La alegría del regreso

M.M.G.
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El servicio de capellanía del Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles vuelve a estar activo para satisfacción del personal sanitario, enfermos, familiares y de los propios sacerdotes

La alegría del regreso

Son tiempos duros los que se viven en el hospital de Nuestra Señora de Sonsoles. Días inciertos y agotadores para todos aquellos para los que amanece u anochece entre las paredes del principal centro médico abulense, ya sea como trabajadores o como pacientes.
Muchos de ellos, además, han echado de menos poder contar estos días con la compañía de un sacerdote. Y es que durante las primeras semanas de la crisis sanitaria, el servicio de capellanía del hospital abulense tuvo que suspender su servicio. Pero desde este lunes, los cinco sacerdotes que atienden y reconfortan a aquellos que más lo necesitan vuelven a estar disponibles para todos aquellos que así lo deseen.
Nos lo confirma el padre Antonio, coordinador del servicio, al que acompañan en sus tareas espirituales los sacerdotes Titín, Juan María, Jorge y Telesforo.
«El personal sanitario, el de limpieza, de material, los pacientes, sus familiares... Todos han expresado verdadera alegría cuando nos han vuelto a encontrar en el hospital», comienza a hablar el padre Antonio, que habla siempre en clave positiva de la labor que desarrollan en el hospital. «Es verdad que la situación ha sido muy compleja y que a todos nos ha desbordado», reconoce, «pero ésta experiencia, que ya era preciosa antes (se refiere a su labor a pie de cama para reconfortar a los enfermos) ahora es aún más gozosa».
Y es que en su opinión, si para algo puede servirnos esta excepcional situación por la que atraviesa el país, es para «volver a lo esencial de la vida», una vida que, considera, hunde sus raíces en el espíritu, «algo que le es propio al ser humano, que ha sido llamado a la trascendencia».
Nos cuenta el padre Antonio que con el fin de no andar deambulando por el hospital, algo no indicado dadas las circunstancias, los sacerdotes han optado por llevar a cabo una atención más programada. «Nos hemos vuelto más proactivos y en los controles de enfermería saben que estamos y que nos pueden localizar siempre», continúa hablando el sacerdote, que habla de su «disponibilidad absoluta» en todos los sentidos y a través de todos los medios de comunicación.
Así, siempre hay un sacerdote disponible para quien pueda necesitarlo en el hospital. Y no necesariamente tiene que ser alguien que vaya a fallecer. «Hemos cambiado el concepto de extrema unción por unción de enfermos», recalca el padre Antonio, siempre dispuesto a prestar servicio a todos los pacientes. «No podemos dejar que el miedo nos deje atenazados», defiende, el religioso, que al igual que sus compañeros llevan a cabo su labor perfectamente protegido. Por su bien y por el de los pacientes. «Seguimos las indicaciones de la gerencia del hospital y hacemos uso de EPIS», apostilla en este sentido.
Por cierto que si bien el servicio de capellanía está de nuevo en marcha, del espacio que aún no se puede hacer uso en el hospital es de su capilla, que se encuentra cerrada a causa de una avería puntual.