A Iglesias ya no le gusta el «jarabe democrático»

Agencias-SPC
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El vicepresidente tercero avisa que los escraches contra miembros del Ejecutivo que se están produciendo en los últimos días pueden volverse en contra de los políticos de la derecha

La Guardia Civil acordona un perímetro alrededor de la casa de Pablo Iglesias en Galapagar - Foto: Joaquin Corchero / Europa Press

Corría el año 2013 cuando un joven profesor de la Universidad Complutense de Madrid, casi desconocido para el gran público salvo por sus apariciones televisivas en tertulias políticas, defendía en su programa, Fort Apache, la legitimidad de los escraches contra políticos, que en aquella época se producían por todo el país, especialmente contra dirigentes del PP. Unas movilizaciones que tenían lugar incluso a las puertas de los domicilios familiares de los populares, como le ocurrió a la por entonces vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. «Los escraches son el jarabe democrático de los de abajo», sentenciaba Pablo Iglesias que aún no soñaba con alcanzar el poder -«asaltar el cielo»- con un partido, Podemos, que todavía no había nacido. Siete años más tarde, convertido ya en vicepresidente del Ejecutivo, el líder morado parece que ha cambiado de opinión tras probar el sabor amargo de ese «jarabe».
«Creo que esto es malo, que esto hay que evitarlo. El problema es que esto se puede generalizar y esto va a terminar ocurriéndole a otros líderes políticos. Hoy es gente de derechas manifestándose en la puerta de mi casa. Mañana será gente de izquierdas enfrente del apartamento de Ayuso, de la casa de los Espinosa de los Monteros, de la casa de Abascal...», avisó ayer el número tres del Gobierno. 
Tras estas declaraciones, el presidente de Vox, Santiago Abascal, contestó a Iglesias con un duro mensaje en Twitter: «La amenaza es tu forma de hacer política. Antes como antisistema y ahora como vicepresidente, pero has sido tú y solo tú el que se ha dedicado a promover los escraches domiciliarios. Actúas como un matón y como un criminal. Ya que prefieres ejercer de matón, como has hecho tantos años, en vez de como vicepresidente de todos los españoles, al menos no mandes sicarios. Ven tú». También el portavoz de la formación derechista, Iván Espinosa de los Monteros, responsabilizó al líder de Podemos de lo que pueda suceder en sus domicilios.

 

Vallas contra la protesta

Horas después de este cruce de palabras,  grupos de ciudadanos intentaron congregarse frente a la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero en el municipio madrileño de Galapagar para protestar también contra el Ejecutivo, pero la Guardia Civil se lo impidió al reforzar el perímetro donde se ubica la vivienda del vicepresidente segundo del Gobierno, con la colocación de vallas y el acceso limitado únicamente a residentes.
La manifestación se esperaba, ya que el chalé que el líder de Podemos y la ministra tienen en la urbanización La Navata de Galapagar ha sido objeto en los últimos días de las protestas llevadas a cabo contra el Gobierno por la gestión de la pandemia.
Decenas de ciudadanos  se concentraron también ayer a las puertas del domicilio del ministro de Transportes y de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, mientras el PSE-EE denunció un ataque contra la vivienda de la líder de los socialistas vascos, Idoia Mendia, donde desconocidos arrojaron pintura roja y pasquines con la palabra «asesinos» y proclamas en favor del preso de ETA Patxi Ruiz, condenado por asesinar al concejal de UPN en Pamplona Tomás Caballero.
La crispación amenaza con aumentar aún más, ya que los sectores más radicales de la izquierda se podrían estar organizando para responder a los críticos del Ejecutivo en la calle. De momento, el primer acto de desafío está programado para hoy a mediodía frente al Congreso. Una concentración que ha sido prohibida por razones sanitarias por la Delegación del Gobierno, pero que sigue en pie a través de las redes sociales.
Después de más de 60 días con el estado de alarma vigente, los alivios del desconfinamiento han lugar a estas movilizaciones ciudadanas en protesta por la gestión del Gobierno en la crisis de coronavirus. Lo que empezó como una cacerolada en la calle Núñez de Balboa de Madrid, que fue ridiculizada en las redes sociales y también por algunos dirigentes políticos al tratarse del barrio de Salamanca, se ha ido expandiendo por muchas ciudades españolas.