Cumplir con el deber

Antonio Pérez Henares
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Los gestores de la pandemia que ha causado miles de víctimas han ocultado y mentido a los españoles en aspectos tan importantes como la cifra de muertos

El presidente pidió el pasado miércoles al Congreso una nueva prórroga del estado de alarma. - Foto: Mariscal

No vendría mal que nos dejáramos de «heroicas» y de ardores guerreros. Déjense señores responsables de gobernar nuestra nación y de representar a sus ciudadanos de cuentos, soflamas y de milongas también. Ni las épicas militares ni sus sucedáneos futboleros, de «tiros y cañonazos» sirven para esto, sino que descubren lo que son, una grotesca ficción.
Aquí estamos perdiendo todos y no vamos a dejar de perder. Vidas, trabajo, bienestar, futuro. Será mejor que lo asumamos de una maldita vez. Dejemos la ensoñación a la que algunos se empeñan en llevarnos de que todo y en nada volverá a ser casi igual, y pongámonos de veras al duro trance y fatigosa tarea de ver cómo comenzamos a levantar cabeza. Que habrá de ser a base de mucho sacrificio, trabajo, esfuerzo y tesón. Que no nos lo van a dar resuelto ni papá estado, ni la UE ni nadie sino que cada cual, y todos a la vez, tendremos que poner mucho sudor y fatiga. Y no sé yo si ciertas generaciones y comportamientos van a saber y aceptar que esa es la única vía y el exclusivo camino. Que lo demás y contrario será griterío, delirios y, a la postre, una hecatombe aún mayor.
Aquí no hay, por ahora, victoria que valga, sino capacidad de resistir y perseverar. La enfermedad no estará en absoluto vencida hasta que se dé con la vacuna que pueda combatirla y liberarnos de verdad. Cuando se dé si es que, en eso sí hay que confiar, se dá y esperemos que pronto por la cuenta que a la humanidad le trae. Mientras, queda solo intentar frenar y minimizar en todo lo posible el daño.
Aquí lo cierto es que, hasta el momento, lo único que hemos hecho ha sido aguantar y hacerlo, vamos a decirlo ya, las cosas bastante peor que mal, entre los que más mal y hasta en eso, en cabeza del mundo entero las pruebas de los errores son irrefutables, aunque eso tampoco quienes los cometieron lo quieran reconocer, así que mejor nos dejamos de medallas y de impostar la voz.
Hemos soportado y estamos soportando una oleada atroz y lo único a que aspiramos ahora es a contener la mortandad y que se retire un poco la marea que nos ha anegado, que nos lleva causadas 40.000 muertes, que ni siquiera se quieren contar de verdad y que si conseguimos un pequeño reflujo, una tregua, cuando nos asomemos a fuera lo que vamos a encontrar es un territorio de desolación. Así que mejor nos dejamos de arengas y de salvadores y esta vez, por favor, afronten la verdad, la cruda y dura realidad y pónganse a trabajar en vez de ver como nos colocan una consigna o nos venden una sigla.
Hay gente, claro que la hay y esos sí han de recibir la gratitud general, que han cumplido con su deber y lo han hecho en condiciones penosas, en ellas continúan algunos aún , porque otros no cumplieron con el suyo. Me refiero claro está, y ante todo, a esas decenas de miles de profesionales de la sanidad sin la debida protección, sin batas ni guantes ni test (ay! los test, meses hablando, y ¿ha visto alguien un test?), porque los responsables no hicieron su trabajo e, incluso, lo entorpecieron cuando otros sí lo querían hacer. Ello es la mayor tacha y vergüenza por lo que el Gobierno y especialmente su ministro de Sanidad y toda la cascada de responsables hasta el último ambulatorio u hospital debería pedir perdón. De inicio a final. Y después, dejar lugar a alguien que sepa mínimamente que hacer y tenga un ápice de capacidad de gestionarlo. Éste y la troupe televisiva mejor que dejen de una vez el tablao.
No hay peor bulo que tener a la gente cloroformizada y abducida a base de ocultar la realidad, eso, y pretender continuar con palmoteos empieza a no tener ya un pase más. Que estaba muy bien que se hiciera esa piña y se hiciera homenaje a quienes se exponían más, muy bien. Seguir con ello como mantra para esconder la terrible dimensión de la tragedia, en pérdidas humanas primero, y ahora en cataclismo económico es otra, y ya van unas cuantas muestras de insensatez. 
Una irresponsabilidad más de quienes simplemente, y eso es lo que habrá que demandarles, no han cumplido con su deber. Porque en España hay un buen puñado que es lo que dejaron y siguen dejando de hacer: cumplir son su deber. Porque ocultar, engañar y mentir, incluso, hasta en el número de muertos, no creo yo ni nadie que sea precisamente manera de cumplir con él.