La magia del interés compuesto

Carlos Cuesta (spc)
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Las inversiones a largo plazo son la mejor forma de asegurar altas rentabilidades en las ganancias del ahorro, a las que se deben sumar los beneficios que van obteniendo, con el objetivo de consolidar un capital

La magia del interés compuesto

La mayor parte de las personas cometen dos errores a la hora de gestionar sus ahorros. En primer lugar, consideran que invertir en valores, fondos o productos financieros es muy complicado y que solo los más cualificados son capaces de obtener beneficios y, en segundo lugar, aunque les parezca algo razonable, les invade la pereza y piensan en dejarlo para más adelante, para cuanto tengan más dinero acumulado, para cuando se lo pueda permitir mejor o para cuando ya tengan la mayoría de las cosas que desean.
En el primer contexto, hay que reconocer que un buen asesoramiento de verdaderos profesionales siempre es mejor que la intuición personal o las fórmulas milagro que a menudo se escuchan en redes sociales o en los medios de comunicación. Sin embargo, lo más importante es la actitud, buscar una rentabilidad al dinero que se puede apartar a final de mes, aunque sean pequeñas cantidades.
En cuanto a la pereza del ahorrador, los economistas la consideran como el peor enemigo, puesto que nunca encuentra el momento oportuno y casi siempre deja pasar grandes oportunidades.
Lo que es cierto es que todo inversor busca obtener la máxima rentabilidad de un capital mediante los mejores y los valores más atractivos del mercado.
En este escenario, los inversores distinguen entre el interés simple y el compuesto dentro de lo que es también la tasa fija y variable. El primero es, simplemente, el beneficio que se obtiene poniendo un capital a un tiempo determinado. Así, si, por ejemplo, una persona deposita 1.000 euros a un interés del 10% y a 10 años, cada 12 meses recibe 100 euros y al cabo de una década tendrá un total de 2.000 euros.
En el interés compuesto la fórmula funciona de forma diferente, ya que con el mismo capital, interés y plazo hay que ir sumando el beneficio anual a la cantidad inicial. Así, con el mismo ejemplo de los 1.000 euros, señalar que con los 100 euros del 10% de rendimiento del primer año, se suman y ya son 1.100 euros que el segundo año consolidan ya un capital de 1.221, el tercero 1.330 y así se va acumulando hasta el décimo año que resulta una cifra de 2.600 euros, es decir un 60% más de rentabilidad que con el interés simple. Decía Albert Einstein que la fórmula del interés compuesto es «un secreto muy bien guardado» y «la fuerza más poderosa de la galaxia». 
La percepción es difícil de ver para la gran mayoría de las personas que no son inversores, pero la realidad es que genera una gran ganancia, que inversores como Warren Buffet han sabido aprovechar. En 1965 comenzó su trayectoria con la empresa Berkshire Hathaway en la que con 10.000 dólares compró 808 acciones que a día de hoy valen 240 millones de dólares con una rentabilidad anual del 20,9%.
Los dos variables más importantes en este concepto son el interés y el tiempo. Así, por ejemplo, si una persona a los 18 años empieza con pequeñas inversiones de unos 1.000 euros al año, y durante nueve años acumula un capital de 9.000 y hasta que no se jubile a los 60 años no hace ninguna aportación más y obtiene una rentabilidad media de un 10% acabaría con un capital de 382.000 euros que deducidos los 9.000 iniciales significa una ganancia de 372.000 de intereses.
Respecto al interés, hay es donde los mejores profesionales pueden asesorar sobre los productos más rentables que generalmente dependen del riesgo que el inversor quiera asumir. Las mayores ganancias se obtienen en períodos largos de 20, 30 o 40 años que pueden acumular fácilmente dividendos de un 15%, un 20% o más.
El clásico ejemplo que se pone en las facultades de Economía es el del tablero de ajedrez, de 64 cuadros. Si se le hiciera a una persona una propuesta laboral temporal de 31 días en la que el primer día le pagaran un céntimo, el segundo dos, el tercero cuatro, el cuarto ocho, y así hasta el día 31, casi seguro que el 99% rechazaría esta oferta que le hubiera supuesto el último día ganar 10.737.418,24 euros a los que hay que sumar los 30 días anteriores, que supondría una cifra total de 20 millones de euros.
El elemento que motiva a los ahorradores a mover su dinero es la inflación que se pude de decir que genera el mismo efecto que el interés compuesto pero a la inversa, es la cara b. Para entenderlo, se puede analizar el valor de un coche Mini comprado en 1970 por una valor 90.000 pesetas, unos 540 euros, y que hoy en día tiene un valor de 20.552 euros, 38 veces más.
Los economistas señalan que cuanto antes se decida una persona a invertir mejor. «El mejor momento para invertir fue hace 10, 20 años y el segundo hoy. Si no se empezó hace 10 años hay que hacerlo hoy».
Por eso, siempre recomiendan invertir en beneficio de los hijos , por que ellos, tienen la posibilidad de lucrarse de esos períodos de tiempo largos y altas rentabilidades.
Aunque no todos los bienes son buenos, los valores bursátiles, los productos financieros, una vivienda o una finca, por ejemplo, son excelentes formas para asegurar rentabilidades de futuro.