"Lo más duro fue aupar a una niña de 12 años y notar sus huesos"

Javier Villahizán (SPC)
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"Lo más duro fue aupar a una niña de 12 años y notar sus hue

César Pérez, 39 años, es una de esas personas que da su vida por los demás. Eligió la Medicina y trabajar en el sector humanitario precisamente para transmitir esos valores de colaboración y de servicio hacia los otros. Desde que está en Médicos sin Fronteras (MSF) su existencia es distinta, se siente más pleno y satisfecho consigo mismo.
¿Cómo es ese viaje de ida para que un burgalés acabe en un hospital de MSF en el confín del mundo, en el Nilo Blanco, en la frontera con Sudán del Sur?
Estuve en un centro de salud en Madrid y de allí en seguida me apunte a MSF. Con ellos he trabajado en Sudán del Sur, República Centroafricana, Etiopía, La India, México, Palestina... Siempre tuve una inquietud por ayudar en una ONG. Sabía que quería aportar mi granito de arena en este sector.
¿Cómo es un campo de refugiados?
Es un espacio habilitado en un país para gente desplazada. Se trata de unas condiciones de vida muy duras porque en el desplazado no tienen nada, ni familia, ni casa, ni tierra que trabajar, ni tan siquiera agua. Además, las condiciones se alargan en el tiempo. 
Supongo que en ese contexto, el trabajo diario y la gestión de las emociones será complicado.
Para nosotros es un trabajo muy gratificante. Lo que son duras son las condiciones de vida de la gente allí. Hay un montón de plásticos, no hay suficientes letrinas, hay muchos mosquitos, y hay muchas enfermedades relacionadas con la higiene y la sobre población.
¿Cuáles son las enfermedades más habituales?
Respiratorias, tuberculosis, diarreas y malaria, de esta enfermedad podemos llegar a recibir a 1.000 pacientes al día.
¿Qué es lo más duro que ha visto?
Los casos de malnutrición. Siempre me han impresionado mucho, incluso más que los disparos que puedas oír en zonas de conflicto. Me acuerdo de una chica, tendría 12 o 13 años, fue cogerla en brazos y notar todos sus huesos. No te preparan para eso. Dan mucha pena los niños, porque están muchas veces tremendamente débiles; pero luego, cuando van cogiendo peso, juegan y sonríen, la alegría es inmensa.
Precisamente, lo más gratificante será ver que la gente sale adelante
Sí, pero también la lección que nos dan por salir de esas condiciones. Todos los días nos dan a nosotros un ejemplo de energía, resistencia y de ilusión por perseguir su sueño.
¿Cómo es su día a día?
Yo soy el coordinador del proyecto, entonces a veces hago la ronda con los médicos y otras asisto a reuniones con las autoridades locales para controlar posibles brotes de violencia sexual, controlar los suministros... El resto del día, fuera de la jornada laboral, no hay mucho que hacer, simplemente te juntas con otros compatriotas para jugar a algún deporte o charlar. 
¿Cómo son los turnos de libranza o de vacaciones?
Normalmente son misiones de seis o nueve meses y a  mitad de la misma disfrutas de una semana de vacaciones. Y luego, al final, coges el resto antes de ir a otro destino.
Cuando regresa a España, el choque de mentalidad tiene que ser muy fuerte, ¿no?
Antes era más. El shock puede ser mayor o menor dependiendo de las preocupaciones que haya en tu país, cosas que realmente importan a los ciudadanos o situaciones frívolas que no aportan nada.
¿Qué piensa su familia de su trabajo?
Mi madre dice que soy el hijo perfecto para otra madre. Mis padres comparten los mismos valores que yo y entienden muy bien porqué quiero irme fuera y ayudar. 
Después de esta misión, ¿qué?
Pues otra. Donde sea más necesario. No faltan propuestas.