Medio siglo sin el purismo de Le Corbusier

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El fallecimiento del célebre arquitecto que ideó la llamada 'ciudad del futuro' cumple hoy 50 años entre acusaciones de fascista, admirador de Hitler, ególatra y vanidoso

 
A un lado el mar, al otro, el macizo de Marseilleveyre. Los más de 300 apartamentos dúplex situados en el número 280 del bulevar Michelet, en el distrito nueve de Marsella, tienen ventanas orientadas tanto al este como al oeste para disfrutar del sol mañana y tarde. Solo muy de vez en cuando, alguno de los inquilinos sale a la venta. Y hay listas de espera para vivir en ellos, apunta Isabelle, una de las vecinas de la exclusiva cité. 
La residente habita desde hace 15 años en la planta 18 de uno de los edificios diseñados por Le Corbusier, de cuya muerte se cumplen hoy cinco décadas. Tan alabado como controvertido, este suizo afincado en Francia fue uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, aunque sus obras no siempre fueran del gusto de todos. 
Le Corbusier (1887-1965), cuyo nombre de pila era Charles-Édouard Jeanneret-Gris, nació en la localidad suiza de La Chaux-de-Fonds, pero vivió la mayor parte de su vida en Francia, donde murió en la Costa Azul. Fue desde París como conquistó el mundo con sus imponentes construcciones de hormigón y sus iconos de la modernidad, que pueden verse desde Berlín hasta la India. 
En el año en el que se conmemora el medio siglo de su muerte, Francia, además de recordarle a través de exposiciones y coloquios sobre su obra, ha sacado a la luz tres libros que desvelan su vinculación con el fascismo. 
Que este maestro admiraba a  Hitler y mantuvo estrechas relaciones con el régimen de Vichy durante la Francia ocupada, no es nada nuevo. Pero las acusaciones de fascismo vertidas por el estadounidense Nicholas Fox Weber ya llamaron la atención cuando en 2008 publicó su biografía.
Ahora, son tres franceses quienes se han ocupado de investigar ese lado oscuro de Le Corbusier: François Chaslin (Un Corbusier), Xavier de Jarcy (Le Corbusier. Un fascisme français) y Marc Perelman (Le Corbusier. Une froide vision du monde). Los autores se basan, entre otros, en artículos de la revista de arte y urbanismo Prélude, considerada fascista. Y Le Corbusier fue uno de sus fundadores. 
¿Icono de una modernidad sin concesiones o totalitario? Le Corbusier fue un hombre ambicioso que, sin titulación de arquitecto, se convirtió en uno de los creadores más influyentes del siglo XX, una época que veía en grandes dimensiones. No le interesaba demasiado la construcción de chalets, aunque diseñó algunos, sino que creó rascacielos que definía como unité d'habitation y planificó una gran ciudad: Chandigarh. 
Le Corbusier fue un ególatra. Ya de joven escribió en sus cartas que su orgullo, su vanidad y su ambición serían los motores que le llevarían a emprender algo grandioso. Años más tarde, el 31 de octubre de 1940, escribió a su madre: Si va en serio con lo que pregona, Hitler puede coronar su obra con algo grandioso: la nueva creación de Europa. 
También él quiso crear algo nuevo. En sus escritos teóricos describió la ciudad del futuro, en la que llevaría el orden al caos urbano con la ayuda de piedra, hormigón, acero, funcionalidad, ángulos rectos y una geometría clara. Su ciudad funcionaría a la perfección, como si de una máquina se tratase. 
Le Corbusier se aproximó a la arquitectura primero como grabador y luego como cincelador, además de a través de la pintura, en la que también reflejó su estética arquitectónica. Junto a Amédée Ozenfant sentó las bases del purismo, una disciplina artística centrada en las formas geométricas simples y las líneas claras. Sin embargo, ya en vida este maestro del racionalismo fue un hombre polémico, cuyas viviendas se tildaron de inhabitables e inhumanas.