Sonsoles Sánchez-Reyes evoca la Pasión desde la Resurrección

B.M
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Con una perspectiva diferente, la pregonera habló de la Semana Santa abulense con un discurso lleno de lirismo y que pone el acento en el esfuerzo y la ilusión

Sonsoles Sánchez-Reyes evoca la Pasión desde la Resurrección

Sonsoles Sánchez-Reyes, teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Ávila, llevó el alma de la Semana Santa de Ávila a Valladolid donde pregonó la Pasión abulense con un cambio de perspectiva, comenzando por la Resurrección y caminando hacia atrás por las procesiones abulenses con un discurso lleno de lirismo que terminó cerrando el círculo con un reconocimiento al esfuerzo «de miles de personas, el trabajo silencioso, la ilusión contenida y la espera paciente» de los abulenses para preparar cada año la Semana Santa.
En el acto estaba previsto contar con la presencia de la cabeza de lista del PP al Congreso por Ávila, Alicia García.
La pregonera tuvo palabras de profundo reconocimiento para  la expresión de la Pasión de Valladolid, pero señaló que ella iba a presentar la «Semana Santa de mi corazón: la Semana Santa de Ávila». De ahí su agradecimiento por poder hablar de la que está unida a sus recuerdos de infancia, como lo está para muchos niños abulenses la procesión de la Borriquilla la que «todos vimos de niños de la mano de nuestros abuelos».
«Uno de los mayores orgullos es ser pregonera de tu tierra», explicaba Sonsoles Sánchez-Reyes antes de comenzar su pregón, señalando  que es un «placer difícilmente explicable» que este año planteó con un recorrido diferente, como si fuera a comenzar en esta ocasión evocando sus últimas palabras del pregón que el pasado año pronunció en Madrid y marchara hacia atrás, en un sentido inverso que se inicia «con la parte más importante, la Resurrección, el Domingo con el acontecimiento gozoso que da luz a lo anterior».
Así lo diría en el propio pregón, donde habló de esa Ávila que es una  «Jerusalén en medio de Castilla. Jalonada de templos, de empinadas y retorcidas cuestas, rodeada de imponentes murallas y piedras que son el ‘fuego cristalizado’ del que nos habló Miguel de Unamuno».
Y por ello comenzó con el final, cuando «despunta el alba» del domingo y «en Ávila Dios resucita entre los más sencillos». Es entonces cuando Ávila «comprende por fin, con claridad, por qué siente de esa manera tan especial, tan genuina y tan honda la Semana Santa: Ávila tiene vocación de ser eterna y de elevarse hasta el cielo». 
Pero «sólo unas horas antes todo era negrura y desesperación». La que se vive en el Sábado Santo con una «calma extraña», con la Soledad, «la soledad de los ancianos a los que aparta, la soledad de las mujeres rotas, la de los hombres expulsados del mercado laboral, la soledad de los niños que se hacen preguntas que nunca deberían hacerse».
Y con ese recorrido hacia el inicio «Ávila grita en silencio» el Viernes Santo, pasa por el Sermón de las Siete Palabras o el viacrucis que «recorre la Muralla como si rezase un gigantesco rosario de los que las cuentas fueran sus torreones». También el Jueves Santo en el «día del amor fraterno», la Vera Cruz que «pone en las viejas calles de Ávila una auténtica catequesis», la Madrugada, el Miércoles Santo que recuerda que «Ávila tiene un espigón de piedra, donde baten las olas de la fe, y un faro que nos guía en la búsqueda de la esencia de la Semana Santa». Y el Martes con Medinaceli al que invita a «sostenerle la mirada» o los días anteriores  con todo el simbolismo, en encuentro ente «la Esperanza y la ilusión» cuando «los relojes se paran y Ávila enmudece ante el sonido rasgado de las cornetas y el retumbar de los tambores».
O el propio Domingo de Ramos con su Borriquilla, el Sábado de los Estudiantes, que invitan al diálogo entre «la Fe y la Razón», y el Viernes de Dolores, con el que se lega «al principio, que es el final».  Y de ahí se termina con la ilusión y el trabajo de los meses anteriores a la Semana Santa cuando se deja ver «el alma de una ciudad que mira al cielo eternamente».