La Casa Grande abre la puerta al fiscal general más cercano

M.M.G.
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El magistrado Julián Sánchez Melgar visitó Martiherrero para participar en la última cita de los 'Conversando' que acercan a los usuarios del centro a personalidades de distintos ámbitos

La Casa Grande abre la puerta al fiscal general más cercano

Poder conversar con calma con una persona que, como el magistrado Julián Sánchez Melgar, atesora tantas historias y conocimiento en materia jurídica es todo un lujo. Y si encima éste te visita en el colegio y de una manera clara, directa y sencilla te habla de una carrera que pasa, entre otros muchos templos jurídicos por la Audiencia Provincial de Ávila, el Tribunal Superior de Justicia o el Tribunal Supremo (donde actualmente ejerce de magistrado en su Sala Segunda), la experiencia es única.
Pues eso es lo que hizo este martes en la Casa Grande de Martiherrero el que durante seis meses fuera fiscal general del Estado, el palentino Sánchez Melgar, que después de visitar las instalaciones del centro educativo se sentó con alumnos y profesores a hablar de Justicia. Los últimos días, los chicos habían estudiado su carrera y preparado preguntas para el magistrado, que en primer lugar quiso mostrar su agradecimiento por haber sido invitado una vez más a Ávila.
El magistrado dividió su  intervención en tres partes. En la primera, les habló de su historia como juez, que comenzó en el año 1983, y su paso como tal por muchos pueblos y localidades españolas. También quiso hablarles de qué representa para el la Justicia, como ve sus problemas y que soluciones considera que tienen.
Aunque fue la última parte de su charla, en la que se centró en su etapa como fiscal general del Estado («un cargo público de cierta relevancia en el organigrama nacional», lo describió Sánchez Melgar) la que más llamó la atención a los asistentes a la charla. Normal si se tiene en cuenta que fue en este momento cuando el magistrado reveló algunas divertidas anécdotas de un trabajo que comenzó oficialmente con su jura en el Palacio de la Zarzuela, ante el Rey Felipe VI.
«Cuando iba a la Zarzuela iba con mucho susto, empequeñecido y pensando que iba a tener una experiencia única en mi vida», les confesó el magistrado, sorprendiendo a todos por su cercanía y confianza a la hora de abrir su corazón con algo tan personal.Ese día, recordó Sánchez Melgar, en lugar de posar una de sus manos en la Biblia (para jurar el cargo) o en la Constitución (para prometerlo) los nervios le hicieron apoyar una mano en cada uno de los dos libros. Y así, con las dos manos sobre la mesa salió en las fotos para la posteridad, se reía ayer al recordar aquel momento.
«Después de ese acto te haces una foto con el Rey y las autoridades», prosiguió con sus recuerdos, «y entonces me dijeron que no sabían si darme la enhorabuena o no, porque el de fiscal general  es de los cargos más difíciles que hay y que dan menos satisfacciones. Y yo les dije lo que me habían dicho mis hijos: «Vaya ‘marroncito’ papá el de tu nombramiento», sorprendió a todos.