El Día del Vecino une fiesta y reivindicación

B.M
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La comida, preparada para 1.500 personas, fue servida un año más por los representantes municipales presentes

El Día del Vecino une fiesta y reivindicación

A simple vista puede parecer una jornada de fiesta pero lo cierto es que el Día del Vecino, que ya lleva 22 ediciones, también se convierte cada año en el canal con que el asociacionismo vecinal abulense se prepara para alzar la voz y dejar claras sus peticiones. Y no se mordieron la lengua.
En la parte festiva se preparan, según explicó Valeriano Hernández, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Ávila, juegos para los niños y la música de la dulzaina y el tamboril. Pero quizá lo más esperado es la comida, a base de patatas revolconas, chorizo, lomo y torreznos, preparada para unos 1.500 vecinos y que es servida cada año por los representantes políticos, con el alcalde, Jesús Manuel Sánchez Cabrera (Por Ávila), a la cabeza, pero también con concejales de su partido, Partido Popular, PSOE y Ciudadanos que ponen en evidencia su labor de servir a los ciudadanos. Precisamente Sánchez Cabrera agradeció a las asociaciones de vecinos la labor que hacen y la organización de una jornada de participación y ocio en la que se da la oportunidad de «servir a los abulenses».
Pero antes de llegar a la comida, tan concurrida como siempre y con los vecinos preparados para luchar contra las altas temperaturas de este sábado con gorros, paraguas y agua fresca, Valeriano Hernández se encargó de leer el manifiesto  con todas sus reivindicaciones.
Y lo hizo primero dejando claro que su labor es la de luchar por mejorar los barrios y la ciudad y es que no en vano representan a 13.000 familias, que suponen unos 30.000 vecinos. Como dijo, «media población de Ávila».
Y con ese aval en claro, lo primero fue criticar al gobierno municipal por «asignarse unos salarios excesivamente altos para una ciudad con salarios bastante bajos respecto a la media regional y nacional». Pero no solo para ellos fueron las críticas, también se habló de una Junta de Castilla y León que «ha maltratado históricamente a nuestra ciudad». 
Las peticiones pasaron por todos los ámbitos, comenzando por la necesidad de una urgente industrialización, el alarmante envejecimiento, las deficientes comunicaciones por tren y por carretera, las carencias sanitarias o la falta de un mapa universitario racional. También el «estado lamentable de los barrios sin construir « y la deficiente limpieza» de los consolidados, el «acaparamiento» de los actos culturales en el centro, la «falta de convivencia» con las minorías o la urgencia de un plan de seguridad vial.
Y, cómo no, el agua. El que definieron como «el eterno problema» y donde se pidió que se exploren nueva soluciones «aguas arriba» y se construya una doble red de distribución de agua para no regar los jardines con agua potabilizada.