David Ferrer

Club Diógenes

David Ferrer


Por miles

18/10/2023

Los datos que han llegado hace pocos días son, en efecto, aterradores. Basta con dar cifras, con aportar una estadística para que los lectores o los telespectadores tiemblen o pongan cara de espanto. Los números son siempre la medida del miedo. Y no hablamos hoy de las cifras de la ocupación, de los robos, de la ciberdelincuencia o de esos adictos al fentanilo que actúan como zombies. No. Ahora no toca hablar de eso. Algún día habrá que hacerlo. Pero agárrense los machos, sujétense las gafas y consideren los números tal y como suenan: hay al menos mil novelistas sueltos por España. ¿Cómo lo sabemos? El quince de octubre, día de Santa Teresa, se desvela un certamen narrativo que lleva ya más de setenta convocatorias. Al principio se presentaban cincuenta novelas; pasado un tiempo se llegó a cien; en los años del boom y la transición ya eran casi quinientas las novelas que concurrían cada año; y hace dos días, la editorial Planeta hizo saber en la noche de entrega de su famoso premio que más de mil novelas habían concurrido al suculento galardón. Sí, como lo han leído: hay cerca de mil novelistas en potencia, mil escritores sueltos que sueñan con la gloria, con que les pongan té con pastas mientras firman libros de manera semiautomática a señoras con perrito. Mil novelas en este premio son muchas páginas. Demasiados folios: historias interesantes o de medio pelo, con tramas exquisitas o que incitan al suicidio. ¿Quién lo sabe? ¿Quién lo habrá leído? Cada año cientos de aspirantes envían sus textos. Horas robadas al sueño o el tiempo del funcionario que anhela una vida de escritor alejada de formularios y compulsas. Horas de lucha con el Word, con los correctores informáticos, con la justificación de los párrafos, con el mínimo de folios exigido. Una angustia anual para esos mil escritores, alguno de los cuales seguro que vive cerca de usted. ¿Para qué? Cada año un famoso, un presentador, un acróbata o un sucedáneo de la Trinca se lleva el deseado premio, sus pleitesías, sus dineros, su gloria en las estanterías por dos meses.
Estos días hay mil aspirantes a novelistas claramente abochornados. Esperanzados los menos con repetir la hazaña en otro premio. Abandonados todos por la gloria literaria. El Premio Planeta lo ha vuelto a hacer: una periodista con apellido y un tipo guapo han acabado con las ilusiones de un millar de escribidores nocturnos. Se masca la tragedia. Es una situación angustiosa de desamparo. El novelista del Planeta puede ser el celador que ayer le abrió la puerta, la maestra de sus hijos, el ferretero de la esquina, ese vecino raro que no duerme o la secretaria de los tacones rojos. Detrás de cada español hay un novelista, un aspirante al Premio Planeta. Ya lo dijo Eugenio D´Ors hace mucho: «en Madrid a las ocho o te dan una conferencia o la das tú». En España, 2023, o te escriben una novela o la escribes tú. Y si han sido mil al Premio Planeta, el pasado año fueron 900 los que concurrieron al Nadal. ¿Serán los mismos? ¿Serán distintos? ¿Enviarán el mismo texto a diferentes certámenes? No quiero saberlo. Este país se ha vuelto peligroso. Hay mil o dos mil novelistas sueltos. Que Baroja nos ampare.