En el corazón de África

M.M.G.
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La misionera comboniana María del Prado Fernández pone rostro en Ávila este año a la Jornada Nacional de Manos Unidas, que se celebra en todas las parroquias este domingo

En el corazón de África

Manos Unidas, la ONG de desarrollo de la Iglesia Católica, vive estos días con especial intensidad. El próximo domingo celebra su Jornada Nacional, una ocasión única para trasladar a la sociedad la labor que desarrollan los misioneros en tantos lugares del mundo. 
España cuenta con un ‘equipo’ de unos 11.000 misioneros. Ellos son el rostro, el corazón y las manos  de la tarea que la Iglesia realiza allá donde se la necesita.
Uno de ellos es nuestra protagonista de hoy, María Prado Fernández, religiosa conboniana natural de Ciudad Real y de 61 años de edad que desarrolla su tarea en África. 
Ahora, motivos personales la han traído temporalmente de vuelta a España. Pero confía en poder volver pronto a seguir desarrollando una labor que comenzó hace más de 20 años y que ahora está compartiendo con los abulenses.
«Entre Centroáfrica yChad estuve los primeros 14 años», comienza su relato Prado, «y también he estado en Congo».
En total más de 20 años de vida de entrega. Cuenta que enseguida supo que quería desarrollar su tarea fuera de una clase de Religión, por ejemplo. «Se me quedaba pequeño», recuerda, «y vi que África era donde más se me necesitaba».
Sus primeras experiencias las tuvo en 1986 Bangui (Centroáfrica) pero enseguida la trasladaron a Chad, donde acababa de finalizar la guerra. Reconoce que la situación le daba «repelús».La situación era muy complicada y apenas había hermanas. «No había colegios, no había hospitales...», expone la realidad que encontró en un país en el que en primer lugar trabajó con los más pequeños y, más adelante, en materia de formación en la Comisión de Justicia y Paz, un organismo nacido para ayudar a la gente a nivel social. «Sobre todo, para que aprendieran a defenderse», expone Prado.
Recuerda la presencia de numerosos grupos rebeldes en la zona. Y cómo en más de una ocasión sintió miedo . «Alguna vez llegamos a temer por nuestra vida, tanto en Chad como en Congo», plantea un aspecto quizá no muy conocido de la vida de los misioneros.
Y en esos momentos, ¿nunca se planteó volver a España?, le preguntamos. «Claro, tienes crisis», responde sincera, «pero es que si no las pasas no avanzas. Las crisis son necesarias».
En el otro lado de la balanza, Prado sabe que siempre hay gente que reconoce su tarea.Sobre todo los que viven en los países a los que viajan los misioneros. «En Chad, por ejemplo, vinieron los militares franceses para evacuarnos pero los misioneros nos quedamos»,  recalca Prado. «Y la gente nos lo agradeció, nos decía que las ONG se iban y los misioneros nos quedábamos. Y no tenemos intereses económicos». En el caso de los españoles, Prado sabe que entre la gente que se mueve en ámbitos eclesiásticos siempre va a tener buenas palabras. Pero también ha escuchado a otros que les acusan de «ir a comer el coco» o «a engañar» a la gente.
Afortunadamente, campañas como las de Manos Unidas no sólo suponen una inyección económica para los misioneros sino, también, un reconocimiento público a su tarea. «Estas campañas son importantes porque hacen visible el día a día de los misioneros que no van sólo a dar catequesis», defiende su labor.
«Manos Unidas nos ayuda con cosas muy concretas, con proyectos precisos que tienen una repercusión muy grande en el entorno social en el que se genera ese proyecto», habla Prado, que quiere aprovechar la ocasión para alabar la labor que realizan los voluntarios de la ONG de la Iglesia. «Es gente que da su tiempo gratuitamente y ésa es la gran fuerza de Manos Unidas», les aplaude y recalca el «apoyo fortísimo» que tanto ella como sus compañeros encuentran en esta institución.
 



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