Pablo Serrano

CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


Es hora de demostrar que se quiere ascender

31/03/2024

El público estaba deseoso de resultados, y se puede comprobar con las estadísticas de asistencia al Adolfo Suárez para ver jugar al Real Ávila, que vuelvo a reivindicar como equipo de referencia en la provincia. Siempre manifesté el empeño de que haya un único escudo deportivo que ampare a toda la provincia, más allá de que haya otras marcas y clubes, más aún en los pueblos, contra los que demostrar esa sana rivalidad que aporta el deporte.
La media de espectadores del Adolfo Suárez durante los partidos del Real Ávila de la temporada pasada apenas llegaba a 350, los fieles incondicionales. Esta temporada, este número crece de manera exponencial hasta los 750 seguidores de media en el campo, con algunos llenos que confirman una simpatía latente que se manifiesta cuando hay resultados. Y encima todo esto coincide con la temporada del centenario, y hay que reconocer el hito histórico, que adquirirá más relevancia aún si cabe si hay objetivos deportivos cumplidos. Con este escenario, y la estadística clasificatoria sobre la mesa, no es descabellado pensar que pueda haber un ascenso directo (sin pasar por la tortura del play off, que tantas veces ha dejado desinflada a la afición), y con estos datos en la mano hay que buscar soluciones, como reconocen desde el club estar ya haciendo, más o menos definitivas para que el público todavía se sienta más cómodo en la grada, porque si algo aún echa atrás a algunos aficionados es el lamentable estado de la instalación.
Éste es el momento de que el Adolfo Suárez se pueda reformar como merece, e independientemente de los condicionantes que impone la Confederación Hidrográfica del Duero sobre la instalación, por estar ubicado el estadio en zona inundable, la lógica impone, y así lo debería entender también la CHD, que la instalación se pueda reformar con las mejores condiciones. 
El ascenso a Segunda RFEF está al alcance de la mano como hace muchos años no se veía, y supondría un aliciente para una ciudad que tiene pocos atractivos latentes más a los que agarrarse, más allá de los clásicos recursos turísticos, que no son pocos. Una inyección económica, independientemente de que pueda ser más o menos perecedera en el tiempo, no es despreciable.
Así que si entre todas las partes implicadas (y aquí se pueden meter absolutamente todos, desde instituciones, organizaciones empresariales y sociales, clubs deportivos de cualquier signo, medios de comunicación…) se trabaja en la misma dirección, y si los futbolistas consiguen el objetivo deportivo, la ciudad tiene mucho que ganar, y por lo tanto, los ciudadanos también.