Pilar Iglesias

Pilar y sus cosas

Pilar Iglesias


Madrez. Móviles. Y no.

27/11/2023

Estaba estudiando 5° de Documentación y trabajando en la agencia EFE cuando de repente: 
TÚ.
Hace 10 años, mañana, por casualidades buscadas y queridas, por acontecimientos que se confabularon de forma extremadamente dichosa, mi vida cambió. Cambió mucho. Cambió entera. Mañana me convertí en Madre. 
Mañana empezó mi nueva vida. Nuestra nueva vida. Caía la primera nevada, copiosa, impedía circular con normalidad y tu padre tardó casi un día en poder llegar. Las nieves anuncian bienes. Y vienes tú de mí, y juntas por los pasillos subiendo a la habitación y enseñándote, aún con los ojos cerrados y tu visión nublada, la carretera blanca. Creo que por eso no eres friolera como tus padres y te encanta hacer ángeles tirándote en la esponjosidad helada que ahora escasea. 
Hace 8 años, un mes y pocos días, ratifiqué mi condición de madrez y llegó mi Salvador, que con mi Ángel son mi razón y mi locura. Quienes hacen que no tenga dudas en pensar qué quiero ser o dónde quiero estar.
Sois mi Presente. 
Nunca me he cuestionado mi decisión de ser madre. Sí señalo con el dedo acusadoramente a quienes cuestionan a quienes no son madres. Y no voy a adjuntar nada antes de «madres», porque a veces, pueden ser mil y una cosas. Yo quiero serlo. Y así es. Y sí es cierto que estamos en un mundo difícil. Aunque siempre estamos en un mundo difícil. Y es cierto que leí a Malthus. Pero nunca se me dio bien entender argumentos que impliquen la vida privada. 
Como ahora, señoras que quieren prohibir móviles a nivel estatal y desde el gobierno. El gobierno debe ocuparse de la res publica. De las cosas públicas. Que es un problema lo derivado del abuso de las pantallas, es patente. Que el origen no está en el objeto sino en el sujeto, quizá se escape y no sea tan obvio. Permítame recurrir, más allá de Aristóteles y su Política, a Pitágoras y su educación. Somos los adultos los responsables de lo que hagan los pequeños. Y no siempre va a ser la escuela la que enseñe a nuestra descendencia cómo deben ser y qué deben hacer. La educación se recibe en casa. Por muy a favor que yo esté (y por lógica) de los valores en la escuela. Somos los que compartimos mantel los que debemos decirles a aquellos que dejen a los otros fuera y estén con nosotros. Somos los que los vestimos por los pies y la cabeza los que debemos enseñarles a que sí, hay un mundo virtual maravilloso y aterrador, pero aquí estamos para y con ellos. Dice la ministra que prohibir es como poner puertas al campo. Yo voy a algo más básico. Prohibir el avance es como decirle al agricultor que are sin tractor, que el cocinero deje la olla rápida y tú vuelvas a lavar la ropa en el río. 
Cualquier revolución conlleva miedo. Y sí, hay que legislar porque el humano tiende a la perversión. Eso no pasaría si todos siguiésemos normas morales universales y colocáramos el carro del hiper en su sitio (han vuelto las monedas en el de los cuatro caminos porque no dejas las cosas en su sitio, aunque esto será objeto de estudio en su momento).
Hoy me he metido un poco en sitios pantanosos. Discúlpame porque ya sabes que no suelo. Pero la pasión me ha cegado.
La locura guía el corazón. 
PosData: Aunque se haya iluminado la ciudad, aún no es Navidad. 

ARCHIVADO EN: Agencia EFE, Política, Navidad