Almodóvar, más íntimo que nunca

SPC
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Almodóvar, más íntimo que nunca

La cinta 'Dolor y gloria', del director manchego, llega el viernes al cine gracias a una 'chispa' que prendió su imaginación en el peor momento

Hace unos años, antes de Julieta, Pedro Almodóvar pensó que nunca volvería a rodar una película. De aquella crisis surgió una imagen, su propio cuerpo ingrávido sumergido en una piscina, y de esta la chispa que encendió su caótico pero disciplinado proceso creativo.
«No es mi autobiografía, pero sí es la película que me representa más íntimamente», explica sobre Dolor y Gloria, su vigésimo primer largometraje, que llega el próximo viernes a las salas de cine.
Antonio Banderas ha sido el elegido como su alter ego, un director de cine llamado Salvador Mallo que viste su misma ropa -el vestuario se replicó a medida del armario de Almodóvar- y vive en una casa como la suya, rodeado de sus propios libros y obras de arte. Hasta el parte médico del protagonista, recreado con riesgo y belleza mediante una animación de Juan Gatti, corresponde a dolencias que ha padecido el autor de Todo sobre mi madre y que le precipitaron en esa crisis.
«Yo no estoy tan mal como el protagonista», subraya Almodóvar, reacio a cargar las tintas con unos dolores que tampoco se dramatizan excesivamente en la película.
Dolor y Gloria es un filme luminoso y en varios momentos divertido como el mejor Almodóvar; por ejemplo, la escena (en este caso ficticia) en la que Mallo se lanza a las calles como si fuera un personaje de The Wire en el mismo Baltimore, en busca de una dosis de heroína que amortigüe su padecimiento. «Yo nunca he tomado caballo, ni ahora ni en su momento», aclara el director durante una entrevista en su despacho de la productora El Deseo. Eso sí, en su día estuvo rodeado de gente que lo hizo y recientemente llegó a pensar en recurrir a ello como el mejor analgésico. Incluso llamó a un antiguo amigo, camello. «Bebimos agua, pero nos pusimos al tanto de la gente de los 80», explica. Aquel encuentro está en la película, aunque el camello se convierte en un actor (Asier Etxeandía) con el que partió peras en el pasado.
Dolor y Gloria es la «autoficción» llevada al cine. Ese género literario donde el autor es también el narrador y el personaje principal, pero donde las leyes de la narrativa mandan por encima de todo.
A veces sucede, cuenta, que partes ficticias resultan más auténticas que lo real, como la escena con su madre ya anciana, un ajuste de cuentas madre-hijo que nunca sucedió pero con el que dice identificarse plenamente.