Y el mundo empezó un poco mejor

M.R.Y. (SPC)
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El suicidio de Hitler y el fusilamiento de Mussolini abrieron la puerta al final de la peor guerra de la Historia

Y el mundo empezó un poco mejor - Foto: Unknown

Dos días separaron las muertes de los grandes exterminadores de la Segunda Guerra Mundial: Benito Mussolini era fusilado el 28 de abril de 1945 por un grupo de partisanos cuando intentaba huir a Suiza, y el 30, Adolf Hitler decidió quitarse la vida en Berlín antes de acabar ajusticiado como Il Duce, cuyo cadáver acabó expuesto en una plaza de Milán.
El italiano y el alemán unieron sus caminos en 1937, en su respaldo al bando sublevado liderado por Francisco Franco en la recién estrenada Guerra Civil Española. Ambos ya habían demostrado un ideario similar con sus promesas de transformación y represalias contra sus contrarios, con un plan fascista que les unió en la búsqueda de su gloria y la de sus respectivas naciones. 
De hecho, habían vivido trayectorias paralelas. Mussolini fue nombrado primer ministro en 1922 por el rey Víctor Manuel III para contener la revuelta de los camisas negras, ganó unas elecciones dos años después con una contundente mayoría y, tras varias actuaciones de represalia contra sus opositores socialistas, en 1925 comenzó su dictadura fascista. Hitler, por su lado, ganó sus primeros comicios en 1932, pero no recibió el encargo de liderar el Gobierno hasta un año después. Y tardó poco menos de otro año para autoproclamarse, en 1934, líder -führer en alemán- de un país al que comenzó a hostigar con numerosas purgas para crear su ansiado Nuevo Orden a través de su dictadura nazi.
En su apoyo a Franco, ambos tiranos visualizaron su acercamiento, lo ratificaron en 1938 -cuando Italia rehusó condenar la adhesión alemana de Austria-, y lo rubricaron un año después con el llamado Pacto de Acero. Con él, se comprometían a brindarse apoyo militar en caso de entrar en guerra contra los aliados, aunque Mussolini no esperaba que el conflicto fuera a ser tan inmediato y esperó a 1940, tras la caída de Francia, en sumarse a la contienda contra el Reino Unido .
Fue el régimen nazi el que salvó a Mussolini de una ejecución segura tras ser apresado, en 1943. Il Duce aún resistió dos años más, pero nada más pudo hacer Hitler entonces. Sí que pudo evitar su propio asesinato y decidió suicidarse. Entonces, el mundo perdió a dos de los grandes villanos de la Historia. Y empezó a ser un poco mejor.

 

Antes muerto que capturado por el enemigo

nductor del inicio de la Segunda Guerra Mundial y autor intelectual de matanzas inhumanas, inconcebibles, impensables... Adolf Hiter tenía una cosa clara: la venganza contra sus actuaciones, en caso de ser apresado, sería brutal. De ahí que no quiso dar la oportunidad a sus enemigos de darle un escarmiento proporcional y en enero de 1945, consciente de que la contienda comenzaba a ser adversa para el Tercer Reich, se encerró en un búnker con su círculo más cercano.
A mediados de abril, las fuerzas soviéticas ya habían ocupado buena parte del territorio germano y liberado los campos de concentración de Bergen-Belsen, Sachsenhausen y Ravensbrück, situados en suelo alemán, mientras avanzaban hacia Berlín.
Cuentan que el 22 de ese mes, Hitler sufrió un ataque de histeria ante el golpe de realidad de que Alemania no saldría indemne y, según una enfermera del búnker, fue cuando gestó su plan de quitarse la vida. El espaldarazo definitivo a su idea llegó con la noticia de la ejecución de Mussolini, algo que le hizo jurar que no compartiría su misma suerte. 
El 29 de abril, Hitler se casó con su amante, Eva Braun, en el interior del búnker y un día después, a media tarde, ambos se quitaron la vida -Hitler tomó cianuro y se pegó un tiro-, dejando claro que querían que sus cuerpos fueran quemados para evitar espolios. Las tropas rusas no pudieron detener la cremación, pero sí recogieron sus cenizas y las tiraron a un río.
Eso sí, dentro de la teoría de la conspiración cabe reseñar que documentos desclasificados del FBI han apuntado a que el dictador consiguió huir a Argentina con su pareja, después de haber vivido un tiempo en España...

 

El mayor agravio para el 'maestro' de monstruos

La figura de Benito Mussolini quedó ensombrecida por la barbarie del holocausto emprendido desde la Alemania nazi. Pero la realidad es que el régimen del dictador italiano también llevó a cabo miles de asesinatos selectivos, impuso leyes raciales similares a las del Tercer Reich -también apeló a la «raza aria italiana» y persiguió a los judíos- y llegó a emplear armas químicas en la guerra colonial con Etiopía.
De una crueldad brutal, Il Duce fue un ejemplo para Adolf Hitler, en un claro caso en el que el alumno superó al maestro, del que aprendió, no solo de las conspiraciones para apropiarse del poder absoluto, sino también del afán expansionista.
Mussolini llegó al poder bajo el auspicio del rey Víctor Manuel III, que pretendía evitar un golpe de Estado, y fue traicionado por el monarca, que le destituyó garantizándole una protección que no existió, sino que supuso su arresto. Fue en 1943 y la detención apenas duró mes y medio, ya que fue liberado por los nazis e impuso su República de Saló en las zonas del norte que no habían sido tomadas por los aliados.
Durante dos años, mantuvo ese Gobierno fascista, pero en abril de 1945, consciente de que la derrota nazi era inminente, el mandatario preparó su huida a Suiza acompañado de su círculo más leal y de su amante en un convoy que fue interceptado la mañana del 27 de abril. Un día después, la orden del Comité de Liberación Nacional fue clara: Mussolini debía ser fusilado «como un perro rabioso». Así fue y unas horas después, su cuerpo fue llevado a Milán, donde se colgó cabeza abajo en una plaza y fue ultrajado hasta el punto de que quedó tan desfigurado que resultaba irreconocible. Un hecho que hizo que Hitler decidiese morir por su cuenta.