Editorial

Dos grandes fiestas en las que todos tenemos responsabilidad

Diario de Ávila
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De ambas citas ya pueden visitarse, a modo de prólogo, dos exposiciones que ocupan el patio inferior y el superior del Palacio los Verdugo

Está ya preparada la ciudad de Ávila para vivir en los dos siguientes fines de semana, casi enlazando uno con otro, dos de las citas turísticas (también culturales) más interesantes y multitudinarias de cuantas acoge la capital, ambas con una enorme capacidad de implicación para los abulenses y de atractivo para los visitantes, y ambas también muy importantes para ese sector económico fundamental que es el de la hostelería. De ambas citas ya pueden visitarse, a modo de prólogo, dos exposiciones que ocupan el patio inferior y el superior del Palacio los Verdugo.

Del 24 al 27 de agosto se desarrollará, repartida su actividad entre espacios cerrados y al aire libre, la XI edición del Festival Internacional de Circo de Castilla y León, una celebración de lo mejor que en el mundo de las artes circenses se desarrolla en la actualidad en nuestro país y fuera de él que la Junta 'regala' a la ciudad de Ávila, y en el que se desarrollará un centenar de actuaciones, muchas de ellas innovadoras y sorprendentes, todas tocadas por el sello de la calidad, que llenarán de vida las calles y traerán a muchos visitantes.

Y al fin de semana siguiente, repartida esa enorme explosión de actividad entre los tres primeros días de septiembre, la ciudad cambiará por completo su cara para revivir un año más (éste con mayor animación y la instalación de más puestos artesanos y de alimentación, según ha anunciado el Ayuntamiento) la magnífica y divertida impostura de viajar conjuntamente a la Edad Media con gran despliegue de luces, música, humo, mercadeo y representaciones. 

Será una nueva edición de esas Jornadas Medievales y Mercado de las Tres Culturas que se han convertido en el momento más festivo, más participativo y con más visitantes de cuantos conoce Ávila, y que además, y quizás eso no lo hemos sabido saborear y lucir como se merece, fueron una iniciativa innovadora que luego copiaron cientos de urbes más de nuestro país, ninguna de ellas pudiendo presumir de que una cita así en ningún sitio tiene un escenario tan propio, tan coherente, como en esta milenaria ciudad.

Tanta fiesta en la calle, con muchas personas participando en ellas (y en el caso de las Jornadas Medievales con decenas de miles al mismo tiempo en los momentos de mayor afluencia, y con el problema de que la Muralla limita bastante la movilidad), exigirá, lógicamente, una organización en materia de seguridad muy ajustada, que por ser planificada cada año es más fácil de llevar a cabo; a ese control en la movilidad por parte de las fuerzas de seguridad, y de los apoyos con los que contará, ayudará mucho que cada ciudadano sepa ser especialmente responsable y sepa respetar las normas y limitaciones que en cada caso se establezcan.

En el buen desarrollo de citas tan multitudinarias como estas tiene no poca importancia, aunque pueda parecer que la individualidad cuenta poco, el saber estar de cada uno de los participantes en la fiesta.