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«La Encarnación es el epicentro de la espiritualidad»

M.M.G.
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Nuestras Conversaciones en el Lienzo Norte nos llevan a conocer más de cerca al padre Arturo Díaz, capellán del Monasterio de la Encarnación y rector del Santuario de Sonsoles, dos lugares con mucho significado para todos los abulenses

«La Encarnación es el epicentro de la espiritualidad»

Detrás del impecable alzacuellos que cada día luce el padre Arturo Díaz (Ávila, 1961) , capellán del Monasterio de la Encarnación y  rector del Santuario de Sonsoles, se esconde el niño que un día soñó con ser futbolista, médico o militar. Incluso torero.

Pero también se encuentra el abulense que ha viajado y ejercido su sacerdocio por todo el mundo y cuya vida, incluso sin ni siquiera sospecharlo cuando a los seis meses su familia se trasladó a Madrid por motivos laborales de su padre, militar de profesión, iba a estar profundamente marcada por los místicos abulenses y por Dios.

Porque Arturo, que nació un 14 de diciembre -festividad de San Juan de la Cruz- en la plaza de Pedro Dávila, muy cerquita de la casa natal de La Santa («éramos vecinos», bromea), de todas aquellas profesiones con las que soñó en su infancia, finalmente se decantó por la de sacerdote. Aunque eso, lógicamente, no es algo que se decida de un día para otro. En su caso, esa decisión llegó en forma de ‘gotas’ que fueron llenando el vaso de su vocación. 

Madrid y Ávila fueron entrelazándose en su infancia y juventud. «Yo me recuerdo como un chico alegre, con muchos amigos, con muchos ideales», nos regala la primera sonrisa tras la inevitable mascarilla. Madridista de pro (no en vano, el Real Madrid es, bromea, el equipo de su barrio, ya que vivió frente al estadio durante mucho tiempo), el padre Arturo, en aquellas épocas sólo Arturo, pensó en estudiar Derecho en Deusto. «Pero cada vez me inquietaba más la vocación al sacerdocio», nos descubre nuestro protagonista del día, que habla del «proceso» que se va viviendo hasta que se le da finalmente el sí a Dios. «La vocación sacerdotal no es algo repentino, es como la del matrimonio», nos lo explica con una analogía en la que habla de conocerse, noviazgo y sí definitivo. Por eso, confiesa, se siente de alguna manera identificado con Santa Teresa, que tampoco sintió una llamada repentina y puntual.

¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza sobre Ávila?

La figura de Santa Teresa y la silueta de las murallas.

¿Qué es lo que más le gusta de Ávila?

Muchas cosas, entre ellas las montañas que la rodean con su  Sierra de Gredos. 

¿Y lo que menos?

La despoblación.

Un lugar para perderse…

La Catedral.

Un recuerdo de la infancia…

La calle Reyes Católicos, la vivienda y el entorno del negocio familiar: la librería- imprenta ‘Sigirano.

Un personaje abulense que le haya marcado.

Uno sin duda, Santa Teresa, pero también otros  como San Juan de la Cruz, Vasco de Quiroga, Isabel la Católica….

El mayor cambio que necesita Ávila ...

Rejuvenecerse.  

Y Ávila tiene que mantener…

Su identidad.

¿Qué le parece la ciudad hoy día?

De un fuerte atractivo histórico, espiritual, natural.

¿Cómo ve Ávila en el futuro?

No es fácil ser profeta, pero la veo potenciando lo que es y desarrollando aspectos claves como son las vías de transporte, el empleo, el campo, los servicios, la cultura…

¿Qué puede aportar a la provincia de Ávila?

«Ora et labora», vivir con pasión este principio benedictino de rezar y trabajar. 

Lea la entrevista completa en la edición impresa de Diario de Ávila.