El confinamiento deja aires más limpios

M.E
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Las estaciones públicas de Ávila de la Red de Control de Calidad del Aire de la Junta arrojan un descenso del 60% hasta el 10 de mayo en cuanto a la presencia de dióxido de nitrógeno, relacionado con el tráfico, la industria y las calderas

El confinamiento deja aires más limpios - Foto: David Castro

Si algo positivo está trayendo la crisis del coronavirus es la reducción de la contaminación del aire que respiramos por el descenso del tráfico motorizado y la dismimución de la actividad industrial, algo que se está haciendo patente en la ciudad de Ávila y el conjunto de la provincia, donde la llamada contaminación primaria, la producida por dióxido de nitrógeno (NO2), ha caído en aproximadamente un 60% durante el estado de alarma en relación al periodo anterior, algo que también se achaca al menor uso de las calderas antiguas. Así lo reflejan las mediciones efectuadas por Calidad Ambiental de la Junta de Castilla y León en las dos estaciones públicas de la Red de Control de la Calidad del Aire  ubicadas en la provincia, una en la capital y otra entre el Valle del Tiétar y el Alberche (también hay una unidad móvil para Castilla y León para cuando hace falta). 
La situación de emergencia sanitaria ocasionada por la COVID-19, elevada a pandemia internacional por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo, está provocando una crisis sin precedentes en la historia reciente española y europea, con amplias repercusiones en la movilidad y en la actividad económica. Fruto de la declaración del estado de alarma por Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, que de momento sigue prorrogado, se han venido adoptando medidas de restricción de circulación de las personas que han derivado en una reducción drástica y generalizada del transporte y, en menor medida, de la actividad industrial y la generación de electricidad, fuentes principales de la emisión de los contaminantes a la atmósfera.

Frente a esto, también se ha producido otro fenómeno que hay que destacar, y es el de la aparición de partículas en suspensión por el llamado «polvo del desierto», una circunstancia que se ha producido en la provincia sobre todo en el mes de marzo y que se ha ido reduciendo con el paso de las semanas, hasta la primera quincena de abril.