Luz para el Cristo

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La Real Cofradía de Misericordia y del Santísimo Cristo de la Luz pide más función para una ermita que cuenta con una larga historia y que este domingo acogerá una misa presidida por el prior de los dominicos

Luz para el Cristo

Ahora está en un pequeño rincón de la ciudad de Ávila pero en ella se esconde más grandeza de la que se puede percibir en su tamaño. Es la ermita del Cristo de la Luz que, levantada desde 1467, y guardada fielmente por la Cofradía de Misericordia y del Santísimo Cristo de la Luz, ofrece un espacio religioso que podría tener más uso del que hay en la actualidad.

Al menos así lo percibe el presidente de esta cofradía, Carlos JiménezPrieto que, cuando se acerca su fiesta, señala que les gustaría que la ermita tuviera más uso. Lo ideal sería para ellos que  hubiera misa todas las semanas o, al menos, una vez al mes. Pero hasta ahora esto es un deseo y la única realidad que tienen sobre la mesa es que este domingo a las 12,30 horas se celebrará una eucaristía presidida por Vicente Muñoz Esteban, prior de la Orden de los Dominicos. También habrá un reparto de pastas y el sorteo tradicional de tres premios entre los cofrades.

Así se celebrará una fiesta relacionada con una hermandad que se remonta al siglo XV. Tras sus inicios llegaron años de mantenimiento, también con sus pleitos entre cofradías, como sucedió con las de las Vacas hasta que ellos se quedaron en su ermita y los de la Misericordia en la del Cristo de la Luz, recuerda Jiménez Prieto. Entonces se hablaba de una cofradía que en su nombre incluía del Santísimo Cristo de la Luz y Enterradores, porque ellos se encargaban de acompañar en los entierros y también enterraban a monjas de clausura. En este punto, el presidente de la Cofradía señala que nunca enterraron religiosas de clausura de la Encarnación o San José, pero él personalmente sí lo ha hecho con monjas de las Gordillas, Santa Ana, Gracia o la Magdalena.

Recuerda que en esos casos ellos llevaban una caja (que aún conservan) donde se situaba el cuerpo para que fuera velado hasta el entierro. Después, una vez en el cementerio se sacaba de la caja y se envolvía en un sudario para proceder al entierro. El ataúd regresaba para que después volviera a ser utilizado.

Esto ya no sucede en la actualidad, puesto que ya no se dedican a enterrar, un papel que ha pasado a las funerarias, pero aún forma para de la historia que hace única a esta cofradía, que aún hoy en día se mantiene viva.

 

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