La niebla ambienta la celebración del Zangarrón de Sanzoles

SPC
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Diego Salvador da vida a una de las figuras más emblemáticas de las mascaradas de invierno de la provincia

La niebla ambienta la celebración del Zangarrón de Sanzoles - Foto: JL Leal

La niebla durante día de Navidad favoreció el ambiente para la celebración del tradicional Zancarrón de Sanzoles (Zamora), una de las mascaradas de invierno más conocidas de la provincia, que empezó en la tarde de ayer y se prolongó hasta que Diego Salvador -quien encarnó esta vez la ominosa figura- dio hoy tres vueltas a la iglesia parroquial de San Zoilo.

La fiesta empieza con las vísperas en esta localidad ubicada 18 kilómetros al sureste de la capital zamorana. El Zangarrón sale con el capote, un abrigo negro, con el que van todos los quintos, que hacen la bajada desde la parte alta del pueblo acompañados por vecinos y visitantes. La mayoría de los acompañantes llevan su tradicional baraja de cencerros, como se denomina a una especie de cinturón con tres cencerros y dos esquilas

En la primera bajada de las vísperas, el Zangarrón va vestido de quinto con capote y hay licencia para “dar palos”, ya que se trata de una figura que pega. La mayoría de los vecinos se acerca al Zangarrón con la pretensión de que les sacuda con el vergajo, considerando que todo el que interrumpe las filas del baile de los quintos en las vísperas recibe una sacudida. Al terminar la bajada, se rezan las vísperas en la iglesia parroquial de San Zoilo.

El Zangarrón se va entonces a dormir y los quintos hacen guardias por parejas para que los cencerros suenen durante toda la noche en Sanzoles, algo esencial, aunque no siempre se cumple al cien por cien. “Este año estamos muy satisfechos con la respuesta de la gente, a pesar de haber sido día laborable. El tiempo fue favorable porque un poco de niebla siempre hacer más vistosa la fiesta, que empezó anoche. La tarde de la víspera fue fría pero estuvo muy bien”, explica a Ical la alcaldesa de Sanzoles, María Mulas.

A las seis de la mañana, el quinto fue vestido con la indumentaria del Zangarrón para volver a hacer la bajada desde la calle San Sebastián hasta la carretera. Los quintos bailan y el Zangarrón ya está con el traje y quien interrumpe las filas es azotado con el vergajo.
Los quintos fueron a pedir el aguinaldo a las diez de la mañana, junto con el Zangarrón, para sufragar los bailes, los huevos con chorizo y las sopas de ajo, que toman los vecinos justo antes de que se ponga la careta, hacia el amanecer.

Acto seguido, se hizo una bajada a la iglesia y mientras se celebraba la eucaristía, el Zangarrón no entró al templo y aguardó fuera, como mandan los cánones. Al terminar, el santo fue sacado a la plaza y se hizo otro baile en su honor. “El último quinto de la fila, ayuda al Zangarrón a azotar a los vecinos, hace tres venias al santo y, después de cada una de ellas, el Zangarrón explota una vejiga a modo de agradecimiento por eliminar la peste en Sanzoles”, explica la regidora.

Tras la procesión, se recorrió el pueblo con una última tanda de bailes en un ambiente más festivo y lúdico y ya con presencia de niños, antes de la conocida como “comida del mutis”, en la que los quintos no pueden hablar. “Se pinchan unos a otros y el que habla tiene que pagar”, anota.

Por último el Zangarrón retornó en solitario a la plaza para dar tres vueltas a la iglesia, en cada una de las cuales reventó otra vejiga.