El Chico también daba los cuartos y las campanadas

E.Carretero
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Tras casi dos décadas de espera, en 1881 se instalaba en la Casa Consistorial un reloj de cuerda cuya maquinaria, tras un siglo en funcionamiento, fue automatizada pero que, restaurado, se conserva en el interior del Ayuntamiento de Ávila

El Chico también daba los cuartos y las campanadas - Foto: David Castro

La noche de Fin de Año es una de las más esperadas por cuanto simbólicamente supone despedir el año en curso y dar la bienvenida a uno nuevo que, siempre esperamos, nos traiga cosas buenas. Por ese motivo son muchos los rituales y supersticiones vinculadas a esa última noche, siendo una de las más populares la de dar la bienvenida al 1 de enero comiendo uvas, una por cada una de las campanadas con las que llega el Año Nuevo. Aunque hay municipios donde los vecinos se reúnen para despedir el año y recibir al nuevo lo cierto es que la mayoría de los españoles cumplen con esta tradición escuchando las uvas del reloj de la madrileña Puerta del Sol, que es otro de los protagonistas de este final de año. 

De 'exportar' esta tradición centenaria a otras ciudades en Ávila sin duda las uvas nos las tomaríamos en el Mercado Chico y bajo el reloj del Ayuntamiento que lleva marcando las horas desde ese lugar más de un siglo aunque su instalación no estuviera exenta de contratiempos. 

De hecho, la idea de que la Casa Consistorial contara con un reloj de torre surgió en el mismo momento en el que se levantó el edificio del actual Ayuntamiento de Ávila, en 1868. Ya entonces la corporación municipal tuvo la pretensión de instalar un nuevo reloj en la plaza del Mercado Chico, en este caso en la fachada del Consistorio que fuera más moderno que el existente entonces en la torre de la Iglesia deSan Juan y que en aquella época era el encargado de dar no solo las horas sino también los avisos a la población. De hecho, el reloj de San Juan, conocido como Zumbo, se encargó en 1539, a costa del concejo abulense a Francisco Mino, tal y como recoge Luis Cervera Vera en 'Plaza Mayor de Ávila', publicado por la Institución Gran Duque de Alba.

Con el objetivo de que la fachada de la nueva casa consistorial se rematara con su propio reloj se pidió presupuesto a varios relojeros, incluido el abulense José Káiser Kosler aunque todo quedó en agua de borrajas hasta 1874. Es más, entre la documentación que guarda el Archivo Municipal y facilitada a este periódico por Jesús María Sanchidrián, cronista oficial de Ávila, se conservan algunos de los presupuestos presentados por importantes relojeros de la época entre ellos el de Mónico García Rosel cuya relojería estaba en el número 33 de la calle Atocha de Madrid y que ofrecía relojes completos, tanto de 30 horas cuerda con cuartos o sin ellos como de 8 días cuerda, con todos sus accesorios y colocados en el lugar designado por el comprador. 

Sin embargo, tuvieron que pasar casi dos décadas para que se retomara esa idea del reloj en la Casa Consistorial. Así, el 4 de mayo de 1874 durante una sesión plenaria se abordó este asunto y también el de la propiedad del reloj de San Juan de la que en esos momento surgieron dudas. Así, en aquel pleno se apuntó que de «los antecedentes recogidos por medio del encargado de cuerda»  resultaba de «bastante fundamento» pensar que ese reloj era de la Corporación entre otras cosas «por tener en la campana que da las horas dos marcas con las armas de la ciudad». 

Durante esa sesión plenaria se acordó que el experto relojero Mariano Hoefler analizara el Zumbo para demostrar «que la máquina y campana instalada en  la torre de San Juan era de la exclusiva pertenencia de la Corporación y no de la parroquia» y también para que tasara esa máquina puesto que el Ayuntamiento pensaba vender la misma. También se le instó para que elaborase el presupuesto del nuevo reloj de la ciudad. 

Tras varias vicisitudes, finalmente el reloj encargado años antes al artesano madrileño Hoefler se instaló en la Casa Consistorial en octubre 1881. Es más, el Ayuntamiento debió apremiar al relojero para que la instalación se realizara antes del 12 de octubre y así debió de ocurrir porque en el pleno celebrado el 2 de noviembre de aquel año se acordó que José Fraiser informara «respecto a la máquina de dicho reloj» y contestara por escrito si reunía las condiciones de lo contratado, además de encargarle la tasación de la máquina del Zumbo. 

En ese mismo pleno quedó establecido que fuera Frasier el encargado de darle cuerda al reloj del Palacio Consistorial mediante el abono anual de 400 pesetas. 

El precio total de este reloj que daba «horas, medias y cuartos a golpe sencillo de dos campanas» ascendió a 6.000 pesetas, como apunta Cervera Vera. 

Durante 101 años este reloj fue una de las principales señas de identidad de la Casa Consistorial, pero una tormenta estropeó su maquinaria de cuerda, construida en Estrasburgo, propiciando su sustitución en 1982 por otra más moderna de suministro eléctrico. Tras años de abandono en un trastero, en 2012 el reloj de cuerda del Ayuntamiento  que tantos años costó instalar fue reparado por el especialista abulense Agustín Olías para garantizar que de nuevo diera las horas y los minutos con total precisión. Un trabajo que se prolongó durante tres meses y que implicó recuperar pieza por pieza esta maquinaria de 1881 fabricada en los talleres de Ungerer en Estrasburgo y que estaba en muy mal estado debido a las inclemencias del tiempo que habían cubierto de óxido gran parte de esas piezas. Es más, Olías explicó entonces que «hubo que bruñir muchísimo para sacar el acero a la vista». 

Tras su restauración, esta joya de relojería se instaló en su mueble original en el hall del Ayuntamiento donde aún se conserva.

«El reloj está preparado para mover campanas y tiene tres movimientos, uno central que mueve las agujas de las horas y los minutos, y otros dos que dan los cuartos y las horas, pero que no sonarán porque causarían un gran estruendo al estar en el interior del edificio», explicó entonces Olías, quien aprovechó para agradecer «la sensibilidad especial» mostrada por aquella Corporación» al recoger el informe y el proyecto de restauración del antiguo reloj que permitió recuperarlo «para el pueblo de Ávila». Un reloj con el que de momento los abulenses no damos la bienvenida al año nuevo pero que podría dar los cuartos y las doce campanadas si los abulenses alguna vez decidieran recibir al año nuevo como se hace desde la madrileña Puerta del Sol.