"No quiero renunciar a mi sueño de niño de ser compositor"

Mayte Rodríguez
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Hoy charlamos con Bohdan Syroyd, profesor de Educación Musical de la Universidad de Salamanca en el campus de Ávila, compositor y pianista

"No quiero renunciar a mi sueño de niño de ser compositor" - Foto: Isabel García

Con siete años de edad, Bohdan Syroyid (Leópolis, Ucrania, 1995) llegó a España en el año 2002 junto a su familia y, tras una breve estancia en Madrid, acabó recalando en Málaga, donde pasó su infancia y adolescencia. En el equipaje no cabía un piano, así es que el suyo se quedó en su país de nacimiento. «Cuando llegamos aquí, mi madre me pintó las teclas de un piano en un cartón para que yo pudiera seguir ensayando», recuerda. Y en ese ejercicio de echar la vista atrás que comparte con nosotros también le viene a la cabeza el día que le preguntaron qué quería ser de mayor y él respondió que compositor.

El piano está presente en el relato de su vida de una forma absolutamente protagonista: aprendió a tocarlo con solo tres años y su talento musical con el instrumento hizo posible que, de forma excepcional, le permitieran matricularse en el Conservatorio Superior de Música de Málaga antes incluso de cumplir los catorce años. «Yo no era más que un crío y mis compañeros eran trescientos músicos profesionales, pero formamos una comunidad muy bonita, no solo por las clases, también porque cuando nos ponían un ejercicio del tipo escribir una fuga o algo así nos juntábamos y lo sacábamos adelante entre todos, el nivel musical era muy alto y la experiencia para mí fue enriquecedora en lo personal y en lo académico», narra Bohdan. «Para mí fue súper divertido, me lo pasé muy bien, quizá porque me lo tomaba como un juego por la edad que tenía», apunta.

Pese al precioso recuerdo que guarda de esa etapa, tampoco olvida lo exigentes que fueron aquellos años, entre otras razones porque él compatibilizó su formación musical en el Conservatorio Superior de Música de Málaga con la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). «Mi madre me matriculó en un instituto que estaba junto al conservatorio, solo una valla separaba los dos edificios, así que ella me dejaba allí a las ocho de la mañana y yo no volvía a casa hasta las ocho de la tarde, después de las clases me iba al conservatorio, comía allí, eran jornadas intensas pero aquello se me daba muy bien», relata Bohdan. El resultado académico fue espectacular: obtuvo 40 matrículas de honor en el conservatorio y aunque en el instituto empezó también con notas muy brillantes, su rendimiento allí acabó bajando porque era imposible mantener ese nivel en la formación musical y en la ordinaria. 

Él tenía tan claro a qué quería dedicarse que por su cabeza no pasó en ningún momento algo que no fuera la música a pesar de que la herencia familiar no era precisamente esa. «Mi padre es cirujano, mi madre, pediatra y mi hermano mayor también es médico, lo normal habría sido que me dedicara a la Medicina, entre otras cosas porque ahí tendría garantizados unos ingresos, mientras que la música es algo más incierto en ese sentido, hay que ser realistas», plantea Bohdan. «Pero tuve la suerte de que mis profesores del conservatorio me apreciaban y ellos se reunieron con mi madre para decirle que el talento que yo tenía para la música había que aprovecharlo, que ni se le ocurriera que yo me dedicara a otra cosa y, como ella siempre me apoyó con la música, decidimos seguir adelante con eso», narra nuestro protagonista de hoy, en cuyo español se aprecia un ligerísimo deje andaluz pero ningún acento que recuerde a su lengua materna. De hecho, nos confiesa que es ahora cuando está aprendiendo a escribir en cirílico en un generoso guiño a sus orígenes. «Pensé que si es la lengua en la que hablamos en casa, debería aprender a escribirlo porque como llegué a España tan pequeño no me dio tiempo».

Una vez completada su etapa en el Conservatorio Superior de Música, Bohdan Syroyd obtuvo la beca que la Fundación Musical de Málaga otorga al mejor expediente académico de cada año y eso le permitió ampliar su formación musical buscando una mayor especialización, matriculándose en distintos másteres fuera de España. «Hice uno en bandas sonoras en Reino Unido y, en paralelo, un máster en investigación musical», nos cuenta. «También empecé a dar clase de música en un colegio privado de Málaga y en una escuela de música, pero yo sentía que quería ir a más y me planteé hacer el doctorado», apunta. «El problema es que en ese momento aquí en España no había tantos programas de doctorado en música, así que todo el mundo me recomendaba irme al extranjero, pero cuestan una barbaridad, así que después de mirarlo mucho acabé haciendo mi doctorado en Musicología en la Universidad de Lovaina, en Bélgica», donde entre 2017 y 2020 estuvo dedicado en cuerpo y alma a un trabajo exigente y solitario con el que, finalmente, obtuvo un sobresaliente cum laude. Cabe reseñar aquí el originalísimo tema al que dedicó su tesis doctoral: funciones de los silencios en la música. «Lo analicé desde Mozart, Beethoven o Bach hasta la música moderna, el tema me apasionaba, también como compositor porque me daba la idea para replantearme cuestiones y ver otros lenguajes», explica. 

Bohdan compone música desde niño. «De hecho, cuando era pequeño dedicaba más tiempo a componer que ahora porque las obligaciones son tantas que casi no me queda tiempo para eso», afirma, para seguidamente confesarnos que su sueño desde la infancia es precisamente dedicarse a componer. Mientras tanto, da clase en el campus abulense de la Universidad de Salamanca a los alumnos de la mención de Música de los grados de Educación Infantil y Primaria. Éste es su cuarto curso académico en Ávila, a donde llegó después de impartir clase en la Universidad de Castilla La Mancha. «En Ávila entré como profesor asociado y después ya como ayudante doctor». Y es aquí cuando pone sobre la mesa algo de lo que «nadie habla» pero que él considera importante que la sociedad conozca: ser profesor universitario en España es muy exigente por la cantidad de acreditaciones académicas y profesionales que requiere, a pesar de lo cual «está muy mal pagado», asegura. «En este país, un maestro de Infantil cobra más que un profesor universitario que ha hecho doctorado, másters, publicaciones en revistas indexadas, asistencia a congresos, comunicaciones, cursos de formación docente, etc.», lamenta.

Pese a todo, él está a gusto en Ávila, entre otras cosas por «la flexibilidad que te ofrece la universidad», lo que le permite «poder realizar recitales de piano con cierta regularidad». El que ofreció en Ávila este otoño fue un éxito de público y en él interpretó sus propias composiciones. De hecho, a sus 29 años tiene claro que «la vida da muchas vueltas» y precisamente por lo joven y brillante que es, no quiere renunciar al sueño de ser compositor, aunque tampoco se pone plazos. «Me gustaría desarrollar una carrera con proyección internacional como pianista con música compuesta por mí, lo ideal sería ir un poco más rápido en ese aspecto, pero tampoco quiero estrellarme porque todo lleva su ritmo natural y soy consciente de que hay muchos compositores y pianistas que llegaron a lo más alto ya con sesenta o setenta años, entre ellos el mismo Barenboim», destaca.

Mientras tanto, tiene un canal de composición en Youtube, prepara sus clases en la USAL y se implica en iniciativas que él mismo ha impulsado. Entre ellas, la creación de un coro en el campus abulense del que, por encima de todo, subraya la convivencia entre generaciones que propicia. «Tenemos personas mayores de 70 años de la Universidad de la Experiencia y también universitarios de primero, de 18 años,  que comparten el rato de ensayo cantando y después charlan, conviven juntos, eso me parece muy bonito, más allá del repertorio que cantemos, que suele ser algo sencillo» y que, justo en estas fechas, tiene mucho que ver con la Navidad.