La Catedral acogió este domingo una doble ordenación de diáconos

Ana Agustín
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Ordenación de dos nuevos diáconos en la Catedral de Ávila. - Foto: Antonio Bartolomé

La celebración fue seguida por numerosos público y medio centenar de sacerdotes

Este domingo 8 de junio, día de Pentecostés, tuvo lugar una doble ordenación de diáconos en la Catedral de Ávila. Se trata de los hasta ahora seminaristas Hervé Plaza García y Antonio Jiménez Martín, quienes recibieron el sagrado orden del Diaconado de manos del obispo de la diócesis de Ávila, Jesús García Burillo, en una celebración que comenzó a las 18 horas,   seguida por numeroso público y a la que asistieron medio centenar de sacerdores de la diócesis de Ávila.
Antonio Jiménez acaba de cumplir 25 años esta misma semana. Según los datos facilitados por el Obispado de Ávila, este diácono es natural de Muñogalindo, donde fue educado en la fe desde pequeño con su familia y en su parroquia. Realizó sus estudios de Secundaria en Ávila capital, en el Instituto Jorge Santayana, y en el último año de Bachillerato comenzó a formar parte de la experiencia del Seminario en Familia, donde comenzó a plantearse en serio su vocación. De ahí, marchó a Salamanca, donde ha pasado estudiando los últimos siete años, y donde se acaba de licenciar en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia.
Hervé Plaza es un poco más mayor (tiene 29 años). Natural de Arenas de San Pedro, se trasladó cuando aún era niño a vivir en Baleares. Allí pasó su infancia y adolescencia, y perdió el contacto con la Iglesia. Pero, ya mayor, volvió a Ávila, donde retomó ese contacto, principalmente al residir en la residencia de estudiantes que tienen los dominicos en Santo Tomás. Comenzó entonces a plantearse su vocación sacerdotal, lo que le llevó a ponerse en contacto con el rector para poder acudir a estudiar también a Salamanca. Se da la circunstancia de que comenzó los estudios el mismo año que Antonio. Hervé lleva, además, dos años en Sotillo de La Adrada, colaborando con el párroco de esta localidad en la llamada «etapa pastoral», que forma parte del proceso vocacional. Y allí continuará por el momento, hasta que el obispo le comunique su nuevo cometido en la diócesis. Cabe recordar que la figura del diácono es muy importante en el seno de la Iglesia. Así se refleja en el Catecismo de la Iglesia Católica, cuando señala que «los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias «y entregarse a los diversos servicios de la caridad». Se distinguen claramente de los presbíteros en las celebraciones por sus vestiduras litúrgicas: la estola puesta al modo diaconal (es decir, cruzada en el cuerpo desde el hombro izquierdo y unida en el lado derecho, a la altura de la cintura) y, sobre ésta, la dalmática (vestidura cerrada con amplias mangas, utilizada sobre todo en las grandes celebraciones y solemnidades).