El juicio por el crimen de Arévalo, a la espera de veredicto

B.M
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El juicio por el crimen de Arévalo, a la espera de veredicto - Foto: Belén González

La tercera sesión del juicio por la muerte de Mónica Berlanas, en el que se juzga a quien fuera su pareja J.F.G., concluyó este miércoles con las conclusiones de las partes. Se siguen moviendo entre homicidio y asesinato

El juicio que se ha celebrado desde este lunes por el crimen de Mónica Berlanas, en octubre de 2016 en Arévalo y en el que se juzga al que fuera su pareja, J.F.G., quedó a la espera del veredicto por parte del jurado una vez que las partes realizaron sus conclusiones finales. En ellas, aunque con algunos cambios, se siguen moviendo entre el delito de asesinato y el de homicidio.
En el caso del fiscal, modificó su petición inicial que dejó en 23 años por asesinato (quita uno porque no considera ensañamiento) y otros dos por maltrato hacia la hija. Por su parte las acusaciones, tanto la particular como la popular, siguen pidiendo 25 años por asesinato con ensañamiento mientras que la defensa mantiene que fue homicidio.
El caso se cerró con el derecho del acusado a hablar, que esta vez sí que ejerció, y que comenzó hablando de «aspectos técnicos», en sus palabras, para explicar algunos aspectos que se habían tratado en el juicio sobre si tenía llaves de la vivienda, si bajó la persiana o si se rompió un manillar en un forcejeo y que influyen en las característica de lo que sucedió. Tras señalar que estaba «nervioso», afirmó, en lo que consideró la parte sentimental, que mantuvo una discusión con su mujer en la calle, que luego subieron a su domicilio y que en un momento dado escuchó por el manos libres una conversación de su mujer con su hermana en la que esta última le decía que su «marido es una escoria social» y «explosivamente fue a despertar» a la niña y le dijo que se marchaban tras lo cual, según su versión, Mónica le dijo que no se iba a llevar a las niñas ni las iba a volver a ver. Entonces «perdimos el control», aseguró, y tras eso dijo que no se acuerda de más. Aprovechó además para «pedir públicamente perdón» a su esposa, hijas, suegros, cuñada y a «todo el mundo al que he amargado la vida», a sus padres y a la sociedad. Terminó afirmando que no sabía qué pasó aquel día y que lo sentía «muchísimo».
El fiscal, en sus conclusiones, insistió en que el acusado tenía el «absoluto control de todo lo que hacía» la víctima por lo que habló de que sufría malos tratos psíquicos. Después procedió a recordar los hechos ocurridos ese 6 de octubre y que derivaron en la muerte de Mónica Berlanas e insistió en que «tenía intención de matarla» y recalcó que por ello se colocó a su espalda a la hora del acto que causó la muerte al ser degollada con un cuchillo. Para el fiscal fue «una forma de ajusticiarla» y insistió en la presencia de su hija en ese momento, de ahí su petición de maltrato porque la niña es «un sujeto más y merece protección». Insistió en que existe alevosía, de ahí que lo considere asesinato, destacando que la víctima no podía esperarse que la «fuera a cortar el cuello, además de encontrarse en el domicilio familiar y que ella no se pudo defender de forma útil para evitar el resultado final. A ello añadió los agravantes de parentesco y género.
La acusación particular y la popular, ejercida por la asociación Clara Campoamor, coincidieron en calificarlo de asesinato pero piden 25 años de pena. En ambos casos se mantiene la agravante de ensañamiento por las lesiones, también de cuchillo, que la víctima tenía en la cara. La acusación particular insistió en que «la alevosía parece clara» y también mantuvo las agravantes de género y parentesco, mientras que la popular destacó además que la víctima cayó «en una trampa mortal» y que hubo ensañamiento porque «él no para. No le importa». Destacó además que «ella tenía todo el derecho a hacer su vida y pagó con su vida ese ansia de libertad», porque hay que recordar que los hechos sucedieron cuando ella estaba comenzando una nueva relación sentimental y después de que el acusado mantuviera varias conversaciones, dos de ellas grabadas por él mismo y que se realizaron en el mismo día de los hechos, con la nueva pareja donde pedía explicaciones sobre esta relación.
También el Abogado del Estado consideró que era asesinato con alevosía.
Por parte de la defensa se pidió la nulidad de los informes médicos forenses donde se trata el estado psiquiátrico del acusado y que fueron el caballo de batalla de la segunda sesión así como la reproducción infográfica que se realizó sobre lo ocurrido. Además señaló que estuvo «cercenado» por muchas circunstancias el derecho de defensa.
En su tesis, lo que sucedió aquel día fue una pelea que ganó el acusado e indica que no hay ni alevosía ni ensañamiento y niega el agravante de género. Insistió además en «contradicciones de los testigos», en algún caso «patéticas», e insistió en que el delito era el de homicidio con atenuantes de confesión, arrepentimiento, celopatía o arrebato y obcecación. Esta obcecación llegó, dijo «por el temor de perder a sus hijas».
También  negó el delito de la maltrato de la menor, que señala que no vio el acto.