La angustia del que lo vive en tierra

B.M
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Daniel Pacho, un hombre de 72 años que reside en Ojos Albos, sintió la situación del vuelo de Air Canadá como si estuviera en su interior, ya que en el avión viajaban su hija, su yerno y su único nieto. La preocupación le llevó a ir a Barajas

La angustia del que lo vive en tierra - Foto: Mariscal

Alex tiene cinco años y viajaba en el vuelo AC837 de Air Canadá con destino a Toronto que este lunes sufrió problemas tras el despegue de Barajas y tuvo que sobrevolar las inmediaciones del espacio aéreo de Madrid con la intención de quemar combustible y reducir peso del avión para hacer más seguro el aterrizaje. 
Pero la historia que aquí se cuenta, aunque relacionada, no es la de Alex, sino la de su abuelo. Se llama Daniel Pacho, tiene 72 años y vive en Ojos Albos, una localidad situada a apenas 16 kilómetros de la capital. Y aunque él no viajaba en el avión lo hacía su familia, su hija, su yerno y su nieto. Sus recuerdos de lo que sucedió, de lo vivido en la distancia física pero en la cercanía emocional, le llevan a revivir «momentos angustiosos», aunque tuviera su final feliz.
Daniel se despidió de su familia el domingo puesto que el vuelo partía el lunes y él ya tiene la costumbre de ver «que van y vienen con frecuencia». Esta costumbre también le lleva a seguir las evoluciones del vuelo por internet. En un principio miró y vio que el avión había despegado pero media hora después ya vio por internet un artículo que indicaba que ese avión «estaba dando vueltas por Madrid, perdiendo combustible tras haber perdido parte del tren de aterrizaje y con problemas en un motor». Y allí se encontró, con todos estos problemas y con su familia dentro de ese aparato.
«Es difícil explicar lo que se te viene encima en ese momento» por lo que fue siguiendo la noticia en algunos medios, viendo que sería «un aterrizaje de altísimo riesgo y yo no sabía ni como reaccionar», dijo. De ahí que su decisión casi se tomara por sí sola y decidió ir a Barajas, «me llevaron», puntualiza, para poder vivir todo con más cercanía.
La ‘suerte’ que tuvo en su caso es que cuando estaba entrando en la terminal pudo descubrir «que todo había salido bien, sin heridos y entonces respiras un poco y estás más tranquilo tras los momentos angustiosos». Y es que en esa situación de incertidumbre se siente mucho más de lo que está pasando, es «la imaginación la que te dice que el avión en realidad estaba buscando donde aterrizar, donde no había gente... se te pasa de todo por la cabeza, que ahí está mi  único nieto» y una de sus dos hijas. «Fue angustioso pero al final salió todo bien», asegura.
En ese tiempo de espera también vivió, aunque desde tierra, lo que estaba sintiendo su familia. En un principio recuerda que le llamó su hija para decirle que iban a salir con retraso por un problema con pájaros y luego con drones. Es por eso que ya se quedó intranquilo y decidió seguir el vuelo. 
Después no habló con ella pero sí que le mando algún mensaje al teléfono, «sobre todo para intentar que estuviera tranquila». En realidad, recuerda, «ellos no sabían en dispositivo que había montado en Barajas, que era para una cosa grave y yo no se lo dije para que estuviera a tranquila, ni siquiera le dije que iba al aeropuerto».
En el interior del avión, le relató después su familia, se vivió una situación de tensión, como era de esperar, pero también destaca la «labor excepcional de la tripulación» que hizo todo lo posible para que no se alarmaran, algo que no se logró del todo, rememora, cuando el piloto les dijo que iba a ir un avión de caza para ver los daños en el avión. Aún así, el propio piloto les «tranquilizó bastante» y finalmente pudieron aterrizar.
Y cuando él vio a su familia, después de que pasaron media hora más sin desembarcar, lo primero fue dar un abrazo a su hija y coger a su nieto que le dijo que se había roto una rueda y habían regresado. Fue ahí cuando en realidad él comenzó «a soltar tensión, volver un poco a la normalidad», aunque también entonces había gente que lloraba, con nervios, aunque «no era muy dramático». Eso sí, el susto aún se le quedaría en el cuerpo y esa noche pudo dormir apenas una hora. «La familia ha dormido más», dice, a la espera de volver hoy a Toronto en un vuelo directo.
Daniel Pacho volvió esa misma noche a Ojos Albos, donde nació y donde regresó hace unos cinco años tras una vida vivida en Villalba donde tuvo a su familia. Fue al jubilarse cuando decidió regresar al pueblo, con su hija que tras terminar sus estudios se fue a trabajar a Canadá y allí nació su nieto.
Él ahora lleva «una vida tranquila en el pueblo, con mis hobbies y mi pintura, una vida relajada y sana» a la que pudo volver tras el enorme susto vivido.