El Covid-19 lo frena todo

A.S.G.
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La actividad económica en Ávila y provincia se reduce al máximo. Apenas Ornua sostiene su actividad ante la llegada de pedidos. El sector de la alimentación y el transporte mantiene sus puertas abiertas. La hostelería se anticipa al cierre obligado

El Covid-19 lo frena todo - Foto: David Castro

Ha sido el tejido económico, laboral, comercial y empresarial uno de los sectores más castigados por la crisis sanitaria del Covid-19 desde primero momento. Con el Estado de Alarma llegó el cierre de los pequeños  y grandes negocios, la paralización de la producción y la reducción al mínimo de la actividad en los polígonos industriales. Y con la caída de la producción, los ERTEs. Acción y reacción en el mercado laboral en una ciudad y provincia que, como en otras tantas, ya sufre las primeras consecuecias derivadas de la crisis del coronavirus. Porque la actividad ha quedado reducida a poco más que la que desarrollada por supermercados, establecimientos de alimentación, farmacias, estaciones de servicio, entidades financieras, algunos talleres y estancos, que durante estos primeros días han permanecido con sus puertas abiertas con un sentido que en ocasiones va más allá del propio aspecto comercial y adquieren por la situación un carácter de servicio público. Han sido días en las que muchas empresas han echado el cierre temporal, otras lo harán en los próximos. Paró Nissan, paró Plastic Omnium y la semana se cerraba en la provincia de Ávila con 1.664 trabajadores afectados por un Expediente de Regulación de Empleo. Pero frente a esta realidad, la de otras empresas que, por su condición, pudieron apostar por el teletrabajo. 
La crisis del coronavirus lo ha trastocado todo, desde la forma de convivir a la forma de trabajar. El decreto de medidas urgentes para hacer frente al Covid-19 impuso a las empresas la obligación de enviar a sus trabajadores a trabajar a casa, desde donde muchos abulenses desarrollan ahora su actividad de manera telemática con el fin de buscar la máxima seguridad de sus trabajadores y clientes. 
Han sido días en los que el trabajo presencial ha quedado reducido a la máxima expresión. El polígono industrial de Vicolozano se vació. El presidente de la Asociación de Empresarios del polígono industrial de Vicolozano, Miguel Ángel del Monte, reconocía tras decretarse el estado de alarma cómo las empresas no dudaron en respetar el cierre. «Se aprecia muy poco movimiento» decía con la llegada del decreto. En el polígono industrial de Las Hervencias la visión era similar. Apenas mantenían abiertas sus puertas almacenes de alimentos y estaciones de servicios. El resto de naves, cerradas. Aguantan, eso sí, algunos talleres aunque con la duda del hasta cuándo. Porque el temor a la falta de suministro de material planea desde el inicio.  
Tras los cierres, la preocupación entre los empresarios era desde el inicio una evidencia. «Los empresarios son conscientes de las enormes pérdidas que van a sufrir y algunos se van a quedar por el camino» señalaba Javier Marfull, secretario de las Federaciones y Asociaciones de Confae, antes de las medidas anunciadas por el Gobierno aunque ya consciente de lo que anticipa el panorama actual. 
Y si en el polígono de Las Hervencias Nissan paralizó su producción –una media «razonable y acertada» reconocía Felipe González, presidente del comité de empresa, dado que «lo primero es garantizar la salud de los trabajadores y de su familia»– en el polígono de Arévalo lo hacía la planta de Plastic Omnium, la empresa más importante de la provincia por número de trabajadores. Cerraron las dos más grandes y tras ellas las más pequeñas. Pero en el polígono de Vicolozano aguanta aún su actividad Ornua, la empresa de alimentación donde actualmente trabajan 115 trabajadores. Según señalaba Antonio del Río, representante de los trabajadores, a la fábrica siguen llegando pedidos. Eso sí, para atender la demanda y seguir desarrollando el trabajo se han tomado estrictas medidas de seguridad y limpipieza, llevando a cabo constantes desinfecciones. 
Responsabilidad es la palabra que mejor puede definir la actitud que en Ávila han tomado sectores como la hostelería, comercio y servicios respondiendo a la situación. No necesitaron que les ordenaran echar el cierre. Se adelantaron. La hostelería nocturna fue una de las primeras en dar ejemplo. Establecimientos como el Delicatessen, Cáramel, La Rosa Negra, Castafiore,Carpe Diem, Stand By, Blablabla, Buda, Comecocos, La Rúa, Amadeus, Básico y El Garito se ponían de acuerdo para tomar medidas preventivas, «salvaguardar la integridad física de sus clientes y empleados». Echaban el cierre. Se unían restaurantes y hoteles, incluido con el paso de los días los dos paradores, el de Ávila y el de Gredos. Sólo algunos hoteles permanecían abiertos dado que en sus edificios se alojaban gente que se encontraba trabajando en estos momentos de crisis (personal sanitario, transportistas, miembros de las fuerzas o cuerpos de seguridad). Sin embargo poco a poco fueron cerrando. Sólo queda el Hostal La Estación, que aloja a trabajadores y personas vulnerables. Antes del jueves, y según la última orden del Gobierno, deberán echar el cierre. 
Los polígonos redujeron al mínimo su actividad y en los barrios tuvo que hacerlo el pequeño negocio, el de a pie de calle. Aguanta, eso sí, el sector de la alimentación, esencial. A las carnicerías, panaderías, fruterías y pescaderías siguen llegando clientes. Pocos, pero llegan. Lo hacen a establecimientos que en su mayoría lucen en sus puertas y escaparates la necesidad de guardar las distancias de seguridad. Algunas han limitado su aforo a un máximo de una persona en el interior y son muchas las que ofrecen el reparto a domicilio. Dentro despachan con sus mascarillas, parte ya de su atuendo, como el de sus clientes. 
Si en la hostelería la palabra que resume su actitud es responsablidad, en la construcción ha sido la de incertidumbre. El presidente de la Federación de Empresas de la Construcción y Obras Públicas de Ávila (Fecopa), Ladislao García Segovia, reconocía en estos primeros días de la crisis que su situación es «extraña», porque el Real Decreto de medidas urgentes del Covid-19 no contemplaba el cierre de las obras, sin embargo «los cuerpos de seguridad han instado a que la actividad parase» reconocía Ladislao en aquellas que seguían en marcha. No obstante son pocas las que se encuentran abiertas. La actividad en la construcción ha quedado prácticamente parada y la que se mantiene en marcha empieza a notar la falta de materiales.