"El trabajo que hizo el CNI en Irak no sirvió para nada"

Agencias
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Nunca quiso ser espía, según confiesa él mismo, pero tras décadas de trabajo en prensa, radio y televisión, Fernando Rueda se ha convertido en el mayor especialista español en temas relacionados con los Servicios de Inteligencia y el espionaje

"El trabajo que hizo el CNI en Irak no sirvió para nada" - Foto: María Traspaderne

El calendario marca que es 29 de noviembre de 2003. Alberto, Carlos, José, José Carlos, Pepe, Alfonso, Luis Ignacio y José Manuel acaban de terminar de almorzar en Bagdad (Irak) y se reparten entre un Nissan Patrol blanco y un Chevrolet Tahoe azul, que llevan los depósitos de combustible al máximo, para evitar paradas innecesarias por arriesgadas. Apenas una hora después de arrancar su camino, cuando el convoy se encuentra en las afueras de Latifiya, una lluvia de disparos cae sobre los dos coches, sin que aquellos agentes españoles del CNI tengan una sola opción de defenderse. En un momento de tregua, los supervivientes consiguen agruparse antes de que sus atacantes vuelvan a la carga e intentan avisar a la base de lo que está ocurriendo. Las balas vuelven a silbar a su alrededor y los hombres van cayendo muertos o malheridos. Los supervivientes deciden que José Manuel, el que parece tener heridas de menor gravedad, cruce la carretera en busca de ayuda, mientras los demás intentan protegerle con sus disparos. Llueven las patadas sobre él cuando se acerca a un grupo que ha contemplado el ataque a distancia hasta que un hombre, con la condición de notable entre los congregados, le saca de allí y le mete en un taxi para que regrese a Bagdad. Mientras se aleja puede ver el convoy que acaba de abandonar entre llamas..
Tres décadas empeñado en llegar al corazón de los servicios secretos españoles y una obsesión: desentrañar la mayor tragedia del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El periodista Fernando Rueda recrea en su nueva novela, Destrucción masiva, los sueños y frustraciones de los ocho espías españoles que en 2003 murieron en Irak, con la conclusión de que aquel atentado se pudo haber evitado.
Meses de trabajo de campo recorriendo España y entrevistando a las familias de cinco de ellos le sirvieron para comprender «quiénes eran y cómo vivían», y construir la «historia humana» de unos agentes tan «obsesionados» con sus trabajos como el propio Rueda lo estaba con su relato. Hasta el punto de que sintió la necesidad de escribir una novela de esas que cuesta soltar una vez empezada, porque traslada al lector a los entresijos de un momento clave en la historia reciente.


"El trabajo que hizo el CNI en Irak no sirvió para nada" - Foto: JOSÁ‰ VERICATSiete agentes fallecidos en una emboscada en Irak. ¿Pudo el CNI haber hecho algo para evitarlo?
Al CNI le pilla este acontecimiento con el pie cambiado. No tenían experiencia en desplegar agentes en una guerra con la misión de proteger a soldados españoles. Luego hubo una falta de reacción ante los problemas: los agentes estaban amenazados de muerte, sabían que la Mujabarat (los servicios secretos iraquíes) les tenía ganas... Tuvieron que tomar la decisión en la casa (como se refieren los propios agentes al CNI) de si los sacaban o los dejaban allí, y los dejaron.
Además, en aquel momento, no tenían unos protocolos acordes. Por ejemplo, en la guerra, los espías van con escolta. ¿Y por qué ellos ni siquiera llevan un coche blindado? Los teléfonos satélites no funcionaron. Fallaron muchas cosas. Una que falló claramente es competencia directa del CNI: todas las armas que llevaban eran pistolas. No se merecían esa improvisación. Desde el jefe directo de la misión en Madrid hasta el director, cometieron fallos garrafales de seguridad.


¿Cómo se portó con ellos el Gobierno de Aznar?
Hay una injusticia tremenda que se comete con ellos y es que todo el trabajo que hicieron no sirvió para nada porque teníamos un Gobierno y un presidente que prefería creer los informes falsos de la CIA y del MI6 que sus propios informes sobre las armas de destrucción masiva. Los agentes del CNI en Irak no tenían duda de que Sadam carecía de armas de destrucción masiva y no tenía relación con Bin Laden y el 11-S.
Cuando mueren, el Ejecutivo de Aznar estaba empeñado en no reconocer que aquello era una guerra y tuvo un gesto feísimo: no concederles la medalla que engrandece a un espía militar muerto en combate, la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo.


¿Cómo es la vida de un espía?
Tienen tendencia a no transferir información a las personas que les rodean, lo cual hace que su vida sea extraña. Para que un agente pueda sobrevivir en una relación tiene que encontrar una pareja que acepte que hay terrenos de tu vida que no va a comunicar. De hecho, el CNI es una de las empresas con un porcentaje de separaciones más alto.
Casi todos los agentes que he conocido en todos estos años están obsesionados con su trabajo. Todo lo que quieren es estar en la pomada... Es una casa muy competitiva y complicada.


Qué piensa del nombramiento de Paz Esteban como nueva jefa de los Servicios Secretos?
Es un gran avance que haya una mujer dirigiendo. Pero el espíritu del CNI es que el puesto de director lo tenga alguien de fuera para no dejarlo en manos de un espía y que aporte una visión distinta. Ahora se saltan esa norma y ponen a alguien de dentro. Esa decisión creo que es un error, la figura de alguien de fuera da mucha más transparencia.


¿En qué puede mejorar el CNI?
 Necesita más dinero y enfocarse más a las operaciones y menos al análisis. Hay que arriesgar y a veces el miedo a que te pillen haciendo determinadas cosas lleva al desastre. Por ejemplo, en el tema de Cataluña está claro que fracasaron y creo que fue porque no arriesgaron lo necesario por temor a que les descubrieran.