«En Manila comienza mi experiencia con el coronavirus»

F.J. Rodríguez
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Dos familias abulenses reconocen las dificultades que pasaron para salir de Filipinas y de Vietnam, después de que les sorprendieran en estos países asiáticos la crisis mundial del coronavirus, en pleno período vacacional

«En Manila comienza mi experiencia con el coronavirus»

Esta situación de crisis mundial ha pillado a muchos abulenses en sus vacaciones viajando por distintos países del mundo y con las complicaciones sobrevenidas porque la situación era más que preocupante porque el tiempo corría y en muchos países se anunciaba el cierre de los espacios aéreos. En estas circunstancias no es fácil encontrar los  billetes de vuelta ante la demanda de cientos de europeos y americanos que pretendía también regresar. Este periódico ha podido contactar con dos familias abulenses que se han enfrentado en a esta situación en dos países asiáticos. Una, integrada por un matrimonio de mediana edad y otra por una pareja joven, con una niña de cuatro años. Los primeros se encontraban en Vietnam, mientras que los segundos disfrutaban de sus vacaciones en Filipinas. Los dos grupos ya están en España. Ambas familias han preferido mantener el anonimato, porque algunos de sus miembros son muy conocidos en la ciudad. Lo respetamos.
El testimonio de uno de los miembros de la familia, no tiene desperdicio: «Estamos a menos de 24 horas (las declaraciones se realizaron el pasado martes) de haber conseguido salir de la ciudad de Manila, en Filipinas. Todos tenemos una experiencia personal con todo esto y yo y mi familia la hemos empezado así,  en Manila. Pudimos llegar ayer lunes a las siete de la mañana, cuando llegó el vuelo a Barajas. Pudimos regresar porque reaccionamos, pero hubo gente que no reaccionó y se quedaron allí. Nosotros teníamos el vuelo de regreso el día 2 de abril».
Recuerda nuestro interlocutor que cuando llegaron a Manila  había confirmados 60 casos de coronavirus. Es un país de 110 millones de habitantes y con más de 7.000 islas.
La familia estaba alojada en  la isla de Palawan, una de las más grandes de Filipinas. «Por la noche estábamos leyendo la prensa y nos enteramos que el presidente Rodrigo Duterte acababa de hacer público un comunicado en el que daba 48 horas para quienes no estuvieran dentro de la ciudad de Manila en ese tiempo no pudieran salir ni entrar y quedaba confinados hasta el 14 de abril». «No teníamos billete de avión –prosigue el relato de su aventura– porque el regreso lo teníamos para el 2 de abril. Conseguimos encontrar un vuelo. Estábamos a seis horas en furgoneta para llegar al aeropuerto de Puerto Princesa, en la isla. Este aeropuerto era un auténtico caos: un montón de europeos tratando de abandonar la isla porque si no hacíamos nada íbamos a quedar confinados como mínimo hasta el 14 de abril. Conseguimos un vuelo y salimos de Puerto Princesa con dirección a Manila, a una hora y media de vuelo. Cuando llegamos a Manila ya estaba instalado el toque de queda. A las seis de la tarde ya no se podía circular. Manila es una ciudad caótica. Llegamos a un hotel que habíamos reservado para que fuera nuestra base de operaciones por si teníamos que quedarnos mas tiempo. Era muy complicado coger un vuelo de vuelta, porque nosotros lo teníamos el día 2 de abril. Afortunadamente hay un chico abulense también que vive en Manila. Lo conocíamos y conseguimos contactar con el. El estaba fuera de la capital, con lo que también tenía dificultades para poder regresar. Nos dio el contacto de otro español, un profesor de Granada, que  nos ayudó sin conocernos de nada. Es una muestra de solidaridad que cada día podemos ver ahora con todo esto. Nos dijo que estuviéramos tranquilos, que tratáramos de comprar un billete de avión. Era  también lo que nos insistían en la embajada  para que regresáramos en cuanto pudiéramos». 
A final consiguieron comprar un billete de avión para salir de Manila, vía Doha, capital de Catar. Pero se encontraron con otro problema una vez adquirido este billete: «llegar al aeropuerto en esta inmensa ciudad que es Manila. De por sí es difícil circular,  pero en una situación de caos lo era mucho más. De hecho, ya comenzaban a cerrar algunas de las ciudades que componen Manila. «Este chico se ofreció para sacarnos del hotel donde nos encontrábamos, que estaba como a unos 25 kilómetros del aeropuerto. Nos encontramos con controles militares, pero al final conseguimos llegar al aeropuerto y… estamos en casa». 
«Con nuestra cuarentena preceptiva, a pesar de que venimos de un lugar donde el que el índice de contagiados es infinitamente más bajo del que tenemos aquí»
Una experiencia para contar. Reconoce que el momento que vivieron en el aeropuerto de Puerto Princesa fue muy duro, «porque la gente se pegaba. Todo el mundo quería salir; todo el mundo quería coger un avión y la situación se complicaba al estar con tu familia, con una niña pequeña».
Vietnam. A otra familia abulense les sorprendió la crisis en Vietnam. En este caso se trata de un matrimonio de mediana edad, que también ha preferido mantener el anonimato habida cuenta que se trata de una familia muy conocida en la ciudad.
El paquete turístico en el que viajaba esta familia contemplaba acercarse hasta Vietnam, Camboya y Laos. Salieron de España el día 10  a las 3,30 horas de la tarde. Comentan que previamente habían llamado a la agencia española en la que habían contratado los pasajes, porque las noticias que comenzaban a generarse eran bastante alarmantes. Pero la agencia decidió continuar con el viaje, porque comentaban que había gente del grupo que se había adelantado ya desde otros puntos de España y había llegado a su destino a Hanoi y no había ningún problema. Llegaron el día 11 sobre la 1,30 horas de la tarde justo en el momento en el que la OMS realiza la declaración de pandemia, a las 6,30 de la tarde.  «Aquí fue cuando comenzó nuestra preocupación», comenta uno de los miembros de este matrimonio con el que este periódico pudo contactar 24 horas después de su llegada a España. «El seguro que suscribimos contempla una parte que dice que si la OMS declara una pandemia antes de iniciar el viaje, te reembolsan el dinero. Pero esto ha sido por una diferencia de horas. Además, Camboya cerró sus fronteras, con los cual no podíamos acercarnos a ese país, el segundo en nuestro destino. Laos, por otra parte,  nos obligaba a pasar una cuarentena de cuarenta días antes de entrar en el país, con lo que no podíamos salir de Vietnam». Indica también que el guía que los recibió en Hanoi les indicó que la cosa estaba fea y que había muchas actividades, como la visita de muchos de los monumentos, museos y sitios turísticos que no se podrían ver porque los estaban cerrando ya las autoridades vietnamitas. Esta situación ya se produjo el día 12. Ese día pretendía ir a la bahía de Halong. Pero se encontraron con el problema de que algún miembro de un grupo de diez turistas ingleses había dado positivo en el coronavirus y habían infectado a los barcos en los que se desplazaban y también al personal. Este desplazamiento tuvo que suspenderse, aunque al final consiguieron que les desplazaran  en autobús para que al menos pudieran ver este, aunque fuera desde este vehículo maravilloso paisaje de esta bahía.  «Allí tuvimos problemas –señalaba nuestra protagonista–. Éramos los únicos extranjeros y la gente nos miraba con mucho resquemor . No nos dejaban entrar en las tiendas, ni en los restaurantes. Nos sentíamos mal porque incluso un pescador cuando nos acercamos a la bahía a hacer fotos nos reprochó este acercamiento. Fue entonces cuando el guía nos pidió que regresáramos al autobús porque lo veía feo. Aquí ya vimos que iba a ser un viaje de desastre». Fue cuando su marido y ella optaron por llamar a la agencia de Barcelona Granvoyager, con la que habían contratado y reclamaron la repatriación porque «en esas condiciones y para estar por la calle o metidos en el hotel no era el viaje que habíamos contratad»”. Al final consiguieron los vuelos de regreso, pero tardaron unos días porque «estaba la cosa complicada». Pero hasta el día 17 de marzo no sabían si podían regresar o no. Habían pasado cuatro o cinco días. Formaban parte de un grupo de 21 personas, de su agencia y de otras. Se quejan del comportamiento de las agencias, en Vietnam tuvieron una mayorista que se encargaba de los viajes de tierra en Vietnam, Focus Asia, y de la que contrataron en España, de Barcelona Granvoyage. De hecho, se lamenta que muchos de sus compañeros, que esperaban que las agencias les buscaran un vuelo de regreso no lo hicieron porque no se lo habían reclamado. Al final, los miembros de su grupo fueron saliendo, aunque reconoce que algunos todavía quedaban en Vietnam otros en Doha, donde habían hecho escala. Ellos pudieran conseguir el vuelo de regreso porque lo habían reclamado a la agencia nada más darse cuenta de la situación. Al final llegaron a Ávila el pasado jueves. Algunos de sus compañeros pudieron regresar, pero pagando una cantidad ingente de dinero, que oscila entre los 500 y los 1.400 euros por pasaje, porque el valor de esos vuelos habían subido considerablemente al escasear los pasajes. «Lo que iba a ser un viaje maravilloso, que teníamos planeado desde hace tiempo, al final se convirtió en un dolor de cabeza y una tristeza impresionante, a parte de la pérdida económica que ha supuesto. Pelearemos para que nos devuelvan el dinero del viaje», señalaba la abulense con una gran decepción, pero ya en Ávila.