El campo, en pie de guerra

Agencias
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El sector primario exige reequilibrar la cadena alimenticia con el fin de evitar abusos por parte de intermediarios, al tiempo que reclama precios por ley que cubran los costes de producción

El campo, en pie de guerra

El campo español ha organizado durante las últimas semanas varias movilizaciones en diferentes ciudades españolas para denunciar la crisis en la que está inmersa el sector, debido a la caída generalizada de los precios en origen. Desde las asociaciones agrarias se denuncian desequilibrios en la cadena alimentaria, aduciendo que el valor que genera no llega a los agricultores. Un ejemplo es la variación de precio que hay en origen y en destino.
De este modo, un kilo de patatas se compra al agricultor a 0,17 euros el kilo, mientras que se vende a una media de 1,25 euros, 7,35 veces más. Lo mismo ocurre con las cebollas, con 0,20 euros en origen frente a los 1,44 euros en el supermercado, según los datos facilitados por las organizaciones agrarias.
Por ello, una de las demandas de los agricultores y ganaderos es reequilibrar la cadena agroalimentaria con el fin de evitar los abusos que sufren, reclamando precios justos por ley que permitan cubrir los costes de producción. 
Sin embargo, el especialista en el sector de la alimentación y profesor de EAE Business School, Mariano Íñigo, explica que el problema del campo no está solo en los grandes hipermercados, como algunos puedan creer. Así, subraya que el 70% del total de la producción agrícola española se exporta, ya que el consumo interno es «del todo insuficiente» para asumirla.
Íñigo resalta que del 30% restante puede estimarse que cerca del 20% es comprado por la industria alimentaria española para su posterior transformación, de manera que el 10% del total es adquirido por la distribución nacional para su venta directa a los consumidores.
«Ante esta situación, responsabilizar a este último escalón de los problemas del sector primario por los precios de venta al público fijados resulta excesivo, aunque también es cierto que estos se sitúan en niveles tan bajos para determinados productos que en numerosas ocasiones se producen ventas a pérdidas, algo que ocurre muy especialmente en artíulos llamados gancho cuyos precios invitan a visitar los establecimientos para adquirir otros cuyas ventas permitan compensar las mencionadas pérdidas», subraya el profesor.
Respecto al problema en el campo, el experto señala distintas razones que provocan que los precios en origen sean tan bajos e impidan mejorar la renta agraria. Una de las más destacadas es la gran dispersión de la oferta. Íñigo afirma que la oferta, compuesta por un gran número de productores (en su mayoría de pequeño tamaño), hace frente a una cada vez mayor concentración de la demanda, sobre todo en lo que se refiere a la distribución. Ello hace que esta esté en una mejor posición a la hora de negociar los precios de adquisición presionándolos a la baja.
Otra cuestión es que la oferta no es exclusivamente nacional, sino que muchos productos provienen de terceros países cuyos costes de producción, y muy especialmente los laborales, son mucho más reducidos. A esto hay que añadir que las garantías sanitarias de varios territorios no cumplen en ocasiones los estándares de calidad fijados para los productos europeos.


Sin puesta en valor

La incapacidad de poner en valor el producto nacional es otro factor a tener en cuenta en la diferencia de costes en origen y destino. Así, muchas veces se percibe que el consumidor español no detecta las reales diferencias de calidad entre el artículo propio y el de terceros países. De esta forma, al banalizar el valor del producto español, se impide establecer precios superiores a los productos de procedencia nacional.
Íñigo señala que el modelo de exportación está basado más en el precio que en la diferenciación, tal y como lo ilustra el caso del vino, que es el primer exportador en volumen pero el tercero en valor. En conclusión, el profesor de EAE recuerda que no se debe simplificar el problema de los bajos precios de los productos agrícolas centrándolo en el papel que juega la distribución, ya que se debe a razones de diversa índole que deberían conllevar una redefinición de la comercialización de los productos agrarios.