Cuando una pandemia te confirma la vocación

Mayte Rodríguez
-

Silvia, David y Chelo son tres de los 31 alumnos de cuarto de Enfermería de la USAL y de la UCAV que, sin tener aún el título y en plena crisis sanitaria, fueron reclamados por dos hospitales, en los que aún trabajan con enfermos de covid

Cuando una pandemia te confirma la vocación

Cuando el 11 de marzo Silvia Gutiérrez y David Sánchez terminaron sus prácticas de Enfermería en el Hospital Nuestra Señora de Sonsoles de Ávila no podían imaginar que algo más de dos semanas después volverían allí, reclamados por el propio centro hospitalario, para ayudar a combatir una pandemia. El 27 de marzo ambos recibieron una llamada de la Dirección de Enfermería proponiéndoles su incorporación inmediata a través de una fórmula especial denominada ‘contratos de auxilio sanitario’ que permitiera trabajar a los alumnos de cuarto de Enfermería. Para entonces, Chelo Romero  ya llevaba casi dos semanas trabajando bajo esa misma fórmula en la UCI del Hospital Universitario de Móstoles, que  recurrió a ella porque había hecho prácticas allí con anterioridad. Los tres estudiantes que protagonizan este reportaje  forman parte de los 31 alumnos de las dos escuelas de Enfermería existentes en Ávila -la de la Universidad de Salamanca y la de la Universidad Católica- que, en plena crisis sanitaria y sin el título de enfermeros todavía, abandonaron la comodidad  del confinamiento domiciliario para dar un paso al frente y luchar contra el coronavirus en primera línea, en contacto directo con los enfermos, trabajando cada día en hospitales que afrontaban una emergencia sanitaria sin precedentes y que, además, tenían que tratar a pacientes con una patología igualmente desconocida. Casi dos meses después,  sus testimonios son  ejemplos vivos de vocación, de compromiso, de responsabilidad y de servicio. Todo ello cobra mayor valor si tenemos en cuenta que sólo tienen 21 y 22 años. Es de justicia decirlo.

David Sánchez San Segundo recibió la llamada a las once de la mañana y a las tres de la tarde de ese mismo día ya estaba entrando en el hospital. «Yo vivo con mis padres, pero no me lo pensé, cogí ropa y algo de comida y esa mañana me mudé a otra casa que tenemos», nos cuenta. Y allí sigue, viviendo solo, convencido de que hizo lo adecuado para «proteger a mi familia de contagios». Hasta entonces -27 de marzo- había visto la evolución de la pandemia por televisión y no podía evitar sentir «impotencia» porque «las cosas estaban mal y me daba pena no poder estar echando una mano», confiesa. Así que no dudó en aceptar la propuesta del hospital. Tampoco se lo pensó dos veces Silvia Gutiérrez, que hasta ese día «sentía que en casa no estaba aportando nada», afirma. A ella la llamada la pilló en su pueblo, El Barco de Ávila, desde donde viajó hasta la capital para incorporarse al día siguiente al Hospital Nuestra Señora de Sonsoles.
Lo que los dos estudiantes de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Salamanca en Ávila encontraron allí tenía poco que ver con el centro hospitalario del que se habían despedido el 11 de marzo tras terminar sus prácticas rotatorias. «Me dieron el uniforme y me mandaron a la cafetería, yo no lo entendía hasta que llegué y vi que allí se habían instalado once camas, en mi vida me había imaginado yo que trabajaría en la cafetería, pero allí empecé haciendo noches, hasta que me trasladaron a  una planta», recuerda Silvia. 
David estuvo los primeros días en la planta 3, «con pacientes covid, luego me cambiaron y he estado un mes y medio en la UCI», indica. «La adaptación allí fue durísima a nivel profesional, había que aprender rápido, no había segunda oportunidad ni margen de error, pero había que sacar el hospital adelante y lo hicimos», reflexiona. «En la UCI los pacientes estaban tan frágiles, tan inestables que salías de allí agotado, hasta con ganas de llorar, pero no te salían las lágrimas del puro agotamiento», confiesa el joven abulense.  Parte de ese cansancio venía derivado del uso de los Equipos de Protección Individual (EPI), que incluyen también unas gafas y una mascarilla especiales. «Salíamos de la UCI con la nariz dolorida y marcas en la cara de tener las gafas y la mascarilla puestas durante tanto tiempo», desvela. 
Silvia describe el «agobio» que conlleva trabajar con el EPI con una frase de lo más elocuente: «Cuando te lo pones por primera vez es como si te encerraran en una caja, pero después de un mes y medio para mí llevar el EPI es como llevar el uniforme, al final te acostumbras», asegura.

Consuelo Romero -Chelo- lleva ya dos meses trabajando en la UCI del Hospital Universitario de Móstoles y viviendo sola en una residencia universitaria de Alcorcón, a la que llegó a mediados de marzo desde su pueblo de Extremadura tras recibir la oferta del centro sanitario. «Pensé que si no aceptaba me arrepentiría, porque si no ayudaba a los pacientes en una situación así no tendría sentido haber estudiado Enfermería», explica la joven estudiante de la Universidad Católica de Ávila.
«El primer día llegué a la misma UCI en la que tres semanas antes había estado de prácticas, pero no tenía nada que ver con lo que yo recordaba», confiesa Chelo, en alusión a la cantidad de pacientes que allí había ingresados. «Era como si la UCI se hubiera multiplicado por cuatro, se habían duplicado camas y hacía falta muchísima atención por parte de la enfermería, así que en cuanto llegué me dieron un EPI y a trabajar pese a que al principio estaba un poco perdida porque de un día para otro pasé a llevar yo sola pacientes», explica.  

Cuando una pandemia te confirma la vocaciónCuando una pandemia te confirma la vocación

Para ella, «lo más duro» es comprobar un día tras otro que «nuestro esfuerzo no servía para salvar la vida de los pacientes», incluso en aquellos casos en los que «había una mejoría clara, de pronto un día empezaban a empeorar sin razón y acababan muriendo por culpa del virus», lamenta Chelo. «Nunca te acostumbras a ver ese tipo de cosas, pero intentas luchar y el apoyo de los demás compañeros es muy importante porque cuando uno empieza a desfallecer el otro le anima y entre todos somos capaces de seguir adelante», subraya.

LEA EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE DIARIO DE ÁVILA

Cuando una pandemia te confirma la vocación
Cuando una pandemia te confirma la vocación