José María García López funde Ávila con Japón

D.C
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En 'Las grullas de Hokkaido', su último libro, habla de cómo un hombre mayor recuerda a una niña desaparecida

José María García López funde Ávila con Japón

El poeta y escritor abulense José María García López, autor de títulos tan reconocidos como El baile de los mamelucos y Pasolini o La noche de las luciérnagas, publicó hace unos meses el libro Las grullas de Hokkaido, una apuesta por una narrativa innovadora y llena de lirismo formada por una serie de relatos encadenados que pueden leerse de modo independiente o conjunto y que tienen como hilo conductor un a historia real, la de una niña desaparecida en Japón que es recordada y buscada por un hombre mayor a lo largo de quince años, para cada uno de los cuales ofrece uno de esos cuentos.
Para escribir este libro, explicó su autor, «he partido de un hecho real y de unas circunstancias personales y afectivas», después de «leer en la prensa dos o tres noticias sobre desapariciones en Japón de niños que mujeres japonesas tenían con padres de otras nacionalidades, en un momento en el que además Japón, como país nacionalista a ultranza que ha sido siempre, no ponía facilidades en absoluto para que volvieran los niños que se raptaban o se llevaban tranquilamente, y hay casos muy duros». Poco después, añadió el escritor, «Japón suscribió un acuerdo internacional en ese aspecto, pero puede ser papel mojado en muchos casos porque a lo mejor un juez dicta que puede visitar al hijo pero en Tokio dos o tres veces al año, y una persona que tiene que viajar a Japón lo mismo no tiene medios y puede hacerlo sólo una vez… o ninguna».
A pesar de la dureza del tema que trata, José María García ha destilado para este libro una prosa poética intensa y delicada, «quizás un poco más que en libros de narrativa anteriores, porque tiene esa cosa evocatoria de lo legendario, es poético, y tiene mucho de ese campo japonés melancólico, nostálgico y contemplativo, por eso sí creo que está en un estilo muy depurado, además de que si eres poeta se nota siempre mucho cuando escribes en prosa».
Sobre la estructura novedosa que da forma al libro, esos capítulos independientes al mismo tiempo que intercomunicados para que puedan leerse tanto de forma individual como formando un ‘todo’ muy coherente, comentó que «la tenía pensada porque yo quería hacer un libro así», un libro con «dos grandes retos».
El primero de esos retos, apuntó, era el de «escribir un libro japonés para un occidental, que es algo que nunca vas a conseguir por mucho eco que te hagas de historias que en su mayor parte son legendarias y se estudian en la escuela Japón. Yo, en cualquier caso, he realizado versiones diferentes haciendo un poco de émulo de Borges en Historias sobre la infamia, porque Borges cuenta una historia y ya no es esa historia sino su visión, y eso es lo que yo quería hacer».
segundo reto. El «otro reto» era escribir «un libro que fuese adaptable a un niño que ya pueda leer y que pueda entender las historias fantásticas y legendarias, y a partir de ahí, a lo largo de quince años, como si el narrador se lo contase a mí mismo para mantener un poco la historia sentimental de lo que significa para él Japón, ir madurando y hacer un relato para una mujer de 21 años».
Algunas de las historias que recrea el escritor abulense en este libro, explica, «son leyendas conocidas, como las del zorro o la brizna de paja, pero a las que he dado la vuelta para contarlas en versión un poco más adulta y con toques de ironía, aportando también un poco de escepticismo sobre creencias y actitudes semirreligiosas o fantásticas para darlas una explicación más racional, más occidental y de la época contemporánea». Por ese motivo, añadió, «el libro está cargado de simbolismo, que es una constante en mi, y hay también como una burla de todo ello, que no es demasiado potente pero sí descubres leyendo entre lineas comentarios de distanciamiento irónico. La grulla longeva es un símbolo de larga vida, y al mismo tiempo de que todo el sintoísmo es muy panteísta y en él animales como los zorros o los pájaros tienen un retorno, una vuelta con lo humano en la que late una gran conexión con el hombre».
El libro establece también una relación directa entre La Moraña abulense y Japón a través de las grullas que le dan título, una proximidad que nace del hecho de que José María García López es muy aficionado a las aves, y esa pasión ornitológica le ha llevado a descubrir «ciertos parecidos» entre las grullas de Hokkaido, «una atracción turística en un paisaje natural que nada tiene que ver con La Moraña, pero que sí revela similitudes en aspectos como la parada nupcial, el vuelo o los graznidos que las definen».
La historia que sustenta la novela, añade el escritor en su reflexión sobre el paralelismo establecido entre Ávila y Japón, «se me ocurrió un invierno que fui a ver las grullas a la laguna de El Oso,  poco a poco fui conectando con las de Hokkaido y pensé en hacer una traslación que es también una fantasía. Cuando el libro se cierra se explica todo ello muy bien, en un epílogo que es también un relato, a través de un final previsible pero sorprendente».


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