Fernando Romera

El viento en la lumbre

Fernando Romera


Polución informativa

03/01/2024

He estado viendo un poco de tele esta mañana. Los programas matinales se me hacen extraños y excepcionales porque rara vez tiene uno tiempo de sentarse a ver tertulianos y reportajes de urgencia a esas horas. Pero en estas fechas que se desayuna con más calma y se mastica la realidad con la perspectiva de darle unas vueltecitas antes de cabrearse, he mañaneado un poco entre el terremoto de Japón, una cosa sobre la Obregón y una disputa acalorada sobre Puigdemont (la rima no es buscada; se ve que la mañana iba de terminaciones aumentativas y similares). Pero lo mejor de todo ha sido una pequeña encuesta callejera a unos chavales de Barcelona sobre otra iniciativa peregrina de las instituciones de por allí. Todo comienza con el reparto de una tarjetita para cortar droga. Por lo que he querido entender, una federación de campamentos ha creado, con dinero de tothom, una tarjeta con instrucciones para esnifar con todas las garantías que pudiera tener el esnife. La cosa es lo que es: de vez en cuando en este país se pierde el oremus y con él el dinero público en chorradas. Pero me han llamado tanto o más la atención las repuestas de las muchachas, porque eran todas chicas, al respecto de la ocurrencia. Porque no han sido pocas las que valoraban por encima de todo, no el despilfarro; no la llamada al consumo… sino la propia información. Me sorprende comprobar cómo estas generaciones la premian más allá de otra consideración. Siendo absolutamente positivo: la información en sí no es nada; todo informa. Uno va por la calle y está saturado de ella: señales de tráfico, sonidos de claxon, ruidos de fondo de ambulancias, publicidad, colores… y no le da mayor importancia. Si nos borran un paso de cebra no llamamos totalitario al alcalde por ocultar información. Pero hemos llegado a un punto en el que se ha convertido en un valor por sí misma, en un objeto de consumo adictivo. Los jóvenes no consumen internet o tiktok o redes sociales, sino información. Cualquier cosa que sea informativa les sirve por el hecho de serlo. Y no se te ocurra privarles de ella. Comentaba una de las entrevistadas lo positiva que era la tarjeta de cortar coca porque, al menos, informaba. Esta banalización de los significados de algunas palabras no es neutra ni inocente; cualquier objeto de consumo que sea rentable, y la información lo es, pasa por estos procesos. Coartarla o negarla nos parece propio de regímenes extremos o de falta de libertad. Pero esto es confundir churras con merinas. Lo negativo no es la escasez de información, sino el sesgo, manipulaciones o tergiversación de los significados: con muy poca noticia se han montado revoluciones. La mayor parte de los niños de este país vive desinformada sobre los Reyes Magos; los adultos vivimos felices las fiestas sin querer saber qué peligro tiene el mucho turrón y las muchas copas; por no hablar de que nos cae un año más. Pero los cincuenta de ahora son los nuevos cuarenta y tal y tal. Así nos cuelan esas y otras cosas, contando con que no admitiríamos una censura que no viniera exclusivamente de nosotros. Hay informaciones que vienen, de por sí, censuradas, como hacerle saber a un chaval que no superará sus estudios, que no tendrá el trabajo de sus sueños o que, de viejo, tendrá que trabajar hasta los ochenta. Y a ver qué asociación tiene narices de hacer una tarjeta con esas noticias. Para cierta gente, siempre será mejor cortar coca o cortar el rollo que cortar información, aunque sea absurda.