Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El futuro de Puigdemont

23/03/2024

El expresidente de la Generalitat, el prófugo Carles Puigdemont convirtió su anuncio de que encabezará la lista de Junts en las elecciones autonómicas catalanas del 12 de mayo en un conjunto de propuestas que quiso hacer pasar por compromisos firmes, cuando todas ellas están condicionadas al veredicto de las urnas, que en estos momentos no parece que le sea muy favorable. Algunas de ellas fueron rechazadas de plano por aquellos a las que iban dirigidas, con lo que la posibilidad de que pueda "terminar el trabajo" de conseguir la independencia de Cataluña es un propósito que no se sustenta ni en las posibilidades reales de acometerlo ni en la situación de Cataluña, cuyos ciudadanos se alejan paulatinamente de los deseos de alcanzar la soberanía.

La condición que él mismo estableció para que volver a Cataluña es hacerlo para ser investido presidente de la Generalitat, de la que le descabalgó la aplicación del artículo 155 de la Constitución y que le hace mantener la ficción de que es el presidente legítimo de los catalanes. Una ciudadanía que desde entonces ha votado dos veces y que en la última ha elegido a otro presidente legítimo -incluso con los votos de Junts-, Pere Aragonès. O sea, que para volver a ocupar el palacio de la Generalitat tiene que darse la circunstancia de que Puigdemont gane las elecciones, lo que nadie prevé, o que ERC le ceda el puesto, algo impensable si como en otros comicios queda en tercera posición. Esquerra además ha rechazado la posibilidad de una lista unitaria independentista, lo que es lógico después de los enfrentamientos entre ambos partidos y su estrategia dispar respecto al momento en el que se ha de volver a poner sobre la mesa la posibilidad de un nuevo procés, del que ninguno reniega.

La presencia como cabeza por Barcelona de la lista de Junts supone que Puigdemont no se presentará como candidato en las elecciones europeas. Aunque mejor habría que decir "supondría". Una vez que ha confirmado que solo vendrá a España para ser investido, con la ley de amnistía ya en vigor, -pero a expensas de la aplicación que decidan hacer los jueces- Puigdemont puede replantearse su vuelta si no tiene garantías de que no sería encarcelado de inmediato. Y si no vuelve a ser presidente de la Generalitat es difícil que renuncie a la inmunidad parlamentaria que le concedería su condición de miembro del Parlamento Europeo. Que tampoco tenga previsto regresar en loor de multitud para la campaña electoral aunque fuera detenido con el impacto mediático que tendría es síntoma de que lo que no quiere es pisar la cárcel, pese a que podría animar al alicaído movimiento independentista.

Dando por hecho que la ley de amnistía tiene únicamente que ver con la aritmética parlamentaria, revestida del halo de mejorar la convivencia entre los catalanes, y que el irredentismo de Puigdemont está fuera de la realidad pese a su provocación constante con la insistencia en "lo volveremos a hacer", existe una evidente la falta de masa crítica para afrontar un nuevo procés, y son más los que se apuntan a "pasar página" de todo aquello y exigen una gestión eficiente de los problemas que acucian a los catalanes. Las elecciones catalanas del 12-M pueden hacer perder a los independentistas la mayoría de los votos y la mayoría de los escaños. O al menos una de ellas. Y Puigdemont quedaría descabalgado de nuevo.