Laura Jiménez, una abulense representando a España en Europa

D.C
-

Junto a otros 59 jóvenes de 15 países debatió sobre los problemas de la infancia en un encuentro de Unicef

Laura Jiménez, una abulense representando a España en Europa

Laura Jiménez Encabo, abulense de 17 años de edad, disfrutó hace unos días del honor de ser una de las 60 jóvenes de 15 países que fue invitada a participar en el Encuentro de Infancia que organizado por Unicef  en Bucarest, con motivo de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea que ostenta Rumanía durante el primer semestre del año. 
Durante cuatro días, esos 60 jóvenes –todos pertenecientes a consejos de infancia de sus respectivas ciudades– debatieron sobre la necesidad de que los niños participen en los procesos de toma de decisiones tanto a nivel local como internacional, además de hablar de otros temas de interés sobre las medidas necesarias para que en la Unión Europea haya más participación infantil.
Laura, explica, fue elegida «porque desde Unicef hicieron un proceso de preselección, para el cual envié un vídeo, en inglés, explicando por qué es importante para mí la participación y qué hecho yo en el Consejo de Menores de Ávila, además de hablar un poco de mi perspectiva respecto a la infancia. Envié el vídeo y tuve la suerte de ser escogida para representar a España, junto a otro chico de Palencia».
Esa elección, manifestó, «fue para mí una satisfacción enorme, no me lo creía, y estoy muy feliz  de haber participado en este encuentro porque ha sido una gran oportunidad en el sentido no tanto de hacer oír mi voz como de hacer oír la voz de la infancia, demandar la participación en la toma de decisiones para la infancia y poder demostrar que los jóvenes también tenemos voz y voto».
El trabajo que realizaron esos jóvenes en Bucarest, explicó Laura Jiménez, fue esencialmente «intercambiar perspectivas; éramos jóvenes de varios países de Europa (Finlandia, Italia, Alemania…) y cada uno iba aportando lo que opina sobre la infancia, los problemas que existen actualmente y otros asuntos cercanos, y al final lo que se realizó fue la Declaración de Bucarest, donde el principal problema que se reflejó es el de que los jóvenes tenemos muy buenas ideas pero no tenemos mecanismos para poder llevarlas a cabo».
En ese diálogo se habló fundamentalmente «de los problemas en general de la infancia, como por ejemplo la educación y el cambio climático… y se vio que en buena medida los problemas eran los mismos o muy parecidos en los diferentes países, pero todo ello focalizado con el tema de la participación».