Una mañana repleta de juegos e ilusión

M.L.
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La mañana del 6 de enero vuelve a llenar los hogares y calles abulenses con la magia de los niños ante los regalos que Sus Majestades de Oriente han traído para los niños buenos

Una mañana repleta de juegos e ilusión - Foto: Ana I. Ramirez

Los tiempos cambian, pero hay cosas que siempre permanecen igual. ¿Quién no recuerda la ilusión con que, de pequeños, esperábamos la mañana del 6 de enero para abrir, a primera hora, los regalos depositados por los reyes Magos?

Esta ilusión seguía intacta, pese al paso de los años, este domingo en los hogares y calles abulenses. El 6 de enero de 2020 amaneció, como siempre, con los gritos de nerviosismo de los niños, que arrancaron sin piedad las cubiertas de regalo que envuelven sus nuevos juguetes, ansiosos por saber qué sorpresas les deparan los Reyes y cómo de cumplidores han estado con las peticiones que detallaron, hace semanas, en las cartas que les enviaron.

Los tiempos cambian, y los juguetes y costumbres de los niños ya no son los mismos. Si bien hace años era habitual ver, tras la noche más esperada del año, las calles llenas de infantes probando sus nuevos juguetes, hoy la pequeña juventud es más casera. Pocos niños salieron a presumir de sus nuevas propiedades por las calles de Ávila. Pero los que había, buena sonrisa tenían en la cara.

Asimismo, los regalos también han cambiado. Ya no hay tanta pelota, tanto muñeco o tantas armas de juguete. La tecnología ha llegado para quedarse, y los teléfonos, tablets, videoconsolas o juegos para las mismas son la tónica habitual de las nuevas generaciones. Y, claro, ¿quién necesita salir de casa para probar su nueva Play o su nuevo videojuego?

Sin embargo, los regalos más tradicionales no han desaparecido para nada. En los distintos parques de la ciudad había niños jugando al fútbol con sus flamantes nuevas pelotas. Los patinetes, bicicletas y demás vehículos adecuados para niños rodaban también por distintas vías abulenses.

La ropa siempre ha sido un valor seguro por parte de los Reyes a la hora de regalar a sus súbditos, y no eran pocos, ni niños ni adultos, los que paseaban por la ciudad luciendo las nuevas galas que Sus Majestades han traído desde oriente para mejorar nuestro sentido de la moda.

Los tiempos cambian, pero los niños no. Podrán cambiar los regalos, las familias o las ciudades, pero la mañana del 6 de enero siempre permanecerá como aquella en la que los niños desbordan a sus seres queridos con su ilusión. Que así siga por mucho tiempo.