Un aplauso que viaja en un folio

M.M.G.
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La librera Gemma Orgaz publica en Facebook un mensaje de apoyo a su vecina sanitaria y se viraliza con más de 18.000 compartidos

Un aplauso que viaja en un folio

La he vuelto a liar», nos dice entre risas al otro lado del teléfono. Ella es Gemma Orgaz, copropietaria de la Librería Letras y la autora de un cartel que ha dado ya la vuelta al país y cuya imagen se ha viralizado en redes sociales.
Y no precisamente porque estemos hablando de una obra de arte. Hablamos de un folio normal y corriente y escrito de arriba a abajo. Como tantos otros. Como muchos de los que acaban cada día en el contenedor de reciclaje.
Lo importante de ese folio es el mensaje que lleva en él: un mensaje de ánimo, de esperanza, de buena vecindad, de ayuda y de «buen rollo», en sus palabras.
Puede que lo hayan visto en sus cuentas de Facebook. Si no, lo están viendo ahora al leer estas líneas. En ese cartel, Gemma quiso mostrar su apoyo a Rosa, su vecina del chalet 4 (ella vive en el 7), y que es técnico de radiodiagnóstico en el Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles. Vamos, que está, como recuerda Gemma en su nota, «en primera línea», trabajando cada día con personas afectadas por coronavirus.
Con sus palabras, Gemma se ofrece a hacerle la compra. Incluso a limpiarle la casa («además, ahora se ha hecho un esguince y está la mujer fastidiada», descubre Gemma). Y va más allá al hacerle saber que nunca se le ocurriría rociarle su camino hasta casa «de nada que no sean pétalos de rosas y aplausos». Porque Gemma estaba «harta» de ver en redes esos carteles de personas menos consideradas que piden a sus vecinos médicos, enfermeros o cajeros de supermercado que no regresen a sus casas por el hecho de poder contagiarles.
Asqueada ante tanta insensibilidad, Gemma se animó a lanzar ese mensaje a Rosa. «Si lo colgué en Facebook fue porque el día que puse el cartel diluvió y quería asegurarme de que lo viera», continúa Gemma con su relato. Lo que no pensó jamas (incluso a pesar de que en su texto animaba a todos sus amigos a compartir su publicación y a hacer lo mismo con los vecinos que se pudieran encontrar en idéntica situación que Rosa) es que el tema iba a escaparse tanto de sus manos. «Cuando me acosté (por el martes) tenía cien ‘likes’ y al despertarme el miércoles se había compartido ya casi 3.000 veces», dice con pudor esta conocida librera, que al final del día alucinaba al comprobar que esos compartidos superaban los 18.000.
Lo hace con la sonrisa que regala detrás de su mascarilla a aquellos que en horario de mañana se acercan a su tienda a comprar. Moviendo Roma con Santiago para confeccionar máscaras protectoras. O con ingeniosos videos en los que, a través de los títulos de su biblioteca particular, manda ánimos a sus amigos y seguidores.
«Todos los días esperamos a que sean las ocho para salir a aplaudir, para poner música y para hablar con los mayores que tenemos cerca, aunque sea a voces», vuelve a reír Gemma, claro ejemplo de que el refrán ‘grano no hace granero, pero ayuda al compañero’ está hoy más vigente que nunca.
Si de algo se arrepiente Gemma es de no haber incluido en su ya famoso mensaje a otra vecina que, sospecha, es cajera en un supermercado. Espera poder trasladarle su agradecimiento pronto también. Y confía en que mucha gente siga su ejemplo. «No hace falta ser Cervantes», bromea sobre una iniciativa que como nos decía al comienzo de nuestra charla se ha convertido en un ‘nuevo lío’. Y es que hace unos meses, al comienzo del curso, Gemma publicó una reflexión sobre la cantidad de material escolar (mucho y con características demasiado cerradas) que los profesores pedían a los niños. Fueron miles los compartidos y muchos los medios de comunicación que se interesaron por su texto. Ahora espera no armar tanto jaleo.