tan profundamente negativo en la vejez y que suponga un desprecio tan inmenso por la edad. Ser viejo no es ser enfermo; ni siquiera se le ha pasado al señor Puente por la cabeza que es una época que, con la suerte que se nos puede suponer a los que tenemos su edad (somos más o menos de la quinta), pasaremos en unos años. Desconozco si entonces volverá a su casa de Valladolid, a pasearse por la calle Santiago y tomarse algún vino por la plaza Mayor, como los viejos que pueblan esta tierra. O se quedará en Madrid, como tantos que lo hicieron con mayor o menor fortuna. Y esto me lleva al segundo pensamiento. Qué le ha hecho al señor ministro esta tierra, la suya, para que la ataque con tal rabia. No se me podía ocurrir un insulto más obsceno y gratuito, y menos humano que este. En este geriátrico estamos todos, intentando que la vida nos sea más favorable. Y toda esta pobreza, humildad y decrepitud no la hemos creado los que aquí vivimos, que mendigamos de las autoridades algo de inversión para evitar que esto se muera. No es tampoco de recibo que, quien debe dar las soluciones, se dedique a humillar a los ancianos. Quizá sería bueno que, en lugar de ello, desde su cargo de ministro, pensara en cómo prestigiar un poco a esta región, que es la suya. Nuestros mayores no merecen ser parte de una metáfora burda.