"Ahora me costaría volver pero lo vivido no lo cambiaría"

Alberto Sánchez
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De vocación ciclista, una grave caída y una peor operación obligaron a Diego Rubio a bajarse de la bicicleta. Tras normalizar las secuelas físicas y asumirlo emocionalmente, ahora es feliz lejos de un deporte en el que vivió sus mejores años

Diego Rubio, en el Lienzo Norte - Foto: David González

De vocación ciclista. Pasado, presente y futuro. Porque el que ha sido, siempre lo será, aunque en el caso de Diego Rubio –32 años– no como lo hubiera querido. «Mi sueño era ser ciclista». Aquello que quería y deseaba lo cumplió. «He tenido la oportunidad de correr la Vuelta a España saliendo de Ávila y pasando por mi casa. He corrido un Mundial, dos Europeos... Ha sido un privilegio».No es poca cosa. Pero del sueño le 'despertaron' antes de tiempo, obligado a bajarse de la bicicleta cuando no le tocaba. Una grave caída y una peor operación pusieron el punto y final a una etapa de su vida de la que ahora puede hablar desde la tranquilidad y la sinceridad. Las heridas, no sólo las físicas sino también las emocionales, necesitan su tiempo para sanar. Nunca es sencillo afrontar la retirada en el deporte, pero mucho menos cuando no es tu momento.Pero como dice, «de todo toca aprender», y en el gran libro de la vida, hay que pasar página. Y en este nuevo capítulo de su vida, aunque no sea sobre una bicicleta, se le ve feliz.

Natural de Navaluenga, tierra de ciclistas, como toda esa zona del Alberche que se convirtió por momentos en la referencia del ciclismo nacional. «Crecí cuando había un montón de estrellas de este deporte en la zona. Fueron mis referentes». Y con referentes así, desde ÁngelArroyo a José María Jiménez 'Chava', Carlos Sastre, David Navas, Nacor Burgos, Pablo Lastras o Paco Mancebo, lo que todo niño quería era «intentar imitarlos». No sólo eran los ciclistas, «era toda la afición que había por este deporte entre la gente».Le rodeaba. «Mis amigos ya competían. A mi alrededor había mucha afición», aunque no era el caso de su familia más cercana. Era su tío –«me metió un poco el gusanillo»– el más apasionado por este deporte.  Del resto se encargaron los amigos, el ambiente en el pueblo. En aquellos años el ciclismo era algo muy 'autóctono'.

 Y todo empezó como un juego. «En el pueblo estaba todo el día con la bicicleta». Entonces la competición no formaba parte de su vida. «En aquellos momentos la situación de mis padres no nos lo permitía».No dejaba de ser una inversión importante de tiempo y dinero, de viajes y fines de semana. Pero aquello cambió. «No sólo cambió la situación en casa», también él. «En el colegio y el instituto siempre me apuntaba a todo y un día nos propusieron apuntarnos a la Vuelta Júnior. Apenas sabía lo que era, pero dije que sí. Corrimos aquí en Ávila una clasificatoria que gané y después corrimos el día que llegó la Vuelta a España. Me clasifique también para la final en Madrid» donde tuvo cerca la victoria. Fue la clave, lo que terminó de «convencer a mis padres para que me apuntaran a la escuela», a la Fundación Víctor Sastre.Dónde si no. Allí pasó toda su etapa de formación como ciclista.  

«Mi primer contacto con el ciclismo fue con Víctor Sastre. Era el equipo de la zona. Todos mis amigos corrían allí y fue él quien me dio la oportunidad de empezar». Comenzó en categoría infantil de segundo año, pasó por cadete, juvenil y los tres primeros años de Sub'23 con la FundaciónVíctor Sastre.

En aquellos años el ciclismo ocupaba su mente. «Hace poco me encontré con un profesor del instituto y me recordó que estaba todo el día pensando en la bici. Había días que iba a clase sin los deberes hechos porque me había ido antes a entrenar».Y es que «tu solo te vas picando. Lo tenía muy claro. Ser ciclista era mi sueño. Tiene que nacer de ti». Aquellos años, además, llegaría el triunfo de Carlos Sastre –2008– en el  Tour de Francia. «Tener todo eso tan cerca era muy motivador».

Pero aquellos años también fueron los de la crisis económica y la desaparición de los patrocinadores en el deporte. Una crisis que se llevó por delante –2012–  aquel Diputación de Ávila Smilekers amateur. Aquel equipo entonces formado por los Jorge Alonso, Saúl Arroyo, Adrián Blázquez, Ignacio Comillas, Carlos García, Miguel González, Iván Gonzalo, Ángel de Julián, Rubén López,  Víctor Martín, Roberto Méndez, Javier Peral, Nacho Pérez, Iván Rodríguez 'Rayo', Marcos Rojo, Jaime Rosón, Joaquín Novoa o Diego Rubio.Un grupo prometedor que apuntaba alto. «Qué buenos años» lo recuerda Diego Rubio. Fue la última gran etapa y capítulo del aquel ciclismo abulense.

«Fue la mejor época» recuerda en todos los sentidos. «Entonces había mucha competición en la zona. Yo era muy competitivo pero recuerdo que era una competición muy sana y es algo que echo de menos ahora. Ganabas o perdías, pero luego éramos todos amigos».Era el deporte más puro, más sincero. «Profesionales tiene otras cosas, pero aquellos años fueron muy divertidos». Aquello se ha perdido. «Las escuelas están haciendo un gran esfuerzo pero se ha perdido bastante cantera». Entiende Diego Rubio que buena culpa de ello son las dificultades para sacar equipos y carreras. «Antes había mucho patrocinio público pero ahora se depende más de la empresa privada y tras la crisis fue un momento complicado». Se ha perdido el componente económico, pero también el personal. «Había mucha gente que de manera altruista ayudaba y eso, actualmente, cuesta encontrarlo.Cuesta encontrar a quien invierta tiempo en los chavales de manera altruista». Cuesta encontrar figuras como las de Víctor Sastre, un 'padre' para muchos más allá del deporte. «Por decirlo de alguna manera de lo que menos se preocupaba era de lo deportivo. Su misión era formar personas, que tuvieran unos buenos hábitos y unos buenos valores y eso es de agradecer».  

De la Fundación Víctor Sastre al filial del Caja Rural antes de saltar a Portugal, esa tierra donde tantos abulenses quisieron buscar 'cobijo' ante la falta de oportunidades en el ciclismo profesional español. «Era una época muy difícil». Muy poca oferta de equipos y demasiada demanda. «Había muy pocos huecos». Hizo las maletas con las ideas muy claras. «Tenía claro que como máximo me iba dos años. El primer año estuve cerca de dar el salto. El segundo me dije que o pasaba o lo dejaba».Un buen año le 'devolvió' a España como profesional en el Caja Rural.De ahí al Burgos BH, su última 'casa'.

El mundo del deporte profesional es duro pero «como cualquier profesión». Recuerda cómo aquellos días de mucho frío o calor, cuando paraba en sus entrenamientos en un bar a tomar un café, «me preguntaban por lo duro de llevar cinco horas en la bici, pero... ¿Y cuántas horas llevaba esa persona detrás de la barra? Eso también es duro». Ahora, con la distancia «es verdad que lo veo duro, pero cuando estaba ahí no tenía esa percepción. Sacrifícaba muchas cosas. No salía, cuidaba la comida al extremo, iba con una báscula... Eran 24 horas dedicado a ello. Pero no lo veía así. Ahora sí, pero cuando algo te gusta, no lo ves».  

Y en todo ese recorrido y trayectoria, el año 2022. Imposible de olvidar.  «Durante toda mi carrera he tenido varios percances. Todos los tenemos en la vida como en el deporte y hay que ir superándolos.Es verdad que me han llegado en momentos buenos, pero en ese 2022 se juntó todo.Ya era imposible». Desde que se retiró de la Vuelta a España 2021 por enfermedad fue una tras otra. La caía en la Challenger de Mallorca «fue muy grave». Arriesgó «mucho» para volver. En apenas cuatro meses volvía a competir en el Tour de Estonia. «Estaba realmente fuerte, mental y físicamente». Y en su regreso, en su primera etapa, un nuevo accidente. «Lo pasé muy mal».  Cuando mira hacia aquel momento no se arrepiente de ninguna de las decisiones que tomó. Agua pasada no mueve molinos. Pudo ir a correr a Francia, pero «son carreras muy tensas».Optaron por Estonia, «un arma de doble filo, porque había muchos equipos de poco nivel para los que era la carrera del año y buscaban el protagonismo como fuera».

Aquella caída pero sobre todo una nefasta operación le obligaron a retirarse. Pese a sus esfuerzos por recuperarse –«Esta vez se complicó.Estuve año y medio de baja»– el brazo ya no le permitiría volver a montar en bicicleta a nivel profesional. «Ahora mismo puedo hablar de ello con tranquilidad, lo he superado.Fue duro pero hay que asimilarlo y no te puedes quedar anclado en ello».

Habla de momentos duros, empezando por el mismo día de la caída. «Nunca lo había contado, pero aquel día en cuanto pude escribir a mi madre la dije que no habría más. Fue en mi peor momento. Nunca volví a hablar de aquello con ella porque cuando regresé estaba muy mal. Andaba yo solo por mi pueblo. Me vinieron bien aquellos paseos para resetear. Volví a subirme al rodillo y estuve como un loco todo el verano hasta que con el tiempo tuve que dejarlo obligado.No fue fácil, no lo fue». Como buen deportista estaba acostumbrado a levantarse golpe tras golpe. Daba igual, lo hacía siempre más fuerte.Esta vez no pudo.

Llegó el día de afrontar ese momento de decir 'adiós'. «Te entra miedo, vértigo. Te das cuenta de que se ha acabado de verdad. Es algo que le llega a todos los deportistas.Por eso hay que prepararse, porque desde muy pequeño llevas haciendo lo mismo».En este caso «una cosa muy concreta, que es intentar dar pedales lo más rápido posible y no hay más».  Cuando lo dejas «toca salir a la vida real y no es fácil. Es un periodo de tiempo que tienes que pasar y asimilarlo».

Pese a todo lo que ha pasado, no tiene dudas, «ha merecido la pena.Una vez que has hecho el 'click' en tu cabeza, que no es fácil, me costaría volver a ese nivel de sacrificio, pero no lo cambiaría, ha sido un privilegio». Ha estado al más alto nivel. «Correr la Vuelta a España, salir de Ávila, pasar por mi pueblo, llegar a El Barraco es impresionante. Correr un Mundial no es fácil. Sólo van siete. Eso fue un privilegio». En su currículo también cuenta con dos Europeos. «Para mi ir con la SelecciónEspañola siempre ha sido un orgullo».  

Lo que ha podido comprobar es que el deporte «te da capacidades que las puedes aprovechar en otras profesiones» como la capacidad de sacrificio, trabajo en equipo, superación... Aunque todas esas cualidades ya no las pondrá al servicio del ciclismo profesional. «Ahora mismo no».Le han llegado algunas propuestas, entre ellas de la Federación de Ciclismo de Castilla yLeón, «pero no es el momento. No siento que me llene. Me apetece cambiar de aires, vivir otra vida». Disfrutó cuando hizo de chofer para invitados vip en la pasada Vuelta a España. «Pude ver la otra cara de la Vuelta.Estaba cómodo, porque estaba en lo mío, pero no es lo que quiero para todo el año» por así decirlo. Se sacó el curso de Director Deportivo, se planteó los estudios de Nutrición y en medio de todo ello surgió un trabajo, su actual trabajo, como comercial en el sector de las alarmas y la seguridad. «Quería cambiar». Y cambió. «No es lo que hubiera pensado hacer pero ahora mismo estoy muy a gusto». Está feliz.

Ahora vive todo aquello que antes no podía vivir, disfrutar... «Me doy más caprichos que antes».Se lo ha ganado con creces. «Sigo haciendo deporte. Cuando no lo hago, estoy raro» pero ahora lo hace por diversión, no por obligación. «Me he picado con el pádel». No es mala opción.

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza sobre Ávila?

Hogar. Ávila, en general como provincia, es donde he vivido y he crecido. Y donde siempre, cuando viajaba tanto, necesitaba volver aunque fuera un par de días para coger fuerzas, sobre todo a nivel psicológico.

¿Qué es lo que más le gusta de Ávila?

Me gusta vivir aquí. La tranquilidad, la cercanía de la gente, el tener todo a mano.Es donde están la gran parte de mis amigos... Y el entorno que tenemos para poder disfrutar de muchísimas formas.

¿Y lo que menos?

La falta de oportunidades, las malas comunicaciones y también estamos por detrás de otras provincias por ejemplo en servicios esenciales como la sanidad.  

Un lugar para perderse.

Para perderse, Navaluenga. Aquí tengo que barrer para mí pueblo. En cualquier época del año es un sitio espectacular. Podemos disfrutar del río y el gran ambiente que tenemos en verano, de la tranquilidad, nuestra sierra el resto del año y de muchos de los servicios que tenemos para ser un pueblo tan pequeño.

 

Un recuerdo de su infancia.

Me vienen recuerdos y la mayoría son encima de una bici. Así que por ejemplo la primera carrera que gané el año que empecé a competir. Fue en mi pueblo. Y me entregó el trofeo Paco Mancebo, que era el ídolo local, fue bonito.

 

Un personaje abulense que le haya marcado.

Aquí tengo que decir dos, mis padres, sin duda. Aunque mi madre no es abulense, pero con los años que lleva se lo podemos convalidar.

El mayor cambio que necesita Ávila es...

En mi opinión, como decía anteriormente, mejorar las comunicaciones e intentar generar oportunidades para que los jóvenes quieran quedarse aquí. E incluso atraer a población de otras zonas. Seguir modernizando los servicios. Y como ex ciclista tengo que decir, que el carril bici que recientemente se ha hecho en la ciudad no ayuda ni a ciclistas ni al resto de usuarios. Entiendo que se habrá hecho con la mejor intención, pero habría que darlo una vuelta seriamente.  

Y Ávila tiene que mantener...

Mantener su esencia de ciudad pequeña, de cercanía y sobre todo su patrimonio cultural.

¿Qué le parece la Ávila hoy?

Para mí es una ciudad perfecta para vivir si tienes trabajo. Y eso es lo más difícil, como decía antes, la falta de oportunidades. Cerraron muchos negocios después de la pandemia y todavía vemos cerrar muchos otros. Se debería ayudar más al pequeño empresario, que en buena medida son los grandes protagonistas en nuestra tierra.

¿Cómo ve Ávila en el futuro?

No lo sé, pero ojalá conservando nuestra identidad, nuestras cultura y costumbres. Y que sea una ciudad en la que todos nos quisiéramos quedar a vivir.

¿Qué puede aportar a Ávila y su provincia?

Siempre seré ciclista. Espero poder transmitir mi experiencia a los más jóvenes y sobre todo los valores que me ha dado el deporte.