El penúltimo cartucho

M.R.Y. (spc)
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Trump y Biden afrontan las semanas más decisivas de la campaña con el objetivo de convencer al mayor número de votantes para hacerse con el triunfo en las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre

El penúltimo cartucho - Foto: POOL

Quedan poco más de tres semanas para que Estados Unidos celebre sus elecciones presidenciales. Un tiempo determinante para que los dos candidatos, el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden quemen sus últimos cartuchos para conseguir una victoria que determinará el futuro, no solo de su país, sino también del resto del planeta.
No está todo el pescado vendido, a pesar de que el último sondeo publicado esta misma semana dé a Biden 16 puntos de ventaja sobre su rival -un 57 por ciento para el exvicepresidente frente a un 41 por ciento de apoyos que obtendría el magnate, la mayor reflejada desde que se conociera el nombre de los dos postulantes-. De hecho, la diferencia parece que se va incrementando conforme se acerca la fecha de los comicios: el demócrata ha duplicado los ocho puntos de diferencia que tenía sobre su adversario en septiembre. Pero el todavía presidente es todo un superviviente y es capaz de dar la vuelta a estas encuestas. Ya lo hizo en 2016, cuando todas las previsiones apuntaban al triunfo de Hillary Clinton.
La importancia para la victoria radica en lo que suceda en ciertos estados clave, que serán, una vez más, determinantes a la hora de decidir al vencedor final. Florida, California, Illinois o Texas vuelven a ser los puntos rojos para unos candidatos que no pueden hacer campaña presencial, pero sí tienen en sus manos aún recabar más apoyos en sus mensajes diarios y, sobre todo, en los dos debates que, previsiblemente, aún quedan por celebrarse.


Sin segundo debate 

Es más, la celebración del primer cara a cara entre los contendientes fue determinante para que el exvicepresidente se haya situado con esa cómoda ventaja. El escéntrico aspirante republicano protagonizó un bronco enfrentamiento con su oponente que acabó en un nuevo espectáculo que giró sobre Trump. La siguiente cita, prevista para el próximo jueves, finalmente no tendrá lugar, ya que el cambio de modelo -la autoridad electoral decidió que fuera un debate virtual- ha llevado al presidente a descartar su participación y esperar al último debate, del 22 de octubre, que todavía está en el aire. Para esa ocasión, se espera a un Biden mucho más comedido que no entre en el juego de su interlocutor que, con interrupciones e incoherencias, apenas le dejó presentar su programa ante el público.
El impacto del primer debate -y, en caso de celebrarse, del último-, al igual que la gestión que todavía debe afrontar de la pandemia el Gobierno, sin embargo, es toda una incógnita. El 90 por ciento de los votantes aseguraron, antes del cara a cara de la pasada semana, que ya tenían su voto decidido, aunque ese 10 por ciento de indecisos puede significar la llave de la Casa Blanca.
Además, ante una situación extrema, se prevé una participación inédita. Hasta el pasado viernes, casi siete millones de personas ya habían votado. Un amplio número que no modificará su apoyo en función de nada. Esta cifra, además, hace prever que la afluencia en estas presidenciales se situará en torno a los 150 millones de votantes, lo que equivaldría a un 65 por ciento de la población. El dato más alto desde el comienzo del siglo XX, cuando las presidenciales han contado con aproximadamente un 50 por ciento de abstención.
Por todo esto, los candidatos deben apurar las últimas oportunidades que les quedan por delante mostrando su mejor cara. Biden, con su sosegado mensaje para «superar estos últimos cuatro años de oscuridad». Trump, para seguir demostrando que no engaña a nadie. Y que quien le quiera como es -que parece que son muchos-, que le vote.