De la prevención y la información a situación de emergencia

A.S.G.
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Ayuntamiento de Ávila y Diputación Provincial fueron adaptando sus decisiones ante el aumento del alcance de la crisis sanitaria

De la prevención y la información a situación de emergencia - Foto: David Castro

Como una cascada que se precipita a toda velocidad, se precipitaron los acontecimientos en apenas una semana. En apenas unas horas todo dio un giro radical. Y con ello el cariz de las medidas que todas las instituciones tuvieron que tomar.De arriba, abajo, de las más altas instancias a las más pequeñas, pero todas con el compromiso de la necesidad de trabajar unidas. Subió el nivel de la crisis sanitaria y tuvieron que remangarse las instituciones de Ávila, Ayuntamiento y Diputación, que con el paso de los días e incluso de las horas, empujadas por la gravedad que iban tomando los acontecimientos, fueron ampliando no sólo el abanico de sus medidas sino el alcance y relevancia de las mismas. Lo que arrancó con mensajes de prevención e información a la población llevó a decisiones más drásticas. Del cierre de los espacios públicos al cese de las actividades propias y ajenas, de la necesidad de asegurar los servicios esenciales a sumar su compromiso institucional tras la declaración de un Estado de Alarma que lo cambió todo. Ávila incluida, que acabaría declarando la situación de emergencia.   
Todo empezó un martes 10 de marzo. Con todo lo que ha pasado se ve lejano, pero ni siquiera nos separan de esa fecha quince días. Por primera vez en la crisis del coronavirus comparecía Pedro Sánchez. Hasta entonces el Covid-19 parecía quedar muy lejos, pero ya lo teníamos en casa. España debía tomar medidas más drásticas frente al coronavirus y Ávila no le era ajena. La Diputación Provincial no quiso perder un segundo. Constituía una mesa de trabajo desde la que gestionar y dirigir las actuaciones de la Diputación Provincial mirando con especial atención al Centro Infantas Elena y Cristina. Como la institución provincial, el Ayuntamiento de Ávila y su Mesa de Seguridad y Salud. Todo se movía entre la prudencia, la preocupación, la prevención y la información cuando se conoció que Ávila ya tenía su primer caso positivo. La Organización Mundial de la Salud subía por entonces el nivel a pandemia. 
La actividad cultural, social y deportiva empezaba a echar el cierre y todas las administraciones con presencia en Ávila se sentaban a la misma mesa para coordinarse. José Francisco Hernández Herrero, delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila, José Manuel Sánchez Cabrera, alcalde de Ávila, Carlos García, presidente de la Diputación Provincial, y Arturo Barral, subdelegado del Gobierno, mostraban la voluntad y necesidad de coordinarse. 
La crisis sanitaria iba en aumento y el Ayuntamiento de Ávila, por unanimidad, decidía en Junta de Gobierno ‘cerrar’ la ciudad. Se cerraron las bibliotecas municipales Posada de la Feria, José Jiménez Lozano y Olegario González de Cardedal, la piscina municipal del Manuel Sánchez Granado, el Centro Integral de Mayores Jesús Jiménez Bustos y el centro juvenil El Refugio. Se tomaba la decisión de suspender todas las actividades deportivas organizadas por el Ayuntamiento en espacios municipales, incluidos los Juegos Escolares, así como el mercado de los viernes en el Mercado Chico y el mercadillo de los aledaños de la plaza de Toros, todo tipo de cursos, conferencias, talleres o exposiciones, así como se prohibía la suspensión de cualquier evento con gran afluencia de público. Desde la Diputación el camino era similar. Se suspendían todas las actividades, como los Juegos Escolares en la Provincia, el Bibliobús, al Institución Gran Duque de Alba, Naturávila... Poco a poco la ciudad y su provincia empezaban a colgar el cartel de ‘cerrado’. En todos los municipios el camino era similar. Se suspendía la actividad de puertas hacia afuera y se minimizaba la actividad políticas de puertas hacia adentro. Todo por limitar el contacto, dentro y fuera.  
Aún no se había declarado el Estado de Alarma. Llegaría el viernes 13 de mayo. Una comparecencia histórica. Por segunda vez en la democracia –la primera fue en 2010 durante la huelga de controladores aéreos–  se declaraba el Estado de Alarma. Y aunque las medidas concretas no se explicaron hasta el día siguiente, tanto Jesús Manuel Sánchez Cabrera, alcalde de Ávila, como Carlos García, presidente de la Diputación, lanzaron sendos mensajes a los ciudadanos. Si el primero incidió en la necesidad de «seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias», el segundo dejó claro su «compromiso, solidaridad y responsabilidad» en estos momentos. Eso sí, ambos se ponían a disposición del ejecutivo central y ambos apelaban a la responsabilidad de los ciudadanos. «Entre todos conseguiremos superar este reto» quisieron recordar. Sería el primero, pero no el último mensaje.
Por entonces Ávila ya tenía tres casos confirmados y aunque el día anterior ya se habían decretado medidas importantes, avanzarían un paso más. Se suspendía el transporte urbano –salvo para el personal sanitario– y se cerraban las ludotecas, escuelas municipales, San Francisco, la guardería Machucana, El Episcopio, el albergue de peregrinos, los parques infantiles, Superunda, los Hornos Postmedievales, las Tenerías o la Muralla. La actividad en la ciudad y la provincia, al mínimo. Hasta la justicia paraba. Javier García Encinar, presidente de la Audiencia Provincial de Ávila, tomaba la decisión de suspender toda actividad con excepción de las actividades judiciales de urgencia. En casa ya estaban los 23.249 alumnos abulenses tras cerrar sus puertas los colegios. La USAL y la UCAV tuvieron que poner fin a su actividad presencial, que no online. Lo mismo hizo el Ejército en el Archivo General y el Museo de Intendencia, cerrados al público. Y cerrada quedó la Escuela Nacional de Policía, que mandó a casa a sus 3.500 alumnos. 
Se garantizaron los servicios básicos. Aqualia aseguró los estándares de calidad del agua. Algo similar ocurría con el servicio de recogida de basuras, que gestiona FCC, aunque bajo protocolos especiales. 
Y con la ciudad al ‘ralentí’ y el Estado de Alarma decretado, Ávila se quedó en casa. Sólo los supermercados y tiendas de alimentación quedaron abiertas. La obligación del ciudadano pasaba ahora por permanecer en casa. Correos reducía su horario, el Gobierno amplió la validez del DNI, la Jefatura de Tráfico concedió la posibilidad de conducir con el carné caducado y los Centros de Inspección Técnica de Vehículos –Ávila y Arévalo– cerraron, concediendo una moratoria en caso de caducidad. No había motivos para moverse. Y en movilidad, y siguiendo el consejo de la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento decidió suspender la ORA. Defendió su mantenimiento, pero finalmente optó por suspenderla. Ávila amanecía bajo la nieve, pero quedó en una mera anécdota. Ayuntamiento y Diputación se centraban entonces en la preparación de planes de desinfección de viales, puntos vulnerables y baldeos de municipios con hipoclorito sódico. 
Paso a paso, medida a medida, día a día en un escenario que cambió y cambiará hora a hora. Porque así es la realidad de esta crisis, en la que instituciones como el Ayuntamiento de Ávila y la Diputación Provincial han tenido que remangarse.