El día que España volvió a saber ganar

Arnau Segura (EFE)
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La selección sub'20 conquistó el Mundial de la categoría hace 21 años en Nigeria, demostrando al mundo que había que mirar con lupa a una nueva generación de futbolistas nacionales liderados por Xavi

El día que España volvió a saber ganar

La selección española de fútbol acude a cada torneo sabiéndose en la lista de principales favoritas a alzar el título; pero hubo un tiempo, hace no tanto, que no fue así. Más allá del oasis en el desierto que supuso la victoria en la Eurocopa de 1964, parecía imposible ver a un español levantar un trofeo de prestigio hacia el cielo.
Pero todo comenzó a cambiar hace justo hoy 21 años, cuando el combinado sub’20, liderado por Xavi Hernández, abrió la puerta a todos los triunfos que el balompié nacional ha ido celebrando después ganando el Mundial de Nigeria.
«No sé si fue una coincidencia o no, pero quizás se podría decir que el ‘boom’ de la selección se inició ahí, en Lagos», asegura el exdelantero gallego Pablo Couñago, que fue Bota de Oro del torneo con cinco goles, una competición en la que fue decisivo Xavi. 
«Por muchos años que pasen, lo vamos a recordar siempre. Siempre. Todo aquello está grabado a fuego. Fueron momentos muy bonitos. Preciosos. De aquellos a los que siempre te gustaría volver. Para todos los que estuvimos ahí, para todos los que lo vivimos, fue algo increíble. E inolvidable», asegura en conversación telefónica.
Con mucha añoranza, el exdelantero, que no tuvo suerte en su carrera profesional ya que el mejor Celta de la Historia le cerró las puertas, recuerda que «no fue nada fácil, hubo momentos duros ya que la estancia ahí fue caótica».
El combinado español estaba formado por los porteros Dani Aranzubia (Athletic) e Íker Casillas (Real Madrid); los defensas Carlos Marchena (Sevilla), David Bermudo (Barcelona), Álvaro Rubio (Real Zaragoza), Pablo Coira (Compostela) y Francisco Javier Jusué (Osasuna) y los centrocampistas Pablo Orbaiz (Osasuna), Fernando Varela (Betis), Gonzalo Colsa (Logroñés), Xavi Hernández (Barcelona), José Javier Barkero (Real Sociedad) y Fran Yeste (Athletic Club). Delante estaban Pablo Couñago (Numancia), Rubén Suárez (Sporting), Gabri (Barcelona), Álex Lombardero (Lugo) y un David Aganzo (Real Madrid) que un día antes de que la expedición partiera hacia Nigeria reemplazó el lesionado Gerard López. 
El debut, el 5 de abril, fue apoteósico y premonitorio, doblegando a la Brasil de Ronaldinho por 2-0. En la segunda jornada, un jarro de agua fría:empate a cero ante Zambia. Menos mal que en la última jornada se ganó a Honduras por 3-1.
EEUU esperaba en octavos a España, que ganó con doblete de Couñago, formado en la cantera del Celta, y una diana de Xavi Hernández. De nada le valieron a los norteamericanos los dos tantos en la segunda parte. 
La selección sub’20, que había sido subcampeona en 1985 y que volvería a serlo en 2003, sufrió muchísimo ante Ghana, a la que venció en una agónica tanda de penaltis. Un tal Íker Casillas fue el héroe del día. 
En semifinales, Malí tenía como estrella a Seydou Keita, que acabaría ganando el Balón de Oro del torneo y jugando en el Barça. Como ‘lugarteniente’ estaba el exmadridista Mahamadou Diarra. Fue un partido muy disputado, parecía que iba a quedar 2-2 mediada la segunda parte, porque los africanos apretaban a los españoles, que iban 2-1, pero Xavi, que se revelaba como la gran sensación del Mundial, sentenció en el minuto 90 con un chut desde el balcón del área que solo los genios se pueden permitir. El culé fue el factor clave de todo el torneo. 


La sorpresa nipona

El combinado japonés, que en las semifinales había superado a la Uruguay de Diego Forlán, y en cuartos y octavos, a la México de Rafael Márquez o Gerardo Torrado y a la Portugal de Simão Sabrosa, respectivamente, fue el rival del conjunto patrio en la gran final. Pero los 38.000 espectadores que acudieron al National Stadium de Lagos solo vieron un equipo sobre el césped. El formado por Aranzubia; Coira, Marchena, Jusué, Bermudo; Varela, Orbaiz, Xavi, Barkero; Gabri y Couñago, y dirigido por Iñaki Sáez. Fue un rodillo, 4-0, y un aviso para lo que estaba por venir: dos Eurocopas, un Mundial...
«Ya sé que mi carrera no es la de Xavi o la de Íker, pero también está bien. He disfrutado muchísimo y he vivido grandes momentos. De vez en cuando, mis hijos traen a casa algún amigo que quiere verlos porque sus padres les han contado que jugué con ellos», apunta, sonriente.