La última crisis de Podemos

Agencias - SPC
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Los Anticapitalistas, liderados por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez, deciden el próximo domingo si siguen con Iglesias, al que no perdonan que forme parte del Gobierno de Sánchez

La última crisis de Podemos - Foto: Julio Muñoz

A pesar de la luna de miel con los socialistas en la convivencia del pasado fin de semana en Quintos de Mora (Toledo), las aguas bajan revueltas en Podemos, que está cada vez menos unido. Yes que parece que en breve se va a producir la última gran escisión: la de los Anticapitalistas, que el próximo domingo deciden si siguen con los de Iglesias, que tienen Asamblea el 28 de marzo.  
Esta corriente, que encabezan la líder andaluza Teresa Rodríguez y el eurodiputado Miguel Urbán, planea abandonar a los morados tras años de diferencias con el secretario general, su equipo de dirección, y su estrategia política y organizativa. El detonante ha sido la decisión de entrar en el Gobierno con el PSOE.
Los tres coincidieron en el acto de presentación de Podemos que se celebró el 17 de enero de 2014 en el Teatro del Barrio de Lavapiés. Poco después, en las elecciones europeas de mayo, la propia Rodríguez se convirtió en una de los cinco primeros cargos públicos, al conseguir escaño en el Parlamento Europeo, junto al líder morado y el ahora portavoz en el Congreso, Pablo Echenique, entre otros.
Sin embargo, las diferencias estratégicas y políticas entre este sector y otros de los cofundadores de Podemos, como el politólogo Íñigo Errejón y la socióloga Carolina Bescansa, pronto comenzaron a aflorar, y llevaron a los anticapitalistas a convertirse en el principal grupo crítico, antes de que Podemos cumpliera su primer año.
Así se escenificó en la Asamblea fundacional de Vistalegre de otoño de 2014, en la que Podemos se constituyó oficialmente como partido, y los anticapitalistas se quedaron fuera de los órganos de dirección, tras competir sin éxito contra Iglesias con su propio proyecto, al que se sumó Echenique.
Frente al modelo de partido jerárquico y centralista que planteó el vallecano, y que diseñó Errejón, para evitar que su falta de militancia y cuadros medios les pudieran crear problemas en las elecciones autonómicas y locales de 2015, los Anticapitalistas y Echenique defendieron un modelo más abierto, horizonal y asambleario, en el que Teresa Rodríguez llegó a poner en cuestión incluso el liderazgo de Iglesias. «Las elecciones no las gana un secretario general, ni tres, ni 100: las gana la gente», espetó la roteña.
Aunque no consiguieron ganar ninguna votación, aquel encuentro sirvió para encumbrar a Rodríguez como una de las dirigentes más carismáticas de Podemos, lo que después le permitió hacerse con el control del partido en Andalucía. Además de quedarse fuera de la dirección estatal, los nuevos estatutos les obligaron a disolverse como partido, al quedar prohibida la doble militancia. Así, se transformaron en movimiento.


Acercamiento

Su relación con Iglesias y sus afines mejoró en 2016 a raíz del distanciamiento entre los llamados pablistas y los errejonistas. Los planteamientos de Iglesias, asesorado por dirigentes en alza, como su entonces jefa de Gabinete, Irene Montero, se fueron cada vez asimilando más a los de los anticapitalistas, frente al pragmatismo y la moderación de su antiguo amigo. Como consecuencia, los pablistas encontraron en los anticapitalistas a sus nuevos aliados, primero para hacerse con la dirección del partido en la Comunidad de Madrid en 2016, y después para hacer frente común e imponerse a los errejonistas en Vistalegre II en 2017.
Finalmente, Urbán entró en el Consejo Ciudadano Estatal, aunque el 13,11 por ciento de los votos que consiguieron de la militancia solo se tradujeron en dos asientos en la dirección. El otro fue para la nueva directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, ya alejada de los anticapitalistas.
Además, el madrileño logró también entrar, como secretario de Europa, en el Consejo de Coordinación Estatal -la Ejecutiva que dirige el día a día del partido-; un órgano del que ahora sigue formando parte como secretario de Memoria Histórica, pero en cuyas reuniones apenas ha participado en los últimos meses.
Si Vistalegre II sirvió para acercar pablistas y anticapitalistas, la crisis catalana que se desencadenó a raíz de la consulta ilegal del 1-O, y su decisión de respaldar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), volvió a enfrentarles con las tesis oficiales. Esto provocó que Iglesias les situara «políticamente fuera», aunque la ruptura no se consumó.
La relación se enturbió aún más cuando tanto Rodríguez como el alcalde de Cádiz y también referente anticapitalista, José María González Kichi, cuestionaron la decisión de Iglesias y Montero de comprarse un chalet de 600.000 euros en Galapagar (Madrid). «Tenemos el compromiso de vivir como la gente corriente para poder representarla en las instituciones y eso supone renunciar a privilegios como el exceso de sueldo. Yo ni he pensado ni quiero dejar de vivir y criar a mis hijos en un piso de currante en el barrio gaditano de La Viña», aseguró el compañero sentimental de la roteña.


Inicio de la ruptura

La previsible ruptura comenzó antes de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2019, cuando por discrepancias, de nuevo estratégicas y también electorales, los anticapitalistas se registraron otra vez como partido independiente en Aragón, Castilla y León, Madrid y Murcia, y se descolgaron de las candidaturas de Podemos.
El detonante final está siendo la entrada de Podemos en el Gobierno de coalición con el PSOE, una estrategia a la que los anticapitalistas siempre se han opuesto, con críticas a las que en los últimos meses ha puesto voz Teresa Rodríguez, avisando del «peligro» de abandonar la oposición de izquierdas al Ejecutivo central al juntarse demasiado a los socialistas, y «acabar justificando recortes y políticas antisociales».
Mientras tanto, la dirigente gaditana no ha dejado de trabajar en la construcción de su propio partido, Adelante Andalucía, que ya registró en el Ministerio del Interior el pasado mes de diciembre. Siempre se había situado como una amenaza para Iglesias, pero si ahora los Anticapitalistas se van, ya se sabe, a enemigo que huye...